Parábolas y cuentecillos

Hay algo de sabor tribal y ancestral, de comunión o terapia colectiva en este espectáculo.

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

¿De dónde venimos?, de L´Om Imprebís y CITA

Intérpretes: Santiago Sánchez y Víctor Lucas (teclado)

Dirección: Hassane Kouyaté

14 de diciembre, Off Niemeyer, Avilés

Me imaginé el espectáculo como una ofrenda-homenaje al teatro y a la vida, una conferencia demostración sobre la marca indeleble, trascendente, que la experiencia artística ha dejado en Santiago Sánchez después de tantos años. Pero me equivoqué, como tantas otras veces, porque los prejuicios, buenos o malos, casi nunca se cumplen. Ya el programa de mano editado como flyer a modo de trampantojo antes del estreno, con cinco estrellas emparedadas con un “Conmovedora” y “No te dejará indiferente”, lo dejaba bien claro. Su diseño gráfico, con ese ¿De dónde venimos? apuntando a temáticas de autoayuda o a los Testigos de Jehová más que al cuadro de Gauguin, tampoco desmentía una línea principal de actuación acerca del sentido y los grandes enigmas que envuelven nuestras vidas. Se trata de un espectáculo con cuentecillos que hablan directamente al espectador de manera sencilla, sin retórica argumental, aunque un tanto sofísticamente. Con afirmaciones, consejos y preguntas que conforman el habitual vademécum de supervivencia  al que estoicamente nos aferramos, tantas veces oído a psicólogos, contertulios y medios de comunicación.

¿De dónde venimos? es narrativa oral, teatro para abolir la disidencia,

Santiago Sánchez es bien conocido por los aficionados asturianos. Su dilatada y exitosa trayectoria como director de Imprebís también ha dejado su huella. Muchos de sus trabajos permanecen en nuestra memoria. Ahora se desmarca con un proyecto casi unipersonal planteado como un viaje a los orígenes del relato, la vida y el teatro, encarando cuestiones esenciales como de dónde venimos y hacia dónde vamos. Sin trama, anudado con cabos sueltos y a modo de narración oral que busca el calor del fuego mirando a los ojos de los espectadores para devolverles la imagen de sí mismos. Hay algo de sabor tribal y ancestral, de comunión o terapia colectiva en este espectáculo que nace con vocación de trascendencia. Los textos y fragmentos seleccionados de Eduardo Galeano, Shakespeare, Cervantes, Calderón y hasta el propio Serrat, tan conocidos, lo confirman. Santiago se lanza al ruedo con su cuerpo y su voz, a pecho descubierto, con una mesa y dos sillas, más la compañía de Víctor Lucas al teclado. Encarna a Segismundo, hace la pantomima de las edades del hombre, canta a José Hierro, habla de la cosmogonía precolombina, del mar, del Paraíso y el alma, los refranes de Sancho, el Quijote y el carpe diem de las pequeñas cosas como contraposición al frenético devenir de una sociedad de consumo que apenas deja tiempo para la reflexión y el disfrute. Hasta concluir con un relato que bien podría ser autobiográfico, donde reconoce que empezó contando historias para cambiar el mundo, pero que continúa contándolas para que el mundo no le cambie a él… Alma, cuerpo y pensamiento, encubiertos por máscaras o narices de payaso, simulando la pantomima de la vida en un careo mesiánico con el público. ¿De dónde venimos? es narrativa oral, teatro para abolir la disidencia, reconciliador, didáctico y un tanto zen, con parábolas y mensajes muy sencillos para todos los públicos. Y con algo de humor que provocó carcajadas entre los espectadores, “hay quien sueña con la inmortalidad y luego no sabe qué hacer un domingo por la tarde”.

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