Intentar aprovechar una epidemia para ganar dinero no es una práctica de nuestro tiempo. Los negocios a cuenta de las mascarillas en la pasada pandemia ha sido el último capítulo de una historia que en nuestro país tiene muchos episodios, especialmente en el pasado siglo.
En el presente trabajo reflejamos un caso de negocio a cuenta de la terrible epidemia de gripe de 1918, y que afectó a la población más humilde de Gijón y de sus alrededores.
Fueron los socialistas asturianos los que dieron la voz de alarma sobre lo que estaba ocurriendo. El Socialista incluyó en las páginas de su primer número de noviembre de 1918 una denuncia sobre la forma de abordar la epidemia de gripe en Gijón. La denuncia tenía que ver con determinados comportamientos que, como comprobamos, parece que surgen en todas las situaciones trágicas, como lo es una pandemia, estimulando la picaresca.
El corresponsal remitió una larga nota, firmada el 25 de octubre, sobre la situación general de Gijón, de donde entresacamos la cuestión que aquí nos interesa.

En primer lugar, se constataba que la epidemia estaba causando verdaderos estragos en la ciudad asturiana con familias enteras atacadas por dicho mal, mientras las notas oficiales hablaban de que estaba decreciendo.
Pero la denuncia más importante tenía que ver con la especulación (“agiotismo” es el término que se solía aplicar en el pasado al concepto de especulación) que practicaban algunos médicos y farmacéuticos que, al igual que hacían los acaparadores de alimentos, que se aprovechaban de la guerra (en alusión a la Gran Guerra) para encarecer la vida, cobraban los primeros hasta cincuenta pesetas, mientras los segundos lo que “les venía en gana” por las medicinas.
Al parecer, la Asociación de Agricultores había entregado una nota oficiosa a la prensa, firmada por su presidente, en la que se daba cuenta que muchas familias pobres de las aldeas se veían privadas de asistencia médica por carecer de recursos para poder abonar los honorarios que se les pedían. Había, pues, quienes estaban dejando morir a personas por falta de recursos, un ejemplo, además, añadiríamos nosotros, de las carencias de todo tipo de la España de 1918.
Pero también es cierto que el corresponsal del periódico obrero quería dejar claro que, al igual que existían estos abusos a la hora de atender a los enfermos, había otros comportamientos altruistas. Había médicos que, aunque tenían que desplazarse fuera de Gijón a las afueras, cobraban cinco pesetas por visita.

El alcalde de Gijón había hecho público su deseo de que se denunciasen casos concretos para depurar responsabilidades. Eso había motivado que el Consistorio ofrecería un volante para la asistencia médica gratuita para los enfermos pobres, así como para la adquisición de las medicinas necesarias.
A título informativo, en 25 de octubre de 1918, Gijón tenía 1.268 enfermos de gripe según la misma crónica. En este sentido, contamos con un artículo de J.M. Ceinos en La Nueva España (octubre de 2010), titulado “De cuando la Gran Gripe”, donde se nos dice que por las fechas que aquí estamos tratando, Gijón contaba con 60.000 habitantes, y que en la primera quincena de octubre había habido 2.837 “invasiones”, es decir, contagios, con 157 fallecimientos. Este artículo es muy interesante porque manejaba la prensa local, y aludía a cómo El Noroeste, de tendencia republicana, denunciaba el 17 de octubre la indiferencia de las autoridades ante la magnitud de las cifras de la gripe en Gijón, en línea con lo que apuntábamos al principio desde la perspectiva socialista.



























