Jaime García Cantero es analista independiente, director de contenidos de Retina en la cabeza de Prisa Media, mentor en Founder Institute, profesor de la Escuela de Gobierno de la UCM y consejero en diversas startups. Además, es colaborador habitual de varias publicaciones especializadas en innovación, estrategia digital y nuevos medios, así como de prensa económica (Cinco Días) y diarios generalistas (El País). También colabora en el programa Hoy por Hoy de la cadena SER y es ponente en congresos y conferencias en toda Europa, América Latina y los Estados Unidos. Dicho todo esto, también escucha y vive con nostalgia proustiana un concierto de Los Planetas, trasciende a otra realidad más religiosa en cualquier concierto de Nick Cave y se presta a acudir a un festival de música para deleitarse o para analizar a qué suena y cómo se mueve nuestra sociedad desde el rock o la música electrónica. Quiere decirse que ha convertido la ciencia y la tecnología en un humanismo y eso es lo que nos permite observar los próximos procesos políticos en Europa y EEUU con la misma preocupación que esperanza. Acude a la Escuela de Invierno organizada por la Agrupación Socialista de Gijón en el Centro Municipal de El Llano y su presencia nos abre la oportunidad para analizar el nuevo cambio de ciclo político a la luz acelerada de la Inteligencia Artificial.
La Inteligencia Artificial ha entrado de lleno en las campañas electorales. La vimos en Argentina y estará presente en las que se avecinan. Me refiero a la campaña electoral europea del 9 de junio que, probablemente, cambiará el equilibro de la cámara, expresando una hegemonía de partidos de extrema derecha y centro derecha pero también a las elecciones norteamericanas de noviembre. Esos dos elementos, conectados, pueden ofrecernos un cambio radical de las políticas en el próximo ciclo político
Creo que el año se resume en dos cosas: votos y balas,
Como la peli.
Así es. Pero el voto o la bala es también lo que dijo Malcom X en su discurso del 64 y si me dicen que ese extracto se escribió ayer, me lo creería. ¿Qué vemos de esas dos elecciones? Vendrán candidatos blancos, decía Malcolm X. Tanto Trump como Biden pudieron votar en esas elecciones del 64. El factor gerontocrático está presente, es interesante. No estamos en una guerra mundial pero el mundo está en guerra. Se trata de observar qué guerras están abiertas en el mundo. El 2023 ha sido el año con más conflictos. Más de la mitad de la población mundial votará este año y supone una prueba de estrés para las democracias. Taiwán fue un primer match ball jodido de superar y se superó. El próximo match ball será en las elecciones europeas e, independientemente de lo que haga la ultraderecha, de si gobierna o no, el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo estarán gobernados por antieuropeos
En cambio, España se ha convertido en baluarte de la socialdemocracia. Manfred Webber, presidente del Partido Popular Europeo, no consigue que el PP gane en España y, además, pierde Polonia. El equilibrio en el Consejo Europeo se mantiene. Las europeas se convierten en una segunda ronda.
Y las norteamericanas, en la tercera, con una democracia, supuestamente la más avanzada del mundo, desafiada por Trump. La cosa está complicada. Más de la mitad del planeta, como vemos, ha sido llamada a filas. Y como te decía, a los votos, elecciones, a las balas, las guerras, se suma un tercer elemento y es la IA. En Davos, recientemente, ha estado en todos los encuentros el papel que jugará la IA. Me preocupa. Me da la sensación de que para cierto tipo de gente, la IA es un macguffing. En Davos se habla de IA para no hablar de otras cosas. Como sociedad, me parece preocupante que se haya hablado más del algoritmo que de Gaza y quizá se ha hablado más de los algoritmos para no tener que hablar de Gaza. Curiosamente, se habla de la IA y de los algoritmos desde el extrañamiento, como si nos viniera dado, como un alienígena que hubiera llegado de otro planeta. Lo vemos cuando se se dice que la IA nos va a quitar el trabajo, o cuando se dice que la IA traerá el…
Cierto. Ha pasado a formar parte del inventario de terrores apocalípticos de Occidente.
