Fugitivos en la revolución portuguesa

Perseguidos por la dictadura, Lorenzo Tejerina y Luis Enrique García Riestra huyeron en 1975 al Portugal revolucionario, del que este 25 de abril se cumple medio siglo.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Se cumplen este 25 de abril 50 años de la revolución portuguesa. Iniciada por un grupo de jóvenes militares hastiados de la interminable guerra colonial en África, la revolución arrancó con un exitoso e incruento golpe de Estado contra la dictadura más longeva de Europa, en vigor desde 1933, y derivó en un movimiento de masas que estuvo a punto de convertir a Portugal en “la Cuba europea”, como llegaron a pronosticar algunos analistas norteamericanos, alarmados por la fuerza que a lo largo del proceso llegó a adquirir la izquierda comunista.

Atraídos por los ecos de libertad, democracia y socialismo que llegaban a España desde el vecino del Oeste, dos jóvenes estudiantes asturianos cruzarían clandestinamente la frontera hispano-lusa en el verano de 1975. Eran Lorenzo Tejerina (Mieres, 1953) y Luis Enrique García-Riestra (Oviedo/Uviéu, 1954), ambos amigos, militantes del Partido del Trabajo de España y procesados por el Tribunal de Orden Público. Acusados de varios delitos políticos a causa de su participación en el movimiento estudiantil, decidirían poner tierra de por medio y buscar refugio político en Portugal, convertido desde 1974 en santuario de antifranquistas e izquierdistas de toda Europa.

Aprovechando los contactos que tenían al otro lado de la frontera con militantes de la izquierda portuguesa, en septiembre de 1975 los dos universitarios escapaban a Xinzo de Limia, en la provincia de Ourense, desde donde cruzarían a pie la frontera por un paso poco vigilado por la guardia fronteriza.

Luis Enrique, estudiante de Biología y Magisterio en la Universidad de Oviedo, aprovecha la libertad condicional para escapar de un posible reingreso en prisión, y Lorenzo, que se encontraba haciendo el servicio militar en Segovia, usa un permiso para desertar de la mili: “En el cuartel estaba muy puteado porque conocían mis antecedentes políticos y pensé que una oportunidad como esta de vivir una revolución en primera persona quizá no la iba a volver a tener en la vida”.

“El franquismo podía seguir sin Franco, como había pasado en Portugal con la dictadura de Caetano”

Septiembre de 1975 es un mes duro en España: los últimos fusilamientos del franquismo y un incremento de la represión contra toda la oposición democrática, acusada indiscriminadamente de amparar el terrorismo. Con la cárcel llamando a las puertas tras una caída del militantes del PTE, el Portugal revolucionario parecía un buen plan a la espera de tiempos más propicios. “No sabíamos que Franco iba a morir en noviembre, pero tampoco eso garantizaba la llegada de la democracia. El franquismo podía seguir sin Franco, como había pasado en Portugal con la dictadura de Caetano después de la muerte de Salazar” explica García-Riestra, entonces un chaval de 21 sobre el que pesaba la amenaza de una condena de cárcel de seis años.

Portada del ABC de agosto de 1975.

Quienes reciben a los dos asturianos al otro lado de la frontera gallega son los militantes de la Liga de Unidade e Ação Revolucionária, un grupo político-militar que había combatido con las armas a la dictadura portuguesa, y que se situaba en la nutrida galaxia de organizaciones a la izquierda del Partido Comunista de Portugal.

Manifestación en Oporto en 1975.
Manifestación en Lisboa por el derecho a la vivienda. Foto: Albano Pereira, José Carlos Pereira e Rui Martins
Comisión de vecinos. 1975. Foto: Alexandre Alves Costa

Los dos fugitivos de la dictadura franquista llegan a una Lisboa en ebullición social, política y cultural, sorprendente para quienes vienen de moverse en los reducidos círculos de la oposición clandestina española: “Aquello era otro mundo”. Sus camaradas portugueses les alojan en el Centro Internacional Revolucionario de Portugal, un edificio burgués ocupado y autogestionado en el centro de Lisboa que da techo y cobijo a otros militantes políticos internacionales.

Con la ayuda de la izquierda portuguesa y sostenidos por algunos ahorros que traen de España, Lorenzo y Luis Enrique se convierten en testigos privilegiados del momento político portugués: visitan fábricas y casas ocupadas, el Diário de Noticías, autogestionado por los periodistas, participan en las movilizaciones obreras o conocen el movimiento de soldados que ha florecido en los cuarteles. “Venía de la mili franquista y me encuentro asambleas de soldados barbudos dirigiendo los cuarteles” recuerda Tejerina.

