Cocodrilos blancos para una democracia de “rednecks”

Su propaganda quiere que nos sintamos rednecks, basura blanca, ese tipo de pobres abandonados rencorosos, que nunca son la causa de nadie.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

1. Retire all government employees with full pensions.

2. Transfer administrative authority to the tech industry.

3. Appoint [Google executive chairman] Eric Schmidt CEO of America.

Traduzco: Retirar a todos los empleados públicos con pensiones completas. Transferir la autoridad administrativa a la industria tecnológica. Nombrar a Eric Schmidt [presidente ejecutivo de Google] como Director Ejecutivo de América.

Lo interesante de la cita no es su nivel intelectual, absolutamente indefenso. Para llegar a lo interesante hay que empezar con que su audaz proponente fue Justine Tunney, una ingeniera de Google. Ella aconsejaba a la gente que leyera a Mencius Moldbug, seudónimo de guerra de Curtis Yarvin. Todavía no llegamos a lo interesante. Yarvin, y el resto de tarados del movimiento Iluminación Oscura, creen que la democracia hace imposible la libertad. Tienen que ser los «técnicos» los que nos gobiernen y no los que nosotros queramos. Es literal. Le preocupan los improductivos. Supongo que en ese desván entran parados, discapacitados, homosexuales, minorías étnicas y demás complicaciones. Yarvin cree que deberían estar aislados en prisiones, donde no tendrían más contacto que una realidad virtual a la que estuvieran permanentemente conectados, en plan Matrix. O, directamente, ser convertidos en biodiésel. De nuevo, es literal. Su seudónimo «suena como si perteneciera a un troll que eructa desde las profundidades de una madriguera de Internet», dice Corey Pein en un artículo con título revelador: «El sueño de un Reich de silicio de los Maquiavelos de boca abierta». Según parece, respirar ruidosamente solo por la boca se asocia con rudeza y pocas luces. Una traducción un poco más libre del título podría ser, entonces, «El sueño de un Reich de silicio de los tontos del culo que se creen Maquiavelos». Todo esto todavía no es lo interesante. En la órbita de Yarvin está Thiel, el multimillonario compañero de fatigas y éxitos del multimillonario Elon Musk. El propio Musk anda cerca de este inframundo. Aquí empieza lo interesante. Todos los análisis que se hagan de la ultraderecha, en todos sus formatos y dialectos, deben tener en el centro tres cosas que explican casi todo. La primera es que son corrientes financiadas por ricos que quieren una sociedad donde los ricos no tengan limitaciones legales ni políticas. La segunda es que siempre cultivarán el odio a minorías como táctica para someter a las mayorías; necesitan ese odio para que las mayorías tengan un molde mental que acepte y hasta desee la pérdida de sus derechos. Y la tercera es que la única razón de su creciente apoyo se deriva de la primera: tienen mucho dinero, el material más precioso para una propaganda eficaz. Que anden las tripas de Google y multimillonarios planetarios en los desvaríos de la Iluminación Oscura dice mucho de lo que está pasando.

Lo interesante no acaba en Thiel. La razón de que Curtis Yarvin esté siendo conocido es que es una de las influencias intelectuales (ejem, llamémoslo así) de J.D. Vance, senador de Ohio, que sería el Vicepresidente de EEUU si gana Trump las elecciones; y sería su delfín y continuador del Lado Oscuro. Orbán está al acecho y Putin sueña con una línea EEUU — Hungría — Rusia que haga un efecto fracking en la UE y la democracia y las quiebre por dentro. Abascal no entiende nada de esto, pero quiere pillar cacho y se puso al rabo de Orbán moviendo la cola dejando con dos palmos de narices a Meloni. Abascal siempre fue intuitivo para saber cuál es la cola buena para no dar un palo al agua.

