Arcelor, Acero y Hacerlo

Urge ir pensando en alternativas inmediatas por si Mittal pieslla y nos tira la llave al Piles.

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Juan Chaves
Juan Chaves
Es asesor del grupo de Convocatoria por Asturies.

La siderurgia ha sido tradicionalmente el reflejo del poder industrial de un país. A pesar de vivir en una era marcada por la inteligencia artificial y la transformación tecnológica, la capacidad manufacturera sigue siendo una referencia clave para medir la prosperidad de una nación. En Europa, y particularmente en España, enfrentamos el desafío de mantener, e incluso aumentar nuestra capacidad industrial, especialmente en la siderurgia, mientras simultáneamente transitamos hacia su descarbonización.

Un claro ejemplo es la situación de ArcelorMittal en Asturias. A pesar de recibir 450 millones de euros en ayudas para la construcción de una planta de reducción directa de mineral de hierro (DRI) mediante hidrógeno verde, la empresa ha mostrado reticencias en ejecutar la inversión. ArcelorMittal argumenta que los altos costes del hidrógeno comprometen la competitividad del acero producido con energías renovables, agravado por la caída de la demanda mundial de acero. Este escenario ha generado una lógica preocupación política y social, ya que la posible no continuidad de la única siderurgia integral del país, que representa cerca del 20% del PIB asturiano, sería devastadora. De ahí las últimas declaraciones del ministro de industria Jordi Hereu, afirmando que la producción de acero «la puede liderar ArcelorMittal o la puede liderar quien sea»

Sin embargo, no queda claro si estas palabras están respaldadas por una intención real de acción o si simplemente son un intento de calmar los ánimos mientras se sigue negociando y buscando una solución que permita la ejecución de la ayuda y la construcción de la planta DRI, no tardaremos en averiguarlo..

Jordi Hereu, ministro de Industria.

Para entender mejor la situación, es necesario analizar a brocha gorda el mercado global del acero y cómo sus dinámicas afectan a gigantes como ArcelorMittal, ThyssenKrupp, Nippon Steel y otros

España produce anualmente 10,5 millones de toneladas de acero, de las cuales exporta 8,1 millones. Alemania con su corazón industrial en la cuenca del Ruhr, produce 35 millones de toneladas, lo que la posiciona como la séptima productora  a nivel mundial. Por delante se encuentran, 4º EE. UU . (81,3 millones de toneladas), 3º Japón (86,9 millones), 2º India (140,7 millones), y en primer lugar, China, con una descomunal producción de 1.019 millones de toneladas al año, más de 100 veces la producción anual española y 30 veces la alemana.

Esta sobrecapacidad china, que solía absorberse en su demanda interna, ahora se está volcando en los mercados mundiales debido a su desaceleración económica. Aunque esto no es nuevo, ya ocurrió tras la crisis inmobiliaria de 2008 y de nuevo en 2015 que fue el inicio de la guerra comercial China-EEUU con Trump en la presidencia. Pero la situación actual es más compleja y no puede resolverse con aranceles y barreras comerciales como se hizo en entonces. La crisis inmobiliaria china ha desplomado la demanda de acero y, con su economía ralentizada, muchas acerías chinas están viendo esfumarse sus márgenes de beneficio, empujándolas a exportar para sobrevivir. Esto ha provocado que gigantes del sector, como ArcelorMittal, vean caer sus beneficios hasta un 73%, mientras que Nippon Steel ha registrado una caída del 11%. La crisis también ha derivado en despidos masivos y cierres de plantas por todo el mundo, incluso parte de la alemana ThyssenKrupp Steel ha sido puesta en venta tras recibir 2.000 millones de euros en ayudas.

Esta inundación de acero barato plantea un desafío crucial para Europa. Primero, por la escala de producción de China, es evidente que Europa no puede competir en precios. Segundo, nuestras políticas de descarbonización encarecen el producto final, lo que, aunque necesario y eso hay que tenerlo claro, no es menos cierto que ralentiza la reconversión industrial, porque si las acerías europeas sufren pérdidas constantes, la competencia con el acero chino se vuelve insostenible.  Afortunadamente la tentación que alguien pudiera tener en renunciar a los objetivos de descarbonización no soluciona el problema, pues aún con aranceles tampoco podemos igualar los costes de producción chinos. Incluso hay una derivada que no se suele tener en cuenta que es que esto podría tener un efecto perverso,  los aranceles podrían dar cierto aire  a la siderurgia europea, pero afectar negativamente a otras industrias que gracias al acero barato si pueden competir en contextos globales, ya sabes el dicho, si te tapas los pies, te destapas la cabeza, y si te tapas la cabeza, te destapas los pies.

