En tiempos de luna llena nos ha dejado el que fuera profe en Villaviciosa Andrés Huerta.
Activista solidario, con frecuencia, como el Ché, se echaba unos versos en los actos públicos, con Palestina, con el Sahara, con Colombia, con Cuba, y era asiduo del día de los pueblos indígenas en el paseo Begoña de Xixón que organiza Pachakuti.
Desde el colectivo “Otra Villaviciosa es posible” organizó numerosas conferencias, y fue responsable de los conciertos del argentino Rafael Amor en el teatro Riera. Incluso 4 años después de la muerte del cantor, todavía se le honraba a su “Corazón Libre”, en territorio maliayo, con un libro a su memoria.
En la Casa de Cultura y en el Ateneo Obrero, Andrés fue culpable, también, de la presencia y charla con representantes del MST de Brasil, estando presente en ella Luciano Romero Molina, el sindicalista colombiano que estuviera protegido en Asturias, pero asesinado a su regreso en Valledupar.

La comunidad colombiana le ponía el apelativo del “solidario Andrés”.
Su hermano Mario, que fue diputado en el parlamento astur, había fallecido dos años antes.
La militancia antifranquista de esta familia moscona sería una de las marcas indelebles de sus trayectorias rebeldes.
Y la intensa relación de Grau con Cuba, le llevaría a Andrés y Josefina a numerosas visitas a la Isla revolucionaria.
En 2014, cuando se estaba produciendo otra intensa destrucción de vidas en Palestina, Andrés le dedicaba uno de sus poemas:
Fátima,
su ondulante figura superaba
las curvas de las olas.
Fátima,
su negro pelo, ondulado en el aire,
dejaba tras de sí la serenidad de los que
saben ser pacientes, de los que heredaron
el saber de Pueblo Antiguo.
Fátima,
sus ojos azabache se abren,
como abrazo del amigo, atrayéndonos
a sus profundidades, tras un largo y
escabroso deambular, obligándonos a
indagar en la Historia de su Pueblo.
Fátima,
sus piernas perdieron la velocidad
del viento; su negro pelo adquirió el color
de la espuma de las olas; su ondulante figura
se contrajo, como si por ella pasaran miles
de años. y. Sus ojos … abandonaron el brillo ,
que proponía futuro.
Fátima,
se muere de pena. Su rostro no
irradia cólera, ni ira. Sí impotencia, asombro
y esperanza.
Me sigo aferrando a la Fátima que compite
con el viento por la playa de Gaza; a la
Fátima de ondulante figura, pelo negro
como la noche más noche y ojos ,,, de
azabache milenario.
Fátima.
Hasta Siempre solidario Andrés.



























