Renace el sueño de un tren para unir el oeste peninsular en una España en la que el ferrocarril cobra otra vez impulso como medio más eficiente y ecológico de transportar personas y mercancías. Una veintena de plataformas y movimientos sociales del oeste peninsular, entre ellos Asturies pol Clima, se dieron citan este fin de semana en la localidad cacereña de Hervás para exigir, una vez más, la reapertura de la línea de ferrocarril entre Plasencia (Cáceres) y Astorga (León), una línea que estaría en el marco de un trazado ferroviario más grande, la Ruta de la Plata, que volvería a unir en algún momento del siglo XXI Xixón y Huelva. Cantábrico y Atlántico.
Unas 200 personas se manifestaron en el mismo lugar en el que hace 40 años lo hicieron para impedir el cierre de su estación de tren, con increíble lucidez, cuando lo “moderno” era desmantelar el ferrocarril convencional en aras de un progreso y una modernidad mal entendidas.

El ferrocarril de la Ruta de la Plata empezó a construirse a finales del siglo XIX para unir el oeste peninsular, entonces territorio minero y agrícola, bastante más poblado, desde Xixón hasta Huelva, sin pasar por Madrid. Un siglo más tarde, en la década de los 70, el eje ferroviario de la Ruta de la Plata comenzaba su agonía. La competencia del transporte por carretera, la falta de inversiones en la modernización del tren y la propia decadencia del oeste, condujeron a que en 1992, el mismo año de la inauguración del AVE Madrid-Sevilla, se terminara de cerrar por completo el último tramo ferroviario activo, ya sólo para mercancías.
Después de 1995 parte de las vías fueron levantadas para crear sendas verdes ciclistas y peatonales.
Después de 1995 parte de las vías fueron levantadas para crear sendas verdes ciclistas y peatonales. Otras siguen ahí, abandonadas a la intemperie, como testimonio de uno de los grandes errores de la política de la infraestructuras española, y de una liquidación ferroviaria que recuerda a la de países sometidos a la doctrina del shock neoliberal, como la Nicaragua de Violeta Chamorro, que en 1994 desmanteló por completo su red de ferrocarril.

Badajoz, Cáceres, Salamanca y Zamora han sido las provincias más perjudicadas por el cierre. Las que más protestaron contra él y en las que el movimiento social por su recuperación ha seguido más activo, ganando cada año más simpatizantes para algo que hace una década parecía un sueño irrealizable.
En 2017 los partidarios de reabrir la línea lograron la aprobación en el Congreso de los Diputados de un estudio. Un pequeño triunfo moral, que no se ha traducido por ahora en nada más.
Un estudio informativo elaborado a título particular por ingenieros ferroviarios, cifra en unos 1.900 millones de euros la apertura del tramo Plasencia- Astorga. Las primeras estimaciones económicas apuntan que el tramo entre Astorga y Salamanca, unos 200 kilómetros aproximadamente, tendría un coste de cinco millones de euros por kilómetro mientras que el trayecto entre Salamanca y Plasencia rondaría los 900 millones de euros en su conjunto. Sólo el tramo entre Puerto de Béjar y Salamanca precisaría de un trazado nuevo. Los expertos apuntan que el proyecto podría obtener financiación de la UE.



























