Día del Orgullo. Por todos nosotros

Los mensajes que solo contienen valores desinteresados son pasto fácil de la bien financiada demagogia ultra.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

La libertad es un todo que consiste en casi nada. La frase, bella e inteligente, nos la regaló Guillem Martínez. El Día del Orgullo concentra la atención en el amor y el sexo. Porque básicamente de esto va la reivindicación de los colectivos LGTBIQ+ y el orgullo con el que la expresan masivamente un día al año. Va de gente que quiere amar y tener sexo como decía Raffaella Carrà: con quien quieras tú. Gente normal, vaya. El amor se hace presente en risas con chocar de hombros, miradas porque sí, manos cogidas o besos ligeros, como al aire; gestos que no son casi nada y en los que está todo. Algunos vecinos nuestros no pueden abandonarse a ese vapor de gestos difuso sin escrutar si en el sitio en el que están llaman la atención, o en si provocan rechazo, o en si directamente corren peligro. Por casi nada. Tienen que renunciar a todo porque ofenden con casi nada. El Día del Orgullo es el día en que esos vecinos nuestros no ocultan nada y muestran con orgullo que quieren amar y tener sexo, como decía Raffaella Carrà, con quien quieran. Que son gente normal, vaya.

Las cosas se evalúan según qué es lo normal, qué es lo mejor y qué es lo peor que hay en ellas. Por bellos que sean los mejores momentos de una pareja y por cómplices que sean los momentos normales, si lo más degradado que ocurre es que él le pega a ella, la relación es fallida. Si lo más bajo que sucede en una sociedad son cosas como el odio a grupos humanos por casi nada, la sociedad también es fallida. La sensibilidad básica e intuitiva de cualquiera debe llevar a la solidaridad y la empatía y a exigir que leyes y conductas normalicen lo que es normal. En cualquier reivindicación, mensaje o campaña pública deben sentirse ideales y valores como esos que acabo de llamar solidaridad y empatía. Pero ni basta ni es lo más importante. Los mensajes que solo contienen valores desinteresados son pasto fácil de la bien financiada demagogia ultra. Sin egoísmo los mensajes tienen dos debilidades. La primera es que tienden a parecer altivos, como si quisieran darte clases de cómo está el planeta y que coches como el tuyo no pueden seguir circulando. La segunda es que tienden a hacer sentir al interlocutor que sus problemas son pequeños, que lo importante son cosas mayores. Qué son tus dificultades para pagar un coche eléctrico al lado de la sostenibilidad del planeta. Así caricaturizan y distorsionan los mensajes progresistas los amos de los ultras.

La intolerancia y odio a las minorías no es un problema de minorías

Solo con valores y solidaridad los mensajes son distorsionables. Pero hay algo más. Víctor Guillot dijo sobre la izquierda y sus dolores, que a Sumar le falta rock and roll. Poderosa intuición, esa es la cuestión. Si lo único que se expresa para la mayoría sobre los derechos de las minorías es altruismo, al mensaje le falta rock and roll, le falta la garra, franqueza y humildad del egoísmo. Si oigo que en Hungría persiguen a los gitanos y a los homosexuales, sé que es una sociedad totalitaria donde yo, ni gitano ni homosexual, tendría que andar con cuidado. Se estigmatiza a las minorías para someter a las mayorías. Se queman brujas para poder acusar a cualquiera de brujería y para que todo el mundo ande con cuidado con la Inquisición. La intolerancia y odio a las minorías no es un problema de minorías. No es una cuestión de solidaridad de la mayoría con la minoría. El cultivo del odio apunta contra las libertades de la mayoría. Aunque no lo parezca, los colectivos LGTBIQ+ en el Día del Orgullo, obligados, dan la cara por todos nosotros. Es lógica esta batalla de la ultraderecha. La intolerancia con homosexuales o trans es una de esas pendientes resbaladizas de las que habla Lakoff. Los datos, recuerdos y valoraciones no están en nuestra mente a granel, sino que forman racimos. Un asunto siempre activa en nuestro cerebro un relámpago de asuntos. Si aprendemos a quebrar la dignidad individual de ciertas minorías, sin darnos cuenta, la dignidad individual habrá desaparecido para todos ante temas como la nación, la libertad o Dios. Y sin darnos cuenta resulta que la nación, España, será lo que se invoque para quitar impuestos a los ricos; la libertad será a lo que se apele para regalar la educación a la Iglesia y para decidir cuándo las mujeres han de ser madres; y Dios será ese credo que hay que respetar, por el que las leyes que toquen asuntos sobre los que la Iglesia tenga doctrina serán «éticamente conflictivos», porque si la Iglesia tiene doctrina afectarán a la «dignidad integral de la persona». Es decir, sin darnos cuenta la pendiente resbaladiza nos habrá llevado a una linda dictadura, a la que Felipe González llamaría ciclo de estabilidad. Revisen los colmillos que enseña Meloni cuando Europa no mira. Los derechos LGTBIQ+ reclamados con el rock and roll del egoísmo son las libertades de todos, la democracia.

