El negacionismo mata. Y embrutece. El conocimiento es algo que fluye por canales y al que accedemos por nodos. La certeza que tengo de que la gravitación de Einstein explica mejor las cosas que la de Newton no procede de nada que yo haya experimentado, ni de mi formación en física. Sé que se encenderá la luz al dar al interruptor porque hay un tendido por el que fluye la energía. La certeza que tenemos de casi todas las cosas que sabemos procede de la confianza en los canales de conocimiento y sus nodos de acceso (escuelas, universidades, libros, documentales, charlas, …). El negacionismo aparenta ser ignorancia, obcecación negligente. Pero su esencia es parecida a la de la voladura de los gasoductos Nord Stream. Su esencia es dinamitar la confianza en los canales del conocimiento. El conocimiento se interrumpe igual que el flujo de gas. Si profesores, libros y consenso científico son parte de un lobby progre, si cae la confianza en los canales, volamos la transmisión del conocimiento. Deja de haber razones para no talar el Amazonas, perforar la Antártida o ver Malinche en vez de leer un libro de historia. La ignorancia se hace activa y locuaz, los prejuicios corren sin ataduras y el lucro rompe los límites. El negacionismo es uno esos interruptores ideológicos que activan muchos otros. Por eso es una de las exigencias más queridas de la ultraderecha. Por eso encajaba en la naturaleza del gobierno de Valencia no hacer caso a riesgos climáticos. Venía un puente largo en una zona turística. Y la derecha intentó minar la confianza en la AEMET. Eso es el negacionismo. Y eso mata.
El bulo mata. El bulo es una mentira breve, fácil de repetir y con fuerte carga emocional, que se hace circular para que los acólitos tengan lenguaje y parezcan muchos. No intentan engañar, intentan ser un torrente que diluya la verdad. El efecto buscado es el descreimiento, la alteración emocional y la reverberación del odio. En una situación de calamidad alteran la conducta colectiva y llenan de interferencias las instrucciones de autoridades y técnicos. La proliferación de bulos de los mentideros ultras, su difusión en la prensa conservadora y la lamentable actuación de Feijoo en las primeras horas solo buscaron lo que dijo el Rey: caos en la tragedia. Ni Sánchez huyó (hay que estar corto de razones para semejante memez), ni se destruyeron presas, ni con Franco era mejor, ni se ocultaron cadáveres, ni Sánchez está esperando a los presupuestos para activar ayudas. Por cierto, aunque la visita haya sido un error de la Casa Real, el Rey esta vez estuvo bien y fue un símbolo reconocible, y no la esfinge que fue otras veces. Al César lo que es del César.
El lawfare mata. El PP bloqueó e infectó el poder judicial. Se llevó la política a instancias jurídicas intervenidas por las derechas. Por eso el Tribunal Constitucional declaró ilegal el segundo estado de alarma de la pandemia. El episodio fue lo que pareció. La ultraderecha pone el recurso y el Tribunal falla la ilegalidad del estado de alarma como parte de la confrontación política conservadora contra el Gobierno. Lawfare. El estado de alarma es la herramienta jurídica más versátil que tiene el Gobierno para asumir el control en situaciones de desastre. La doctrina del Constitucional afecta a la gestión de lo que en aquel momento parecía que no llegaría nunca: otra catástrofe. Desconozco los móviles de Sánchez, pero en una situación como la de Valencia hay que manejar con cuidado la explosividad política y social. Estábamos ante más de doscientos muertos en una zona concreta y había un fallo del Constitucional que decía que con cientos de muertos diarios en todo el territorio era ilegal el estado de alarma. Más trabas cuando más efectividad se necesita. Llevar la mezquindad del lawfare a la gestión de catástrofes mata.
El tacticismo mata. En política las tácticas son mañas para conseguir beneficios políticos inmediatos sin perspectiva global. Una suma de tácticas no hace una política ni una estrategia. Feijoo se lanzó a enmarañar en el momento más desconsolador de la tragedia. Acabó empapizándose con sus propias mañas. Sánchez tendrá que explicar cuánto hubo de prudencia y cuánto de táctica en no asumir más mando en la situación. Lo iremos viendo.