Abascal no entiende nada de esto, pero quiere pillar cacho y se puso al rabo de Orbán moviendo la cola dejando con dos palmos de narices a Meloni

Hace tiempo que circula la leyenda urbana de que las cloacas de Nueva York cobijan a un montón de caimanes de gran tamaño, blancos y ciegos. La leyenda dice que se usaron esos reptiles como mascotas de niños y se tiraban al desagüe cuando empezaban a no ser bichitos monos. Muchos siguen creyendo que esa inquietante población sigue ahí abajo buscando rendijas para emerger a sus vidas. Sí que hubo caimanes cuando se podían comprar así por las buenas (qué libertad, carajo) y sí que fueron por ahí abandonados y hubo que atraparlos. Eran pocos, no eran albinos ni ciegos, ni formaron ninguna población en las alcantarillas. Pero la leyenda nos vale como metáfora. Curtis Yarvin es un tarado del inframundo y Vance es la mancha en la pared que anuncia que la podredumbre de las alcantarillas se está filtrando. Allí donde la ultraderecha llegó arriba, hubo un inframundo mefítico previo que nadie sintió. Un componente inevitable es el fundamentalismo religioso: Trump, Bolsonaro, Milei, Orbán. No olvidemos que Orbán no cree en una Europa que no se base en el catolicismo, es decir, en que la jerarquía eclesial esté por encima de los poderes y razones de este mundo. Los fundamentalismos religiosos están siempre en las alcantarillas de nuestras sociedades cobijados por una Iglesia oficial y una libertad religiosa que no marca adónde llega el legítimo derecho a las creencias de cada uno y dónde empieza el fanatismo que mueve las conductas colectivas sin referencia en las leyes. En ese inframundo habitan radicales encerrados en sus fantasías. En EEUU llegan a las alucinaciones distópicas de Yarvin. En España andan por los colocones y fantasmagorías patrioteras, como los bobos que gritan en Ferraz por la salvación de España o rezan como dementes para protegerse de Sánchez. Las empresas tecnológicas tienen tal tamaño, tal poder y tanto dinero y los ricos son tan inmensamente ricos que ya no se conforman con ganar más dinero, ya fantasean con reinventar el mundo. Los superricos que respiran con la boca abierta, es decir, los tontos del culo como Elon Musk, de repente filosofan sobre los destinos colectivos y, lo que es peor, ponen mucho dinero en el inframundo para marcar esos destinos. OTEA es más humilde en sus propósitos. En algunos sitios llegaron al poder. En España ese magma subterráneo se deja sentir a veces como las fumarolas de los volcanes en desvaríos como los de Sanz Montes, emanaciones fétidas del inframundo que se cuelan por las rendijas.

Jesús Sanz Montes. Foto: Religión Digital.

Su propaganda quiere que nos sintamos rednecks, basura blanca, ese tipo de pobres abandonados rencorosos, que nunca son la causa de nadie y siempre son el tipo de atrasados al que se puede atacar y despreciar sin parecer insensibles. Una variante débil es lo que aquí llamamos con cierto desprecio y mucha vaguedad «España profunda». Se trata de proyectar el rencor de la pobreza a la identidad, de que cada pobre crea que no importa a nadie porque otros humildes tienen el privilegio de la atención. No puedes con el alquiler porque no importas, porque no eres gay, ni mujer, ni inmigrante. El redneck no acepta normas ni que nadie tenga obligaciones con nadie, cada uno a lo suyo y que cada uno apechugue con lo que le toca. Es lo que hace todo el mundo, el que habla de justicia social, solidaridad o ayudas es un farsante y un hipócrita. Un obrero de la deprimida Michigan decía que votaría a Trump porque lo único que había hecho Obama era darles un seguro médico universal «que yo no quiero; quien trabaja tiene seguro, así debe ser». Es el paraíso neoliberal de los ricos defendido por pobres con un rifle. Qué más se puede pedir. Con buen tino, Xandru Fernández evoca el mundo de The Walking Dead como plenitud de la sociedad redneck. Lo que trasciende de Curtis Yarvin va por ahí, por ausencia de estado y comunidades aisladas a lo suyo. Lo interesante del personaje redneck al que se encamina la muy financiada propaganda ultra es que es lo que conecta la ira popular con los intereses de los ricos, lo que convierte a los desposeídos en el ejército del inframundo que quiere desposeerlos de todo y dejar a la democracia como una carcasa de esa sociedad en que los ricos no tienen leyes y gobiernan los tontos del culo. Cuanto mejor se entienda esto y más visibles sean los cocodrilos blancos que quieren emerger, más cerca estaremos de pararlos. Sobran ejemplos de que todo esto es reversible. Escapes tóxicos como Sanz Montes son una señal útil de lo que bulle abajo. Casi diría que el arzobispo hace un servicio público.

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