Madrugada del 12 de febrero de 1962. En el número 103 de la calle Nuevo León, Ciudad de Méjico, fallece Indalecio Prieto Tuero a consecuencia de una dolencia cardiaca que, esta vez, no logró superar. Atrás queda una vida de compromiso político y social y una de las figuras más relevantes del socialismo.
‘Don Inda’ nació en la ovetense calle de la Magdalena el 30 de abril de 1883, recibiendo el bautismo en San Isidoro al día siguiente, 1 de mayo. Hijo y sobrino de funcionarios municipales, a los seis años se trasladó con su familia a Bilbao. Resumir su biografía en estas líneas sería complejo y cualquiera puede disponer de ella con facilidad. No es fácil, asimismo, juzgar una trayectoria política probablemente muy marcada por el complejo entorno político y social de aquellos años. Una vida política tan extensa e intensa como la Prieto tiene, lógicamente, luces y sombras, pero hay hechos relevantes que apuntalan la importancia de su figura política.

Muchos lo juzgan negativamente por su participación en los sucesos de octubre de 1934. Prieto tuvo la honestidad y el valor de reconocer su error cuando, en mayo de 1942, ante el Círculo Cultural Pablo Iglesias de México, manifestó: “Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro, como culpa, como pecado, no como gloria. Estoy exento de responsabilidad en la génesis de aquel movimiento, pero la tengo plena en su preparación y desarrollo”. Otras palabras que dan testimonio de su carácter son las pronunciadas en una alocución radiofónica el 8 de agosto de 1936: “Os lo ruego, os lo suplico. Ante la crueldad ajena, la piedad vuestra; ante la sevicia ajena, vuestra clemencia; ante los excesos del enemigo, vuestra benevolencia generosa (…) ¡No los imitéis! ¡No los imitéis! Superadlos en vuestra conducta moral; superadlos en vuestra generosidad. Yo no os pido, conste, que perdáis vigor en la lucha, ardor en la pelea. Pido pechos duros para el combate, duros, de acero, pero corazones sensibles, capaces de estremecerse ante el dolor humano y de ser albergue de la piedad, tierno sentimiento sin el cual parece que se pierde lo más esencial de la grandeza humana”.

Tras la Guerra Civil se exilió en México, pero no cesó su actividad política y sus esfuerzos por devolver la democracia a España. En octubre de 1947, se reunió en Londres con su otrora rival político, José María Gil Robles. Asimismo, llevó a cabo negociaciones con partidarios de Juan de Borbón, que culminaron con la ratificación el 29 de agosto de 1948 por parte de representantes de ambas partes de un frágil acuerdo que se conoció como ‘pacto de San Juan de Luz’. Invitado por Salvador de Madariaga, asistió, en mayo de 1948, al Congreso de la Haya, organizado por el Movimiento Europeo y que podríamos considerar como germen de la Unión Europea. Su trabajo en favor de los exiliados también fue significativo. Nunca llegaría a ver la restauración de la democracia en España, país que siempre llevó en lo más íntimo de su ser, pues, como él mismo dijo: “A medida que la vida pasa por mí, yo, aunque internacionalista, me siento cada vez más español, siento a España dentro de mi corazón y la llevo hasta el tuétano de mis huesos”.

Fue la suya, por tanto, una vida dedicada a servir a España. Seguro que, a lo largo de su trayectoria política como miembro destacado del Partido Socialista Obrero Español, diputado, ministro de Hacienda o de Obras Públicas, habrá cometido errores; pero su lucha en favor de la recuperación de las libertades y su incansable trabajo en favor de los exiliados engrandecen, con la distancia que permite el paso de los años, su figura humana y política.
El 28 de junio de 1984, en el Pleno del Ayuntamiento de Oviedo, se da lectura a una moción presentada por el alcalde, Antonio Masip, en la que se propone la adjudicación de varias denominaciones de calles; entre otras, una dedicada a Indalecio Prieto Tuero. La corporación estaba formada por trece ediles del PSOE, trece de Alianza Popular y uno del PCE. La moción fue aprobada por unanimidad dando un ejemplo de tolerancia, respeto y concordia y un reconocimiento a la figura de ‘Don Inda’· Ejemplo que, lamentablemente, el equipo de gobierno presidido por Alfredo Canteli, no siguió y, fruto de una decisión tan sectaria como inexplicable, borró a este destacado ovetense del nomenclator local en 2021.
Deseo que, 62 años después de su muerte, sigamos viendo en Prieto el ejemplo de un hombre que dedicó su vida a luchar por la libertad, la justicia, democracia y por buscar marcos de convivencia con quienes no pensaban como él; valores por los que, hoy en día, merece la pena -y es necesario- seguir luchando.



























