El Prado quiere que “Eugenia Martínez Vallejo vestida” deje de ser “la monstrua”

El Niemeyer exhibe el cuadro 'Eugenia Martínez Vallejo vestida' del avilesino Carreño Miranda.

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Redacción Nortes
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Te contamos lo ocurrido centradas en la periferia.

El Museo del Prado quiere que Eugenia Martínez Vallejo, la niña de la corte de Carlos II que pintó Juan Carreño de Miranda, deje de ser “la monstrua”, tal como fue apodada.

Así lo ha explicado el coordinador general de Conservación de la pinacoteca, Víctor Cageao, con motivo de la exposición del cuadro conocido como “La monstrua vestida” en la Cúpula del Centro Niemeyer, como un guiño a la localidad natal del pintor de la corte de Carlos II, el avilesino Juan Carreño de Miranda.

La obra, tal como ha recalcado Cageao, tiene la singularidad de que es el retrato de una niña, con síndrome de Cushing, “que tiene una apariencia física especial que hace que en aquel momento la apodaran de una manera violenta como la monstrua, que es una denominación que el Museo del Prado intenta erradicar”.

La idea de que el cuadro pase a denominarse ‘Eugenia Martínez Vallejo vestida’, junto a su pareja ‘Eugenia Martínez Vallejo desnuda’, forma parte del proyecto del Museo de eliminar los términos peyorativos.

En lo pictórico, ha explicado que es interesante tener en cuenta que el pintor, nacido en Avilés en 1614 y fallecido en Madrid en 1685, era mayor cuando creó el cuadro, con un oficio ya muy avanzado, “y eso se nota en la pincelada, el color y la forma en que presenta a la niña ataviada con un ropaje extraño para ella”.

Otro aspecto relevante del cuadro es la mirada de la niña, el modo en que mira al pintor que le está retratando, que transmite “cierta desconfianza o, por lo menos, sorpresa por un entorno que era muy ajeno a ella”.

Eugenia Martínez Vallejo nació en Bárcena de Pienza (Burgos) en 1674 y lo hizo en la iglesia de su pueblo, donde su madre, Antonia de la Bodega, rompió aguas y se puso de parto.

La familia y el pueblo entero interpretó eso como un buen augurio y fue bautizada como Eugenia, un nombre de origen griego que significa “bien nacida”.

Su fama llegó a oídos del Rey Carlos II, que la incorporó con seis años de edad a su corte de bufones, junto a otras personas deformes para diversión de Palacio.

Ése es el contexto que explica la expresión de la mirada de esta niña que fue apodada “la monstrua” y que ahora el Museo del Prado quiere devolverle su nombre y su identidad, ha explicado Cageao.

La presencia del retrato en Avilés se debe al proyecto ‘El Arte que Conecta’, que hace circular algunas obras de la pinacoteca del Prado por diferentes lugares del país.

En torno a la exposición del cuadro, que se podrá visitar hasta el 2 de junio en la Cúpula del Niemeyer, habrá una serie de iniciativas paralelas como rutas de arte, actividades para centros educativos, un ciclo de conferencias y un concierto. 

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