Totalmente. Pero ¿la IA te va a quitar realmente el trabajo? Los trabajos no están en manos de la IA, están en manos de los empresarios. No es una máquina sino un señor quien invierte en un algoritmo para mejorar la eficiencia de su empresa y es el mismo señor, curiosamente, que está en Davos. Me empieza a preocupar mucho esta tendencia a culpabilizar todo al algoritmo. Al final, se pretende culpar a la IA del apocalipsis.
Este argumento ha estado presente en el cine desde los años 80. Pienso en Juegos de guerra, en Joshua, el programa que pone en jaque la seguridad mundial, retando a un niño que puede desencadenar un desastre nuclear. Y en esa visión culpable o maligna de la IA había una frase interesante. Joshua nos decía que “para ganar no había que jugar”
Es una historia repetida. La literatura económica de los noventa, la de las escuelas de negocio americanas, la que nos hablaba del futuro del trabajo, era casi unánime con su visión de la llegada de los robots. La llegada de los robots iba a hacer que el trabajo fuera más precario, que hubiera que trabajar más horas, que se ganara menos, que desaparecieran los movimientos sindicales. Llevamos 35 años esperando al robot, en vez de a Godot, pero el tema es el mismo. El robot es un ente etéreo, es un macguffin. No sabemos a qué vienen los robots, no sabemos por qué vienen, pero mientras esperamos a que vengan, todo lo demás ha pasado: la precarización del empleo, la pérdida de fuerza sindical. Todo lo demás que predecía esa supuesta literatura académica ha sucedido. A ver si el robot era simplemente la excusa para meter miedo. El debate sobre la automatización de los robots aumentaba en los EEUU cada vez que se discutía sobre el salario mínimo hora, la tecnificación se ha utilizado como una doctrina de shock, como una herramienta de negociación mediante el pánico. Si tu no cedes, vendrá la tecnología. Y con la IA está pasando.
Y en los debates políticos, esa doctrina también está sucediendo. Da mucho miedo pensar que lleguemos a creer que la IA está manipulando las elecciones.
Es gente manipulando la inteligencia artificial la que está manipulando las elecciones y habría que entender a quién beneficia esto. Y entenderlo pasa por dos vías. A quién beneficia y quién gana dinero con esto. Como diría Garganta Profunda en Todos los hombres del presidente, hay que seguir la pista del dinero. Quién gana dinero con la inteligencia artificial, quién gana dinero con el algoritmo, las redes y la polarización, quién gana dinero con las fake news. Y si no lo vemos así hay algo que nos estamos perdiendo.

Esta semana, las imágenes manipuladas de Tylor Swift nos alertaban o de las fake news sobre España y sus tomates desde Francia nos indicaban que ya estámos en campaña en EEUU y en Europa.
Taylor Swift es ahora mismo la persona más poderosa políticamente de los EEUU. Todo el mundo sabe que es conocida su tendencia demócrata y todo el mundo sabe que su novio juega un partido muy importante dentro de unas semanas. El Partido Republicano, con Donald Trump a la cabeza, está aterrorizado con que Taylor Swift vaya a la Superbowl y diga que va a votar al Partido Demócrata. Evidentemente, esto ha propiciado que haya una campaña de descrédito brutal que incluye fotos manipuladas de Taylor Swift con IA, pero ojo, juntemos las piezas, cuando esto coincide en el tiempo de un modo tan evidente, hay que pensar que la IA está al servicio de gente, como sucedió con el Brexit o la campaña de Bolsonaro. Dicho de otra manera, no es que el algoritmo se haya emancipado, se nos olvida que al final la IA, el algoritmo, por muy poderoso que sea, no deja de ser una fórmula matemática muy compleja, muy sofisticada, pero matemática al fin y al cabo.
La ética sobre la IA la tienen las personas.
Y creo que ese es uno de los retos que tenemos por delante. Culpar al algoritmo es una estrategia dirigida, controlada e intencionada. La construcción de esta distopia tecnológica es interesada y hay gente que se beneficia con eso. Hemos visto muchas tecnologías que cuestionaban lo que hacíamos pero la diferencia más importante de la IA es que cuestiona lo que somos.
