Cristales limpios y cristales sucios: Díaz, Fernández y Barbón

La visita de Yolanda Díaz a Saint Gobain ha sido una llamada de atención al gobierno asturiano con los cristales opacos por la suciedad

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Conviene conducir con los cristales del coche limpios. Es una obviedad, pero la DGT habilita a la policía, en caso contrario, a multar a aquellos que vayan con los parabrisas sucios. La visita de Yolanda Díaz a la factoría de Saint Gobain en la ría de Avilés ha venido a significar algo parecido, una llamada de atención al gobierno regional que conduce el carro con los cristales opacos sin que pueda ver la realidad.

La vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo y de Economía Social, le ha sugerido al Presidente Adrián Barbón que se limpie las gafas, que deje de mirar a otra parte y que se ponga a trabajar codo con codo junto a los obreros de la fábrica de Saint Gobain. El presidente del gobierno regional ha contestado soliviantado por la irrupción de la ministra. Ha dicho que es «absolutamente inaceptable» que la vicepresidenta venga a Asturias para abrir un frente en «uno de los pocos territorios del país con un gobierno de unidad progresista y reformista». La ministra duda de su actuación ante la crisis en Saint-Gobain. No le faltan motivos.

Yolanda Díaz con los trabajadores de Saint Gobain.

La vicepresidenta segunda del gobierno español ha destapado las “flaquezas” del bolchevique. Y la escena ha servido para demostrar que algo ha cambiado estos días en Yolanda Díaz. La clarificación en IU con la elección de Antonio Maíllo como nuevo coordinador ha podido influir. El estado gaseoso de Sumar retrocede a estado líquido. Vuelve a activarse el vector estabilizador de la veterana coalición. Con IU, Sumar adquiere mejor definición, pero la reordenación de Maillo no hace milagros, tampoco puede dar para mucho más, de momento. Habrá que ver qué sucede en las próximas europeas del 9 de junio para poder conocer en que estado se encuentra el proyecto, sumamente volátil. Sea como fuere, cambiar su agenda el día de San Isidro, aparecer a las puertas de la fábrica avilesina y apoyar a los trabajadores ha demostrado que Díaz aún conserva los reflejos políticos que ponía en práctica antes de Magariños. En la negociación de normas laborales, en el cara a cara desde el Congreso de los Diputados con la oposición y en la defensa de los derechos de los trabajadores, dentro y fuera del gobierno, es donde la líder de Sumar toma relieve, trasciende más allá de las cuitas de su propio partido y logra, incluso, que los malos resultados arrastrados desde Galicia se olviden por un momento. El perfil sindicalista de Díaz en ocasiones como esta vuelve a ser el turbo de un ministerio que logra acelerar y dar volumen social al conjunto del Gobierno.

Jonás Fernández.

Su aparición y su gramática institucional sirvieron, en cambio, para contrastar con el protagonismo de Adrián Barbón que, por segunda vez consecutiva, vuelve a ponerse de perfil en un conflicto. La ministra recordó que el gobierno central carece de competencias para revisar un ERE como el de Saint Gobain, pero no quiso dejar pasar la oportunidad de indicarle a la Dirección General de Trabajo del Gobierno Asturiano que ellos si están autorizados para aprobar o rechazar el ERE. Dicho de otra manera, Yolanda Díaz le ha dicho a Barbón que se ponga las pilas.

El que sí las lleva puestas de serie desde Bruselas es el eurodiputado socialista Jonás Fernández, quien ayer apuntó que la empresa había recibido 1,7 millones de euros en ayudas públicas, abriendo un campo para la presión y la negociación que el Ejecutivo no se había tomado hasta ahora la molestia de encontrar. Jonás Fernández lleva los cristales limpios y está llamado a hacer una gran labor política en Asturias. Es un parlamentario serio, riguroso, discreto, distante, culto y bien conectado en todas las esferas de la política española. Tiene el talento para medir los decibelios, pasar desapercibido y no resultar indiferente. Nunca ha sucumbido a la tentación de encabezar nada en el Principado. Todo lo que ofrecieron hasta ahora no dejaba de ser una parrilla para que se quemara.

La llamada de atención desde el Ministerio, la eficaz pesquisa de un eurodiputado de su mismo partido y el compromiso de ambos por mantener y defender la permanencia de Saint Gobain en Avilés ponen en evidencia el sentido errático y confuso de la acción de gobierno de Adrián Barbón. La crisis de la Consejería, hace unos meses, su silencio desalentador de cuatro días de duración tras conocerse el caso de explotación sexual de cinco adolescentes, su indiferencia ante la situación laboral por los trabajadores de Saint Gobain y ahora su enfrentamiento con Yolanda Díaz apuntan a una inercia política descalabrante que, ante los ojos de Pedro Sánchez, no se resuelve con un burdo “somos uno de los pocos gobiernos de unidad progresista de este país”. En pocas semanas, habrá más gobiernos de signo parecido. De modo que al Presidente le han pedido que limpie sus parabrisas y se abroche el cinturón. Los próximos días a este gobierno se le avecina otra tormenta y un viaje con muchas curvas, en dirección a Siero. Estaremos atentos.

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