“No fue el feminismo que llegó al poder, pero es una lucha que hay que continuar”. Clara Serra reivindicó este viernes en la apertura de la Escuela Feminista de AMA la tradición de militantes como Cristina Garaizabal, Paloma Uría o Empar Pineda, que “en los 80 dieron debates que ahora estamos volviendo a tener como la prostitución, la pornografía, o el consentimiento”. Para Serra, que por motivos de salud tuvo que realizar su intervención online, la coincidencia entre el auge del neoliberalismo y la reorientación del movimiento feminista a posiciones prohibicionistas no fue casual en los años 80 y tampoco ahora. “Es cuando el neoliberalismo está en auge cuando se caen de una parte del movimiento feminista las reivindicaciones relacionadas con el trabajo o la propiedad” apuntó la autora de “El sentido de consentir”, para la que las ideas conservadoras están ganando otra vez peso en el feminismo.
Serra, que estuvo acompañada de Cristina Garaizabal en una charla que desbordó el aforo de la Escuela de Comercio gijonesa, recordó que el consentimiento para casarse, divorciarse, abortar o abrir una cuenta bancaria, es una conquista feminista, pero matizó que “en nombre del consentimiento se pueden defender proyectos políticos muy diferentes”. Tanto Serra como Garaizabal coincidieron en que el feminismo abolicionista invalida el consentimiento de las prostitutas o las actrices del cine porno, y sitúa al resto de mujeres en una minoría de edad permanente, al considerar que siempre se encuentran en una situación de dominación y violencia estructural que relativiza su consentimiento y autonomía, por ejemplo para desear prácticas sadomasoquistas o vestirse de formas que una parte del feminismo considera patriarcales.



En opinión de Serra, aunque en ocasiones exista intimidación, si se considera que todos los escenarios son de violencia y dominación, el consentimiento no existe y las mujeres carecen de libertad para decidir sobre sus vidas, excepto si se manifiestan a través de “un deseo explícito y entusiasta”. Garaizabal criticó que una parte del feminismo está asumiendo posiciones “muy puritanas”, y erigiéndose en intérprete de deseos correctos e incorrectos.

“Muchas veces estamos explorando, probando o no sabemos lo que queremos, sin que esto signifique una situación de violencia” expuso Serra, para la que en las relaciones interpersonales están llenas de ambigüedad y claroscuros que el Sí es sí no reconoce. “Puedes empezar una relación y a la mitad querer dejarlo” apuntó Cristina Garaizabal, que recordó que la libertad siempre implica “asumir ciertos riesgos”. “Hay cosas que pueden ser oscuras pero no ser agresiones” matizó la histórica feminista. “¿Tiene sentido que recurramos al código penal para tratar un piropo, un tocamiento o un beso no consentido?” se preguntó Serra, partidaria de cambiar de un feminismo que constantemente ponga el foco en el peligro y el castigo, a otro que persiga aumentar la libertad, la autonomía y la capacidad de elección, algo que relacionó con abordar cuestiones como la redistribución de la riqueza, la educación y los cambios culturales.
La filósofa defendió la potencia del No es no, histórica reivindicación feminista, frente a un Sólo sí es sí que calificó de ilusión contractual en un mundo de relaciones personales en el que nada es blanco o negro. “Entre el delito sexual y el sexo maravilloso del sólo sí es sí hay muchas posibilidades de sexo” explicó Serra, para la que corremos el peligro de identificar deseo y consentimiento. “Liberar el deseo es liberar también las fantasías y los deseos incivilizados de las mujeres ” defendió Serra frente a un “feminismo moralista” que quiere imponer “deseos correctos” con “el Estado permanentemente por detrás como arbitro”.
La Escuela Feminista de la Asamblea Moza d´Asturies, que este año celebra su quinta edición, sigue todo el fin de semana en el Muséu del Pueblu d´Asturies.
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