Es interesante esto que señalas, porque estamos en un momento en el que se subvierten varios conceptos importantes para la democracia y el estado de derecho. Hay una crisis en torno la verdad y la legitimidad. Sendos conceptos son coetáneas y se repiten con intensidad en la última década, en la que se discute y cuestiona la legitimidad de los partidos primero, de los gobiernos después y, finalmente, de las instituciones, incluida la democracia y el estado de derecho.
Porque vivimos una crisis de la confianza. La legitimidad es, quizá, la parte más formal de esa confianza pero como concepto es la gran perjudicada. Después está la IA y la verdad. Me parece muy interesante esta parte. La IA generativa es una parte de la IA, capaz de crear contenidos cada vez más difíciles de diferenciar lo que es verdad de lo que no. Y ya antes resultaba difícil. El rol del periodismo es ser veraz pero después está el efecto Rashomon. La verdad depende mucho de como la mires. Estamos en un momento en el que hay que tener en cuenta dos ejes o dos caminos diferentes con el mismo impacto en el medio y corto plazo. La IA hará más difícil saber qué es verdad y qué es mentira.
La IA puede suponer la “voladura” de la verdad.
Llegará un momento, creo que en el medio plazo, en el que será imposible discernir la verdad de la mentira. Solo una IA podrá discernir la verdad y la mentira producida por otra IA. Entramos en un problema conceptual y es que la IA construye lo que es mentira y decide lo que es verdad, pero esa es sólo una parte de la transformación de la IA. Pero tenemos otro eje del que hablamos menos y es el gran problema de la desigualdad que diferencia entre quienes la saben usar y los que no, tanto a nivel personal, organizacional y, por supueso, a nivel gubernamental. Y lo que sucede es brutal. Cuando alguien usa IA generativa, analítica o predictiva, la ganancia de productividad es tan grande que provoca que el problema con la desigualdad aumente muchísimo. A ti, el algoritmo no te va a quitar el trabajo, pero el responsable último de la cadena de mando de una organización es posible que sí, como empresa, como país, como continente. La pregunta que me hago es la siguiente: ¿Qué ocurre cuando tienes en un eje un aumento de la desigualdad y en otro un incremento de la incertidumbre sobre la verdad? ¿Qué sucede cuando en un eje aumentan las fake news y e el otro una creciente segregación?
Que se consolidan los oligopolios, se produce un incremento de países autoritarios en detrimento de sociedades más democráticas,
Tu tienes en una matriz ganadores y perdedores en una crisis sobre la verdad.
Pero ese no deja de ser el paisaje más atractivo para las sociedades desinformadas. Lo que transmiten es un poder fuerte, una economía que genera certidumbre y una simplificación de los problemas complejos. Esa imagen es la que alimenta la polarización y la influencia de los partidos de extrema derecha para que lleguen al poder.
Pero si tu fijas esa matriz entre ganadores y perdedores del cambio de modelo en esos dos ejes, encontramos que hay un doble perdedor: crisis de confianza y mayor desigualdad. Ya no sabemos cuál es la causa y cuál el efecto, pero sí sabemos que hay una constante y es el número creciente de hombres blancos enfadados y asustados. La desigualdad se produce entre la gente que no va a poder competir y esto provoca una mayor polarización, más desigualdad. El porcentaje de hombres blancos y asustados está disparado y son el problema de las elecciones europeas y americanas y seguirá siendo el problema después.
En cambio, en España, el voto femenino fue decisivo para que no ganaran las generales la derecha.
Si en algún sitio aguanta la socialdemocracia es por su voto. En el mundo de los hombres blancos asustados y enfadados se activa el voto de ultraderecha porque cree que van a perder el trabajo, porque se cuestiona su rol de género, porque ve una fake news, da igual el motivo, el caso es que sigue creciendo y ese es el gran problema del mundo. El hombre blanco enfadado y asustado que va a votar a Trump, que ha votado en Austria lo que ha votado en Austria, que ha votado en Países Bajos lo que ha votado en Países Bajos, seguirá creciendo. Trump ha sido el máximo exponente y es capaz de construir sobre el miedo respuestas de odio. Odia lo que temes, esa es la consigna y es un problema político de calado. Cuando observas a la ultraderecha, incluida la española, dice algo muy peligroso: odies a quien odies, odia conmigo.