La ausencia de Estado mata. Mucha gente lanzándose a ayudar fue una belleza moral. Solo el pueblo salva al pueblo, se dijo. Igual que en las Escrituras el agua se convierte en vino, la mala baba ultra quiso convertir la bondad en perversidad. Quiso que la bondad de la gente pareciera ausencia de Estado y que en la ausencia de Estado estuviera la bondad. El pueblo salvando al pueblo no puede sacar todos esos coches, reconstruir casas y carreteras, atajar las epidemias de aguas estancas, reponer la economía de trabajadores y empresas, mover bomberos y unidades especializadas del ejército, el pueblo no puede conseguir que antes del verano Valencia vuelva a ser el primer mundo. Es el Estado, es decir, el pueblo cuando el pueblo es civilización. Es la política. Tuve cataratas. No me salvó de la ceguera ni la ciencia ni la medicina. Me salvó la política, la gigantesca gestión de recursos que pone a mi disposición y la de todos a la ciencia y la medicina. Los ultras y sus amos ricos quieren que no haya Estado y que la medicina sea como el viaje de Bezos al espacio, solo para ellos. Si la gente humilde sigue sin quedarse ciega, será porque triunfa una política sobre otra.
No cambiamos de tema. En EEUU la maldad que aquí necesitó una calamidad para ser estridente será el tacto de la vida cotidiana. No es que la gente crea que Trump es demócrata, es que piensan que, visto lo visto, la democracia no es lo prioritario. El racismo explícito, el machismo brutal, el bulo permanente y el negacionismo más asilvestrado (Kennedy hasta promete quitar el flúor del agua) se normalizan como discurso aceptable. El odio y el egoísmo serán el lubricante de las relaciones sociales. La represión y el lawfare para décadas se van instalando. Elon Musk no se sabe si se cree el Tony Stark de Ironman o el doctor Muerte de Los 4 fantásticos, pero alguna metástasis del fascismo llega con él. Valencia fue una maqueta para ver el mundo que se va de EEUU (voluntarios, generosidad y Estado) y el que viene (oigan a los intoxicadores ultras, lean la prensa de la caverna). El mal que rebosó en la desgracia es el que triunfó en EEUU sin ocultarse. Lo que ocurrió en EEUU es lamentablemente meridiano. Sobre el porqué y qué hacer, solo unas pinceladas. 1. La gente identifica los tópicos de la democracia (libertades, tolerancia, derechos, protección) como el discurso cargante y enervante de esta sociedad en la que lleva años perdiendo y perdiendo. Remedando a Goebbels, me vienen a hablar de derechos y medio ambiente y desenfundo mi pistola. 2. El avance en los derechos de las minorías y su mayor visibilidad hace que esas minorías (raciales, sexuales o de otro tipo) sean parte del decorado de esta sociedad en la que llevan perdiendo y perdiendo. Suena hasta fresco un arrebato machista o racista. 3. Entre esas minorías aumenta la aceptación del discurso que las maltrata. La afirmación identitaria va dejando de movilizar. ¿Por qué eres republicano siendo gay?, se oye en El ala oeste de la Casa Blanca. Porque mi vida no se agota ni se concentra en ser gay, dijo. 4. La afirmación identitaria sí moviliza a la identidad mayoritaria. No importas a nadie porque eres blanco, varón, heterosexual y español. Eso sí moviliza. 5. No funcionará ningún mensaje progresista sin voltaje. Milei prometió a los humildes que los haría sufrir y lo votaron, porque la motosierra era la música de su furia. La letra no se escuchó. 6. Atención a Bernie Sanders. Todo arranca de la furia social, de perder y seguir perdiendo. Si a los partidos de izquierda no se les ve partiéndose el alma por la igualdad y la justicia social, triunfará todo lo demás.
Los ricos se hacen más ricos y los humildes más pobres y se indignan y los ricos financian a la ultraderecha para que capitalice esa furia. Buena jugada. La desigualdad crece en España con un gobierno de izquierda. Ahí empieza todo. No son dos historias. Valencia fue el tablero donde se ve lo que se movió en EEUU.



