Lorenzo Tejerina, Luis Enrique García Riestra y Diego Díaz. Foto: Kike Gallart

En Lisboa conocen a José Saramago, entonces periodista en el Diário de Notícias, al Padre Felicidade, representante de los sectores más progresistas de la Iglesia católica, y a Otelo Saraiva de Carvalho, héroe del 25 de abril y jefe del Comando de Operaciones Continentales, el cuerpo militar más identificado con las posiciones de la izquierda comunista.

Los dos jóvenes se identifican con las fuerzas de la izquierda radical portuguesa que rechazaban una homologación de Portugal con las democracias liberales europeas y defendían un nuevo Estado revolucionario basado en el “poder popular”. Un poder popular que se expresaba en movimientos como la ocupación de tierras por los campesinos del sur, la autogestión de numerosas fábricas o los movimientos de moradores de las periferias urbanas en defensa del derecho a la vivienda en un país en el que miles de personas sufrían el chabolismo y la infravivienda.

El país se debate entonces entre el proyecto de “normalización europea” liderado por el Partido Socialista, claro ganador de las elecciones del 25 de abril de 1975, y el Partido Comunista y los demás grupos a su izquierda, que con diferentes acentos, apostaban por profundizar en la reforma agraria, la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía y la autogestión obrera. Débiles en lo electoral, los comunistas y la izquierda radical compensaban esta con fuerza en la calle, en los movimientos sociales y en los sectores más a la izquierda del Movimiento de las Fuerzas Armadas. Un MFA cargado de prestigio y legitimidad tras liberar al país de la dictadura, pero cuyo futuro había que decidir una vez celebradas las elecciones generales encargadas de redactar la futura Constitución.

Campaña de dinamización cultural del Movimiento de las Fuerzas Armadas (1975).
Campaña de dinamización cultural del Movimiento de las Fuerzas Armadas (1975).

¿Reforma o revolución? ¿Democracia liberal o popular? Pese a la carga de profundidad de los debates políticos de 1975, Luis Enrique y Lorenzo destacan la serenidad de la discusión política existente en Portugal, así como la libertad con la que esta se realizaba. “Los portugueses tenían la virtud de discutir sin cabrearse” rememora Tejerina.

Sin embargo, pese a esta aparente tranquilidad, el ambiente se está enrareciendo y todo el mundo teme que el adversario provoque un nuevo golpe apoyándose en uno u otro sector del Ejército. Los socialistas y la derecha temen a los comunistas y a la izquierda radical, y viceversa, estos sospechan en algún tipo de maniobra anticomunista amparada por los EEUU y Gran Bretaña. El golpe de Pinochet en Chile ha sido sólo dos años antes y el temor a una guerra civil comienza a flotar en el ambiente.

Mario Soares, líder del Partido Socialista, muy enfrentado a los comunistas, advierte que Portugal está siendo desestabilizado por revolucionarios internacionales, y los anfitriones de Luis Enrique y Lorenzo les advierten que su seguridad corre peligro si se produce un golpe anticomunista, así que es recomendable arreglar los papeles de refugiados y buscar un lugar más seguro fuera de un Portugal que se asoma al abismo.

Luis Enrique García Riestra. Foto: Kike Gallart
Lorenzo Tejerina. Foto: Kike Gallart

El 20 de noviembre, mientras Franco agoniza, los dos chavales asturianos toman un vuelo a Bélgica donde serán reconocidos por ACNUR como refugiados políticos de la dictadura franquista.

Cinco días después de su llegada a Bruselas, un grupo de militares izquierdistas protagonizan un fallido y confuso intento de golpe de Estado. El fracaso del 25 de noviembre provocará una contraofensiva del Partido Socialistas y sus aliados, poniendo fin al momento izquierdista, y encauzando a Portugal hacia la democracia liberal. Pese a todo, la Constitución de 1976 todavía mantendría un espíritu socialista que irá siendo borrado en sucesivas reformas posteriores.

Reunión del PTE de Asturias en la Transición.

Los protagonistas de esta historia no podrían regresar a España hasta la amnistía de 1977. Readmitido en la Universidad Luis Enrique concluiría los estudios de magisterio y se hará maestro. Tejerina en cambio abandonaría la Universidad y prepararía una oposición en Correos trabajando como cartero hasta su jubilación.

“Portugal primero y Bélgica después fueron escuelas de aprendizaje. En Portugal vi que las revoluciones se pueden hacer y perder, y en Bélgica descubrí cómo se vivía en una democracia” explica Luis Enrique, que admira de la sociedad portuguesa su capacidad para haber canalizado con éxito un proceso que no estuvo exento de convulsiones y que pudo haber derivado en un enfrentamiento violento. “Las revoluciones son posibles, pero los poderes para frenarlas son muy poderosas” añade Tejerina, que este 25 de abril estará en Lisboa manifestándose y cantando el Grandola Vila Morena, la canción con la que todo empezó, hace ahora medio siglo.

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