Y como contraste, volvemos a España. Cuando se anticipan las elecciones, la sociedad española decide que no quiere que gobierne la derecha y esto no tengo muy claro que vaya a suceder dentro de tres años en Francia ni en cuatro meses en las europeas. Hoy suenan tractores en París, suenan tractores en Berlín o en Roma. Pero en España no suenan o suenan muy poco. Quiero decir que hay una confianza nueva en las políticas comunitarias y España es competitiva con sus reglas. Con los tractores y los tomates, vuelve la fake news desde Francia. Y suenan los tractores porque hay elecciones el 9 de junio, como un intento de deslegitimar la UE y sus estructuras, por cierto, construidas por hombres blancos. El último falleció hace un mes, Jacques Delors.
Esto que es cierto para la UE lo es también para los EEUU. Los tractores de aquí son los trabajadores de Detroit allí. Tenemos varias cosas en común. La llegada de Donald Trump es una victoria de Trump y una derrota de Clinton. Su aterrizaje es la expresión de un sistema político basado en estructuras clásicas que no responde a las necesidades de mucha gente.
En la sucesión de los acontecimientos políticos más reseñables, también tengo la impresión de que los fenómenos aparentemente más disruptivos han sido también los que han provocado la reacción más conservadora. Pienso en Obama. Su llegada fue disruptiva, sus discursos, y sobre todo, el incumplimiento de casi todas las expectativas que había creado.
Cualquier socialdemócrata europeo estaría a la izquierda de Obama en EEUU en prácticamente todo. La reacción no fue tanto a su ideología sino a lo que significaba.
Por supuesto. Era un hombre negro en la Casa Blanca. Y por supuesto que despertó más racismo entre los blancos, pero sobre todo, sirvió para sembrar la semilla de ilegitimidad en las instituciones norteamericanas. Fue un cisne negro, nunca mejor dicho, que generó nuevas dinámicas políticas en EEUU. Tras su segundo mandato, comienzan a irrumpir con fuerza las fake news.
Y en Europa la última fake news ha sido a través del tomate
Pero es el tomate porque lo dice Segolen Royale a cuatro meses de unas elecciones.
Pero es el síntoma de que Europa no entiende su lugar en el mundo. Los europeos vivimos todavía en un mapa mundi que tiene 400 años y que tiene en su centro, curiosamente, a Europa. Todo empieza y todo acaba en el meridiano de Greenwich, todo empieza y acaba ahí. Es una mirada colonialista confeccionada por hombres blancos que prevalece cinco siglos después. Pero claro, el centro del mundo está hoy en los poderes del mundo y esos poderes ya no están residenciados en Europa. Las potencias en IA están en China y en EEUU. Se dice Asia, pero no es Asia, es China y EEUU. En el mundo de la cuántica, hay 10 empresas en el mundo, cinco están en China y otras cinco en EEUU. Podría seguir. Hoy tenemos claro cuáles son esas potencias. Quizá habría que dibujar un mapa nuevo acorde a las nuevas potencias y no a las de hace cinco siglos. Si el centro del mundo está en el sitio equidistante entre esos dos estados, ojo, el centro está por el otro lado de la bola. Ya no pasa por el estrecho de Bering sino por el estrecho de Malaca. Y si ponemos el estrecho de Malaca en el centro del mundo, Europa estaría en la parte superior de ese globo terráqueo y sería muy pequeña.
Europa entendida como una nueva periferia.
Y puede ser maravilloso. El centro del mundo es otro, con unos modelos diferentes que deberíamos tratar de evitar. Me aterra escuchar a algunos políticos, incluso políticos de izquierdas, que afirman que debemos ser el nuevo Silicon Valley. ¿De verdad queremos ser Silicon Valley? ¿Por qué? Esto me recuerda que también se quiso importar el modelo de startup de Israel. ¿Un socialdemócrata quiere eso de verdad? Hablamos de un mundo gobernado por hombres blancos. Eso es Silicon Valley, un territorio que está gobernado por hombres blancos de 30 a 40 años.

En algunos artículos que has publicado, haces una división muy interesante de los tres modelos que empapan en estos momentos el mundo: las tres D´s.
