Un arcoíris necesita una fuente de luz, agua y una persona que mire el fenómeno con cierta distancia. El arcoíris desaparece sin embargo a medida que nos acercamos a él. Nunca podemos tocarlo. El artista Lukas Truniger y el científico Bruce Yoder, investigador de la Escuela Politécnica de Zúrich han cambiado esto en “Arcoíris imposible: un ejercicio de paisajismo celeste”, una instalación inmersiva, de gran formato que recrea de forma sintética este fenómeno natural en una sala de 700 metros cuadrados de LABoral Centro de Arte.
Fruto de una residencia de dos meses en Xixón cofinanciada por la red europea EMAP, “Arcoíris imposible” es una obra íntegramente producida en LABoral gracias a los medios del FabLAB, el taller de fabricación del centro cultural gijonés.


No es la primera vez que que el centro de arte pone a colaborar a artistas y científicos, pero como destaca Patricia Villanueva, responsable de exposiciones, en esta ocasión el trabajo ha sido “muy horizontal”: “Hay veces que el científico simplemente asesora, pero Yoder también ha estado en la toma de decisiones estéticas y narrativas de la instalación”.
El resultado, según Villanueva, es al mismo tiempo una experiencia sensorial, y “un lugar en el que se podría dar una clase práctica de física”.






¿Po que la cosa va precisamente del arcoíris? Los creadores de la pieza destacan que el control meteorológico, en especial las nubes y la lluvia, han sido históricamente un tema crucial de interés militar y geopolítico, pero que “mientras que otros fenómenos atmosféricos tienen un interés en términos de acceso al agua y refrigeración, el arcoíris es un fenómeno puramente estético y poético”. Así que de eso va la pieza, de sentir y disfrutar este arcu la vieya imposible que podrá verse en LABoral hasta el 3 de mayo de 2025.



























