“El vasco es uno de los pocos conflictos armados que han terminado sin unos acuerdos de paz”

La periodista y antropóloga Andrea García González plantea una mirada feminista a las violencias políticas en "Calla y olvida".

Recomendados

Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Andrea García González (Madrid, 1979) es periodista y antropóloga. Con una larga trayectoria en los movimientos sociales madrileños, en 2016, cinco años después del definitivo alto al fuego de ETA, se plantó en el País Vasco para realizar durante un año lo que ella denomina “escucha vulnerable”. De ahí surgió una tesis doctoral diferente sobre el conflicto vasco, un trabajo que mira y analiza de otra forma la violencia de los grupos armados y del Estado, así como los cuidados y resistencias cotidianas que permitieron que la “normalidad” no se terminase de romper en tiempos extremadamente difíciles. Una mirada feminista y desde abajo que ahora acaba de traducirse en un breve, polifónico y contundente libro, “Calla y olvida. Violencias, conflicto vasco y la escucha vulnerable como propuesta feminista” (Katakrak, 2023). Este miércoles lo presentó en La Revoltosa de Xixón acompañada de Sofía Castañón y Juan Maravall.

Según una encuesta reciente el 41% de los españoles creen que ETA sigue viva. ¿Cómo es posible?

Daría para otra tesis doctoral. Ha habido mucha desinformación a lo largo del conflicto, y unas narrativas hegemónicas que han permitido años y años de políticas represivas. Si la gente sigue escuchando a políticos y periodistas que ETA sigue viva es normal que haya gente que piense eso.

¿Qué aporta el feminismo al entendimiento del conflicto vasco?

Aporta la inclusión de voces y vivencias que suelen estar marginalizadas. Lo masculino y los valores patriarcales dominan las narrativas de la historia en los medios, en las escuelas…. El heroicismo y lo bélico siempre está impregnando esas narrativas. Aquí sin embargo ponemos el enfoque en el cuidado, en cómo los cuidados lograron sostener las vidas y cierta normalidad dentro del conflicto. Creo que la mirada feminista nos da una mayor profundidad en las vivencias cotidianas, en entender cómo las violencias han afectado a la sociedad, y en cómo se puede abordar su eliminación.

Andrea García González en La Revoltosa. Foto: David Aguilar Sánchez

Hay un trabajo de entrevistas en profundidad detrás que es impresionante

Es una investigación antropológica que sale de un año de trabajo de campo, como observadora participante con distintos grupos. Estuve con el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco, con Etxerat, que es un grupo de familiares de presos, con grupos locales dedicados a facilitar la convivencia, y con personas que no están en ningún grupo. Todas las entrevistas son a mujeres y están hechas cinco años después del alto al fuego de ETA.

“Mucha gente siente que ha faltado un reconocimiento institucional de su dolor”

En el País Vasco hay fin del conflicto armado, pero no proceso de paz. ¿Qué consecuencias ha tenido eso?

El vasco es uno de los pocos conflictos armados que han terminado sin una mesa de negociación y unos acuerdos de paz. Eso afecta a las dinámicas sociales y al impacto que las violencias tienen en los cuerpos. Mucha gente siente que ha faltado un reconocimiento institucional de su dolor. No sólo víctimas del terrorismo de Estado, sino también de ETA. Una de las mujeres a las que entrevisto cuenta cómo su marido, que era policía, se suicidó porque no pudo soportar la situación de angustia y de alerta permanente. Lo que se llama el “Síndrome del Norte”, y que no está reconocido institucionalmente.

Andrea con la portada de su libro. Foto: David Aguilar Sánchez

En Irlanda del Norte sí hubo un proceso del paz al uso. ¿La situación es mejor para las personas?

Son casos muy diferentes porque el impacto de las violencias en el día a día fue muy distinto. En Irlanda del Norte hay barreras físicas y dos comunidades sin apenas relación. Los bandos, por así decirlo, son muy estrictos. Una de las características del País Vasco es algo que llamo la intimidad de la violencia. Había un conflicto armado, pero no había dos comunidades claramente delimitadas. En el libro cuento el caso de una mujer que sigue viviendo en el pueblo en el que mataron a su marido, pero también hablo de su sobrino, que va al funeral de su tío, asesinado por ETA, y al poco tiempo, cuando les explota una bomba, al funeral de los asesinos, porque los conocía y varios de ellos eran de su cuadrilla.

Andrea García González. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Esa mayor convivencia ha permitido también una reconstrucción más rápida de las relaciones en el País Vasco?

Bueno, también hubo rupturas familiares y sentimentales muy fuertes, sobre todo cuando ETA pasa de atentar principalmente contra miembros de las fuerzas armadas a atentar contra civiles. Es también la época en la que la represión del Estado se amplia al conjunto del independentismo y de la izquierda abertzale. Fue una etapa muy dura, con manifestaciones frente a otras manifestaciones, y gente que deja de verse y hablarse. Lo que me interesa contar es que al mismo tiempo que pasa eso también hay prácticas de paz durante todo el conflicto. Relaciones personales, cotidianas, que rompen esa imagen del otro como el enemigo permanente. En el libro cuento por ejemplo cómo una familia de derechas, con un bar, se solidariza con una clienta habitual a la que la policía le detiene un hijo.

¿Ha sanado la sociedad en este periodo sin conflicto armado?

Los procesos de sanación no son lineales. Es mucho más complejo. Las cicactríces pueden estar cerradas, en un determinado momento reabrirse, cerrarse…. No toda la sociedad va a vivir de forma sincrónica esa sanación.

Actualidad

1 COMENTARIO

spot_img