Son tres grandes bloques determinados por la tecnología y cómo la tecnología lo impregna todo, cualquier cosa y, desde luego, con el modelo de inteligencia artificial resulta ejemplarizante. Tenemos la asiática que, en realidad, es una doble d: dominación y disciplina. En China, los datos están al servicio del Partido Comunista Chino. El partido lo lidera y lo controla todo. Su modelo de IA es muy avanzado, tan avanzado como el norteamericano y tiene muy claro que dominarán el mundo si son capaces de avanzar tecnológicamente más. Tienen los mejores ingenieros del mundo y son vanguardia tecnológica pero a un precio muy alto, a costa de los derechos de sus ciudadanos. No hay privacidad. Conocemos la famosa mochila china. Un niño que juega a los videojuegos desde los 3 años tiene registrada su puntuación acumulada en un disco duro del partido. Es un modelo que, técnicamente, funciona pero en Europa no queremos eso. La segunda D es el darwinismo capitalista, la de D de Silicon Valley, donde lo importante es ganar dinero, donde lo importante son las empresas, hagas lo que hagas, vivas como vivas. Cómo sobrevives, es tu problema. Gozas de acceso casi infinito al capital, resulta muy fácil financiarse, hay mucho dinero, y el suflé sube porque hay pasta detrás. Pero el darwinismo es horrendo, es un modelo neoliberal llevado a sus últimas consecuencias. Nosotros tampoco queremos eso. Nosotros queremos derechos. Cuando voy a EEUU, los norteamericanos nos dicen que la tercera D en Europa es la desorganización. Europa necesita una tercera vía donde la IA no pase por la dominación ni por el darwinismo, sino que pase por los derechos. En Europa, los datos están al servicio del ciudadano, la IA está al servicio de una vida mejor. Y suena muy bien en la teoría pero en la práctica plantea modelos horrorosos que están impidiendo avanzar tecnológicamente. Por lo tanto, hay que encontrar esa vía.
Creo que el problema de los europeos es que han observado los derechos como una meta y no como una herramienta para avanzar. Nuestra mejor tecnología es quizá la más antigua y se llama democracia y estado de derecho, o sea, la ley. Es curioso, porque aspiramos a tener derechos pero pocas veces somos conscientes de que esos derechos son el instrumento que nos hacen mejores y más eficientes en nuestros trabajos. Pienso en la subida del SMI, en la reforma laboral, en los derechos civiles o, incluso, en la reducción de la jornada laboral planteada para esta legislatura.
Pero es una recuperación de derechos que viene de una pérdida de derechos anterior.
Cierto, pero que ha logrado romper el cliché en virtud del cual menos derechos nos hacían más eficientes y más productivos.
Creo que algunos supieron colárnosla, pensando que la tecnología era buena per se. La Europa digital, la España digital, todas esas etiquetas… ¿Por qué ser digital es mejor? Es mejor si tiene un impacto sobre los demás.
Hay una confusión entre el medio y el fin.
La tecnología es un medio pero lo importante es su fin. En el Plan de Resiliencia, se está constantemente vinculando la transición digital y la transición ecológica. La transición ecológica es un fin y la transición digital es un medio. Cuando confundimos esos dos ejes estamos creando un problema de origen. La tecnología solo sirve para vivir mejor y si no, para qué sirve. Esto se ha olvidado. El avance digital ¿para qué sirve? Me gusta hablar de la tecnología con propósitos. Tecnología sí, por supuesto, siempre que sirva para resolver problemas relevantes y los resuelva de forma responsable. Es así de simple. Y si no es así, para qué más. ¿Las redes son buenas para nuestro mundo, para nuestra democracia? La comisión del senado estadounidense ha señalado al señor Zuckerberg ¿tiene las manos manchadas de sangre? Pero si miles de empresas invierten en campañas publicitarias en sus redes. Tenemos varios dilemas. Tenemos un ejemplo con los medios tradicionales que han sido una parte fundamental en la construcción de las democracias y a su vez tenemos unas redes que están siendo un riesgo para las democracias. ¿El anunciante es neutro o mete en un mismo saco presupuestario al que fortalece y al que dinamita a la democracia? Tenemos otro ejemplo en las plataformas del porno y ese tipo de productos. El problema no es el porno, lo escalofriante es el modelo económico que hay detrás, el modelo que se ha construido en base a unas redes. Tenemos que entender que lo que pone en peligro a los niños y nuestro modelo de democracia tradicional es el modelo, y es algo que nos cuesta poner negro sobre blanco. Hay actores dentro de ese sistema que tienen un poder político alucinante y que, como diría Gramci, son fruto de un viejo orden que no acaba de irse y uno nuevo que no acaba de llegar. De esa situación surgen monstruos.
