Internet contamina y consume energía, agua y territorio como nunca nos habíamos imaginado. Los servidores y centros de datos, en expansión con la digitalización, el auge de las redes sociales y la inteligencia artificial, van a multiplicarse por todo el mundo, y los gobiernos nacionales y regionales compiten por atraerlos a sus territorios, aunque a menudo sin medir los impactos reales que tendrán. Un dato: los centros de datos de todo el mundo consumen tanta energía como Francia, un país de 68 millones de habitantes.
De todo esto habló este jueves la arquitecta gallega Marina Otero (A Coruña, 1981) en las jornadas Winter LAB que organiza LABoral Centro de Arte y Creación Industrial. Otero, profesora en la Universidad de Columbia y que acaba de asesorar al gobierno chileno en el proceso de instalación de centros de datos, pide ante todo mucha calma frente a “una carrera entre administraciones en la que todo el mundo está apostando y nadie quiere quedar atrás”.
“Hay una carrera entre administraciones en la que todo el mundo está apostando y nadie quiere quedar atrás”
Otero plantea que no se puede dar luz verde a estas instalaciones sin hacer antes un estudio de impacto ambiental. “Se dan paradojas como que mientras había sequía en Catalunya, Aragón anunciaba bombo y platillo la instalación de un centro de datos de Microsoft que consumirá unos recursos hídricos enormes” explica Otero, para la que los impactos ambientales no pueden estudiarse nunca de manera aislada. Por eso, tal vez una comunidad con un clima seco y problemas de abastecimiento de agua no sea el mejor lugar para instalar grandes computadoras que necesitan refrigeración permanente.

Para la experta hace falta pensar bien qué se va a ganar y que se va a perder cuando se autoriza una infraestructura como esta. “Se está hablando ya de mini centrales nucleares para abastecer los centros de inteligencia artificial”.
Con respecto a los anuncios de centros de datos en las cuencas mineras asturianas, Otero tiene una posición en principio favorable, da la existencia de agua, humedad y espacio, pero pide prudencia. “Un centro de datos en una mina asturiana puede ser interesante, pero hay que hacer siempre una valoración”. Para Otero esta valoración debe hacerse contando con la población y los expertos, y sin tener miedo al chantaje de las multinacionales que “amenazan con irse cada vez que se les pide que cumplan algo”.
Otero apuntó que los centros de datos son necesarios, aunque no crean demasiado empleo, y considera imprescindible estudiar y planificar bien su ubicación. “Se trata de buscar un equilibrio”. La arquitecta, partidaria de repensar nuestro consumo de internet, para evitar “despilfarrar recursos en chorradas”, explicó que una forma de aminorar el impacto de los servidores es “reciclar” el calor que desprenden. “Ya hay experiencias de invernaderos, casas o piscinas que se calientan con calor procedente de los servidores”.
Otro dato para concluir: en el Oeste de Londres el calor de estas grandes computadoras dará calor a 10.000 hogares. ¿Alguien está pensando ya en un aprovechamiento similar para los centros de datos que se instalarán en las cuencas mineras asturianas?



