El odio a las minorías sirve siempre para lo mismo, pero cada momento marca su matiz. Los amos de los ultras no quieren los humildes sumisos de Los santos inocentes. Quieren ignorantes, claro, pero que se crean informados y con las ideas muy claras, que digan alto en el chigre y en la red que a ellos no se la dan y que no son de ningún partido. Quieren soldaditos rebeldes y brutos, hartos de los privilegiados, que nunca son Florentino Pérez ni Ana Botín; los privilegiados son como mucho la clase media con estudios. La ansiedad evoluciona a ira cuando te hacen sentir que puedes actuar sobre los factores que te hacen sentir mal. La ira evoluciona a odio si le das rostro y la proyectas sobre minorías reconocibles. La clave de la propaganda ultra es que la gente traslade su odio a la afirmación de su identidad simbólica. Cuanto más te concentres en el puto salvar a España, en ser hetero y no voy a pedir perdón y soy varón y vale de gilipolleces, menos bronca montarás a quien no te paga o te sangra con el alquiler. La actual propaganda no insultará a los gais como mariquitas o degenerados. La Iglesia será el último reducto de eso. Pero cuando no puedes ni mantener tu casa, te envenenará con que tú no importas; solo importa que hay quien no se siente hombre ni mujer y que los gais tengan visibilidad y cuota y subvenciones, y entonces no tendrás nada contra los homosexuales pero ya está bien y, abracadabra, los LGTIBIQ+ son los privilegiados por los que a nadie le importan tus problemas y encima parece que debes algo a todo el mundo. Y los Florentinos miran comiendo palomitas.

Foto: Alisa Guerrero

Los colectivos LGTBIQ+ son un bombón para esto. Con los inmigrantes hay que mentir. Hay que repetir que en el país más seguro de Europa hordas de MENA violan a las mujeres y okupas organizados pueden quitarte tu casa mientras estás en el váter con el pestillo echado. Pero con LBTBIQ+ no hace falta. La Iglesia siempre cultivó el miedo y la culpa en la población. ¿Cómo se me puede convencer de que hay algo malo dentro de mí? No será por matar, porque no maté a nadie. No será por comer, porque si no como me muero. Lo único que está en mí, que ni mata ni me mata y que es seguro que será más fuerte que mi voluntad, es el sexo. Y ahí levantaron sus murallas de tabús, más en las mujeres que en hombres, y ahí pusieron el horror contra la homosexualidad. Solo hay que agitar ese humus, no hacen falta mentiras, solo picotear en el prejuicio cultivado por la Iglesia, y ya tenemos una minoría con la que controlar a la mayoría.

La libertad es un todo que consiste en casi nada. A pesar de la abrumadora multitud que convoca el Día del Orgullo y a pesar de su notable estruendo, lo que reivindica el Día del Orgullo es casi nada. Y cómo será de total el todo que está en ese casi nada que los ultras se movilizan como con pocas cosas contra ese día y sus consignas. Personalmente creo que aciertan los ultras. Es uno de los días de apoyo más contundente a la democracia, a la libertad de la mayoría y a las libertades de todos. Es uno de los días más hostiles contra sus propósitos. Me gusta la eficacia y la eficacia requiere el hierro del rock and roll que da el legítimo egoísmo. Pero también me gusta que bajo el paraguas de la eficacia burbujeen valores, la empatía y el gusto por que todos nuestros vecinos puedan dedicarse risas con chocar de hombros como decía Raffaella Carrà. Con quien quieras tú.

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