Protesta de trabajadores de ArcelorMittal. Foto: Iván G. Fernández

Europa necesita actuar con rapidez y decisión, dos cualidades que lamentablemente no suelen estar en el ADN de la Unión Europea. Medidas como el ajuste de carbono en frontera, que entrarán en vigor en 2026, pueden llegar demasiado tarde y además es insuficiente. Las ayudas a la descarbonización también son limitadas,  y el temor casi atávico de la Unión Europea a intervenir en el mercado está minando la estabilidad política. Si no se toman decisiones rápidas, los gobiernos actuales corren el riesgo de caer, y no hay mucho margen de maniobra porque la derecha radical es experta en capitalizar el descontento, y hoy los discursos populistas y ecofascistas no es que sean una amenaza lejana sino que es Roma a las puertas de Cartago.

Pero la solución ni es única ni es sencilla, por un lado Europa se queda sola jugando al capitalismo de libre mercado esperando que los fallos del mercado se corrijan solo. Pero como decía Keynes, “Los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia”, mientras tanto el resto de países va tomando sus propias medidas para intentar frenar la entrada del acero chino, EEUU apuesta por el proteccionismo imponiendo aranceles a la importación e incentivando la producción propia, al igual que están haciendo, Japón, India, Brasil, Vietnam o Turquía. Europa, en cambio, debate si imponer aranceles, mantener el libre mercado o aumentar las ayudas, decirlo todo y no hacer nada, mientras las acerías cierran y se anuncian despidos masivos.

Sin una apuesta clara y decidida, es difícil que la estrategia europea de descarbonización avance, porque lo que ocurre en el acero también le ocurre a otras industrias clave como el automóvil o la cadena de valor de las energías renovables. China está inundando el mercado con productos de igual o mejor calidad que los europeos, pero a precios más bajos. Ante esta realidad, es imposible competir con las reglas del capitalismo que hemos usado durante los últimos 100 años. Estamos frente a un escenario nuevo que requiere de nuevas reglas, y las necesitamos de manera urgente. La industria europea no resistirá mucho más, mientras las derechas radicales aguardan la oportunidad de revertir cualquier medida que huela a verde.

Nos jugamos mucho más de lo que creemos en los próximos cinco años, y lo más preocupante es que ni siquiera tenemos control total sobre la situación. Somos rehenes de intereses geoestratégicos y económicos que rara vez coinciden con los nuestros. Alemania, tiene problemas graves y podría ceder a la tentación de tomar decisiones que le beneficien, pero que no favorezcan al conjunto de la Unión Europea, y ese escenario está a un Lander del AFD de distancia.

Aterrizando en Asturies, y despegándose de lo subjetivo que es que vivimos aquí y que pensar en un cierre de Arcelor sería un drama del que no habría manera de recuperarse, la realidad es que las expectativas no son halagueñas, puede que la solución de una empresa estatal de energía que gestione la reindustriazación del país al margen de los vaivenes del mercado y los intereses de los grandes conglomerados empresariales sea la opción más intuitiva y factible, tenemos modelos de funcionamiento en empresas total o parcialmente estatales, en Corea del Sur, Alemania, India o como no, China, pero tengo dudas de que el PSOE quiera asumir ese riesgo y prefiera seguir con una política de declaraciones duras y actuaciones blandas. Tenemos que tener claro que el futuro y viabilidad de la planta en Asturias no depende exclusivamente de lo que ocurra a nivel local, sino de un complicado entramado económico y político cuyos intereses van mucho más allá de lo regional o incluso de lo estatal, por lo tanto urge ir pensando en alternativas inmediatas por si Mittal pieslla y nos tira la llave al Piles para que de una manera u otra la continuidad de la producción de acero en la única siderurgia integral española, sigan si o si.

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