Pero para evitar esos monstruos está la ley, que sigue siendo la mayor tecnología política que ha tenido Occidente desde hace más de 2500 años. En Europa acabamos de aprobar una norma comunitaria que regula la IA.
Y que no entrará en vigor hasta 2026. Ese es el tema, que la ley va muy por detrás de los acontecimientos y el proceso regulatorio es demasiado largo. Luego está, como en casi todo, tener una regulación que se pueda cumplir. Aquí ya hay una regulación anti-competencia.
Y se ha multado con ella a Google y a Musk.
¿Y qué efecto ha tenido en su cuenta de resultados?
Cierto. Hay que admitir que la normativa anti-competencia trata de corregir una conducta y un mercado, no de destruirlo. ¿Hasta qué punto estos oligopolios del mundo digital están tan imbricados en las estructuras sociales, económicas e institucionales como para decidir que se disuelvan? ¿Acaso ya no es demasiado tarde para dar marcha atrás?
Pero a mi, Google, Meta o Tesla, mas que a los so big to fall, me recuerdan a los imperios del crimen.
No lo sé. ¿No es más plausible que caiga un banco o una aseguradora como AIG que Google?
Las regulaciones en medio mundo se están dando con los regulados y se habla cada vez con más fuerza de la auto-regulación.
Es la mejor manera de acabar con la ley. Calvinismo puro y duro.
Si te fijas, es como decirle al narco colombiano que se autorregule porque su actividad resulta contraproducente. El debate es cada vez mayor y más intenso. ¿Seremos capaces de regular a esos gigantes? Porque cuando tienen ese poder económico y político tan grande no es fácil regularlos. En política seguimos guiándonos de las encuestas que te dicen lo que la gente va a votar, y eso es un valor. Pero cuánto vale la información de Facebook que te dice no sólo lo que vas a votar si no lo que consumes, lo que lees, lo que haces.
Claro, eso fue lo que permitió que el Brexit funcionara. Es más efectivo que Gad3 en las elecciones del 23J. No acertó en sus encuestas. En realidad, todas fallaron mientras que, a través de las redes, los actores que propiciaron el Brexit descubrieron un nicho de votantes.
Para entender la particular gravedad del Brexit, no sólo comprendimos que nos preocupaba que supieran mucho de nuestro comportamiento, de nuestros hábitos, lo realmente grave fue reconocer que pudieran modificar nuestro comportamiento. Con el Brexit no sólo fue importante descubrir que había 3 millones de habitantes en el Reino Unido que no votaban. Lo realmente importante es que lograron movilizarlos. ¿Cómo movilizas a los tuyos y desmovilizas al adversario? Esa fue la clave. En las elecciones, la IA se irá sofisticando cada día más y, al final de un año tan decisivo como el actual, esto puede ser bastante loco si vemos el ritmo que lleva.

La IA ya forma parte de los contenidos de entretenimiento. Esta semana, en El hormiguero, lograron a través de IA rescatar la voz de personas que habían fallecido y hacerlas interactuar con sus familiares. Me recordó a la peli de Spike Jonze, Her, pero de una manera escalofriante y necrófila.
