Juicio al extranjero
Dramaturgia y dirección: Iñigo Santacana
Presentadores: Luis Maesso, Sergio Boyarizo y Mar P. Soler
Viernes 26 de enero, Off Niemeyer, Avilés
El alcance tentacular del teatro es ilimitado, fagocita y tritura todo cuanto se le presenta por descabellado que nos parezca. A Iñigo Santacana, de Barandi Producciones, se le ha ocurrido montar un tribunal popular para enjuiciar a Meursault, el personaje de El extranjero de Albert Camus. La novela, escrita admirablemente en primera persona, deja bien claro que el protagonista se declara autor del homicidio y responsable de los hechos que se le imputan. Queda no obstante por dilucidar –y en esto consiste la propuesta– si el acto fue premeditado o meramente fortuito. Para ello se elige entre los espectadores a un juez, un fiscal, un abogado defensor, a Meursault, su novia María y a su amigo Raimundo, también implicados indirectamente. Quiso el azar y la casualidad que todos estos personajes fueran “interpretados” por mujeres. El sumario, elaborado exclusivamente con datos extraídos de la novela, articula el desarrollo del suceso. Previamente al proceso y reparto de papeles se hace entrega a cada espectador de una encuesta de aproximación “ambiental” como toma de conciencia, con preguntas de este calibre: “¿Alguna vez no has llorado en una situación donde sentiste que deberías hacerlo? ¿Tienes amigos con mala reputación social? ¿Algunas vez te has evadido y has ido a pasártelo bien, a los pocos días del fallecimiento o accidente grave de un familiar o amigo?” El veredicto del tribunal compuesto por el público asistente dio como resultado que el homicidio no fue deliberado, sino accidental, condenando el juez al acusado a 15 años de prisión y así ser rehabilitado.

El extranjero es la novela existencialista por antonomasia. Su implacable sencillez y contundencia la coloca incluso por encima de La náusea de Sartre, mucho más explícita con su tesis y su filosofía didáctica. Su argumento presenta, grosso modo, a un ser escindido entre su conciencia y el mundo que lo envuelve, ajeno a una realidad en la que se siente “étranger”, extraño, y por consiguiente desconectado social y emocionalmente. Dicho lo cual, evidencia que si el veredicto es de “homicidio premeditado” –que es lo que ocurre en la mayoría de las representaciones realizadas hasta la fecha– estaremos cuestionando una de las obras más importante de la literatura universal, su radical trascendencia. Algo que quizá no sea del todo descabellado pensar, habida cuenta de que muchos de los espectadores que han leído la novela –así se nos dice– también concluyen que estamos ante un homicida psicópata con algún trastorno o enfermedad mental.

Pero las ocurrencias llevadas al teatro interactivo, amén de un juego divertido, también dejan entrever el chasquido de costuras que produce la descontextualización y trasvase de criterios (juzgar hoy un homicidio cometido hace 80 años, la abolición de la pena de muerte, la violencia de género, lo que implica el portar armas cuando están prohibidas, etc.), lo alejados que estamos del Existencialismo, el rotundo éxito del posterior Camus moralista (La peste, La caída) y un hándicap insalvable, la perversión que supone el juzgar a Meursault en función de los hechos acontecidos al margen del estilo y tono de la prosa de Camus, que es, en resumidas cuentas, su identidad de sentido, su lucidez y coartada. Algo que quizás también hagan algunos en la lectura privada, es cierto, pero que aquí, servido de manera pública, adquiere una simpática y complaciente deriva a juicio sumarísimo de carácter maoísta con algo de Doce hombres sin piedad. Dicho sea con el mismo humor que el trabajo encierra.
Como desconozco el nombre de las, para mí anónimas, espectadoras participantes, no puedo menos que celebrar sus potenciales cualidades interpretativas y su mucho arte durante la improvisación. Especialmente el de la fiscal y la vis cómica de la abogada defensora (“le metió cuatro tiritos para defenderse”). En una propuesta espacial a cuatro bandas, muy apropiada para este teatro contemporáneo que, afortunadamente, no deja de sorprendernos con su versatilidad.



























