Cimavilla es el barrio gijonés más afectado por la concentración de vivienda turística, y será previsiblemente también uno de los más aliviados por la moratoria recientemente aprobada por el Ayuntamiento a las VUT. A día de hoy la oferta de alquiler es escasa y cara, ya que los propietarios obtienen más rentabilidad en el alquiler turístico que en el convencional. De comprar ni hablamos: un bajo de una habitación llega a los 175.000 euros, y a partir de dos habitaciones los precios se disparan hasta cifras que hace no tanto eran inimaginables en esta zona de Xixón.
El barrio más antiguo de la ciudad, el de Jovellanos y Rambal, lleva perdiendo población desde principios del siglo XXI, casi al mismo tiempo que ganaba apartamentos turísticos y se convertía en destino de moda para unas vacaciones o una “escapada” a la capital de la Costa Verde. Si en 2005 Cimavilla contaba con 2.800 vecinos y vecinas, hoy los residentes del barrio han caído hasta los 2.500.
La rehabilitación de siete viviendas públicas de VIPASA, ubicadas en el barrio, y cedidas a la empresa municipal de vivienda es una buena noticia en este contexto, pero insuficiente de no ir acompañada de medidas para controlar los precios, una posibilidad que permite al Principado la Ley de Vivienda, ya que se trata de una zona de alquiler tensionado. La reversión de licencias de VUT una vez estas se agotan es otra de las tácticas que el movimiento vecinal ha puesto sobre la mesa para enfriar el precio de la vivienda.
Faltan servicios públicos
Desde la asociación vecinal Gigia han celebrado la moratoria a los pisos turísticos, pero llevan tiempo señalando que regular esta actividad no es lo único que necesita un barrio cargado de encantos, pero también de incomodidades. Autobús, centro de salud o mejorar la accesibilidad para las personas mayores son algunas de las reclamaciones del movimiento vecinal, muy activo y dinámico. “La turistificación no es sólo que el precio de la vivienda no expulse de casa, es que también nos echa del espacio público, que sólo se destina a fines turísticos” explica Sergio Álvarez, presidente de Gigia, para el que no se trata de turismo sí o turismo no, sino de evitar el monocultivo económico.

En el barrio no faltan bares y restaurantes, pero los vecinos echan en falta más comercio para hacer la compra. No es un asunto menor y supone un problema cotidiano para los vecinos de Cimavilla, que sólo tienen un cajero automático, carecen de supermercado y pescadería, toda una ironía para el antiguo barrio de pescadores de Xixón.

“Cimavilla lleva perdiendo población de manera constante desde 2006. Y esto se explica por la presión de las VUT, que expulsan a los vecinos del barrio. Pero también por la ausencia de servicios públicos que den respuesta a sus necesidades” señalan en IU y Podemos, que han presentado una moción conjunta para pedir un espacio municipal para las personas mayores del barrio. A pesar de contar con 553 vecinas y vecinos mayores de 65 años, este sector de la población no cuenta con un lugar propio. Desde ambas formaciones recuerdan que hay edificios públicos que podrían destinarse a este fin, y que esto contribuiría a mejorar la calidad de vida de los residentes más mayores.
El futuro de Tabacalera
La recuperación del edificio de la antigua Fábrica de Tabacos genera ilusión, pero también algunos miedos fundados. Los vecinos temen que la futura rehabilitación de Tabacalera contribuya a turistificar más el barrio si el plan de usos se encamina finalmente por ahí. El futuro de este edificio no está del todo claro y en Gigia quieren que no sea otro elemento que contribuya al monocultivo del turismo de Cimavilla. “En el proceso de participación señalamos que hace falta espacios vecinales para el barrio más allá de la Casa El Chino que autogestionamos desde la asociación” explica Álvarez.
Desde IU su portavoz Javier Suárez Llana ha abogado un uso cultural para Tabacalera más centrado en ser un espacio de creación y de sede de industrias culturales que en un nuevo equipamiento museístico. Una idea que también gusta en el movimiento vecinal del barrio, que apuesta por una Tabacalera cultural, pero no sólo pensando en el visitante, sino sobre todo en crear empleo y riqueza en la ciudad más allá de la hostelería y el turismo.



