La “todología” ha llegado también a la IA. En televisión hubo una época en la que todos parecíamos inmunólogos, después nos volvimos vulcanólogos y después, en analistas políticos de la Europa del Este. Ahora sucede lo mismo con la IA. Esta “opinación” absoluta sobre todo lo horrible que puede ser la IA es una manera de observarla. Parece que lo que acabará con el mundo será la IA y el fentanilo. Ahora ha llegado el momento en el que hay que contar también todo lo contrario, que es beneficiosa. Piensa que estamos a punto de llegar a una edad dorada de la ciencia gracias a la IA, que puede manipular elecciones pero también permite conocer cómo son los pliegues de todas las proteínas conocidas por el ser humano. Hasta la llegada de la IA, un científico dedicaba toda su vida a investigar cómo se plegaba una sola proteína. Toda su vida dedicada a ese objetivo minúsculo. El programa predictivo AlfaFold de Google, desde hace cuatro años, nos ha permitido contarlas todas. La IA está desarrollando también nuevos antibióticos. La investigación estaba parada porque se necesitaban antibióticos específicos para una sola bacteria que muta en un tiempo muy corto. No era rentable. La IA está haciendo que vuelva a reactivarse porque la resistencia de las superbacterias puede ser un problema de salud muy grave. Ya lo es. Podríamos seguir en otros ámbitos como su importancia en la composición de nuevos materiales. Si tu acudes a una revista científica como Science o Nature, en los artículos verás que se certifica que los investigadores han utilizado AI para el análisis de datos en la mayoría de ellos, en biología, medicina, física. La investigación científica y tecnológica pasa por la IA y esto también hay que contarlo.
Pero por lo que sea solo nos interesa esperar al robot.
Al macguffin, que interesa con una visión neoliberal del mundo que lo que te cuenta es que la función de la tecnología sirve para ganar mucho dinero, lo que no deja de ser absurdo. Es un chiste, se sigue contando que se invertirá en no sé cuántas incubadoras o que es una tecnología para mejorar el mundo con el único propósito de venderla y colocársela a otro. En estos momentos, la IA no va de tecnología sino de la raíz neoliberal de vender al mundo un producto y creo que esa es la quintaesencia del neoliberalismo: coge el dinero y corre. Davos es el corazón de la bestia. Por eso estuvo guay que Sánchez fuera a Davos y dijera al corazón de la bestia que existe otro modelo posible que no es Silicon Valley. Por cierto, pronunció un discurso muy bien escrito donde cuenta que la IA está muy bien pero que es necesario desarrollarla de manera responsable. Esto no va de bancos de inversión ni de valoraciones millonarias. Ese discurso en un mundo así es totalmente pertinente, de como hacer de otra manera las cosas. Como aplicarlo en el día a día en laboratorios, como llevarlo al día a día, lo iremos viendo.
Transformará nuestra manera de contar las noticias en las redacciones de los periódicos
La huelga de guionistas demostró que la discusión sobre la IA no es tecnológica, es política. Que la IA puede hacer guiones es seguro, pero la pregunta es si el guionista hará más guiones o será una herramienta para la productora y eliminará a más guionistas. Ese es el debate. El sindicato de guionistas hace tanta fuerza porque el tema es la IA al servicio de quien. El otro está viciado. Porque la IA puede significar la aparición de una renta universal y la transformación de la redistribución del trabajo. El capitalismo de lujo automatizado. Todo lo que se pueda automatizar que se automatice y todo lo que se automatice es de todos. Pagamos impuestos para todos y es de todos. Digitalización genial. El argumento es muy provocador y me gusta. La IA sustitutiva de nuestro trabajo creativo. A veces creo que los periodistas hacemos un trabajo creativo. Trato tres cosas ue la IA nunca nos podrá quitar: el propósito o para qué la utilizamos. Hay IA que no sabemos para que es todavía. La IA revelará secretos pero el impacto y la ética que eso tiene seguirá siendo de las personas de los periodistas. Otra es el estímulo. La IA es muy buena ofreciendo respuestas, pero no haciendo preguntas y los periodistas somos quienes formulamos las preguntas. Y ese match que hacer las preguntas adecuadas es tan interesante como encontrar respuestas es interesantísimo porque la IA es buenísima buscando respuestas pero aún es incapaz de hacer preguntas. Y finalmente está el criterio. La IA puede hacer miles de cosas pero la capacidad para seleccionar esas cosas, lo que publicas o si eres un artistas lo que enmarcas, es totalmente relevante.






























