Lo que está ocurriendo en las últimas semanas con la siniestralidad laboral en Asturias es inasumible: cinco víctimas mortales en los tres meses de verano, al menos once personas fallecidas en lo que llevamos de 2024 y cerca de 50 accidentes graves. Los empresarios se están llevando los beneficios y la clase trabajadora estamos poniendo los muertos. Estamos ante una lacra social, de clase, ya que afecta a la clase trabajadora. Hay que acabar con esto.
Al trabajo vamos a ganarnos la vida, no a perderla. Y han sido semanas trágicas que nos llenan de dolor y rabia. Porque hablamos de personas que acudieron un día a su puesto de trabajo a ganarse el pan y que, al finalizar el día, no volvieron a su casa. El 8 de julio perdía la vida un trabajador atrapado en una máquina de la planta de Sontara, en Tamón. El 28 de agosto fallecía un trabajador en el Monte La Cueva, cerca de Infiesto, tras sufrir un fuerte impacto en la cabeza mientras realizaba labores de desbroce. El 5 de septiembre la tragedia se multiplicaba en el puerto de El Musel, donde un accidente -el peor en un siglo- se llevaba la vida de dos trabajadores y dejaba varios heridos, alguno de gravedad, durante el desmontaje de una grúa. El 11 de septiembre la tragedia volvía a golpear a la clase trabajadora asturiana, al perder la vida en Figaredo (Mieres) un obrero de 32 años al caer de una grúa desde la que realizaba labores de mantenimiento en la línea eléctrica.
Son cifras que producen escalofríos. Según las estadísticas del Ministerio de Trabajo, cada día en nuestro país mueren dos personas en accidente laboral. Y no se entiende que esto siga sucediendo en un país que cuenta con una de las legislaciones más avanzadas del mundo en materia de prevención de riesgos laborales.
A ello habría que añadir algunos accidentes muy graves. Esta última semana, sin ir más lejos, tres trabajadores de Daorje tuvieron que ser hospitalizados por quemaduras e inhalación de humo en las baterías de cok de Arcelor; y otro accidente en el PEPA de Avilés dejaba un herido de gravedad: un operario que se encontraba reparando un puente grúa y sufrió una descarga eléctrica que afectó a otro compañero más. Es sumamente preocupante que los accidentes graves, que dejan secuelas severas en muchos casos, hayan aumentado un 32% en el último año.
Lo que está ocurriendo nos lleva a la amarga conclusión de que muchas empresas se están saltando la normativa. La propia Fiscalía General del Estado coincide en nuestro análisis y ha reconocido en su última memoria que las empresas han relajado su acción preventiva. Por eso estamos exigiendo el cumplimiento estricto de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, porque la prevención salva vidas. Y hay que insistir: es responsabilidad de las empresas garantizar la seguridad de las personas trabajadoras a su cargo. Por eso es intolerable que el máximo responsable de una de las mayores patronales asturianas dijera, tras la tragedia que acabó con la vida de dos trabajadores en Gijón, que hay que repartir responsabilidades. ¡Por favor! ¡No somos los trabajadores y trabajadoras los responsables de la falta de medidas de prevención en las empresas! ¡Tampoco imponemos la precariedad! ¡Pero sí somos las víctimas, quienes nos dejamos la vida en el trabajo!
El trabajo decente también salva vidas. La precariedad enferma y mata. Lo sabemos bien: patologías laborales que no se tienen en cuenta, condiciones de trabajo que acaban con la salud y la vida de las personas trabajadoras, falta de medidas preventivas, falta de formación, falta de medios… Inseguridad laboral. Y eso no es trabajo decente.
Desde CCOO estamos reclamando tres medidas urgentes para atajar esta epidemia de siniestralidad: que el Principado se persone como acusación particular en aquellos accidentes mortales o muy graves donde haya evidencias de que ha habido una negligencia clara por parte de las empresas; que se cubran las vacantes del Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales y más personal en la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, porque necesitamos todos los efectivos en primera línea en los centros de trabajo; y la creación juzgados especializados en materia de seguridad laboral en Asturias.
Tras cada accidente hay que investigar a fondo las causas y establecer las responsabilidades oportunas a que haya lugar. También habría que incrementar las sanciones a quien se salte la obligación de proteger la seguridad y la salud de las personas trabajadoras. Nos va la vida en ello.
Comisiones Obreras lleva muchos años concentrándose cada vez que se produce una víctima mortal en el trabajo, en señal de duelo por esas personas fallecidas y como repulsa contra unos accidentes que nunca debieron ocurrir, también para dar visibilidad a la sociedad de estas tragedias, y que todos y todas tomemos conciencia. Y lo seguiremos haciendo hasta acabar con esta lacra.



























