“La idea de que los hombres somos violadores en potencia es tremendamente contraproducente”

Josetxu Riviere, experto en igualdad, género y masculinidades, participa este jueves en una de las actividades de MUSOC.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Josetxu Riviere (Mondragón/Arrasate, 1962) es uno de los fundadores de Berdintasun Proiektuak, una cooperativa dedicada a la promoción de nuevas masculinidades, que entre otras tareas tareas trabaja impartiendo cursos de formación a la policía autonómica vasca.

Diplomado en magisterio y especialista en género e igualdad, llegó al feminismo a través de su militancia política en la izquierda alternativa vasca, EMK y Zutik. Fue al calor de los debates feministas cuando algunos hombres de estas organizaciones y de los movimientos sociales comenzaron a reflexionar en cómo ellos también podían incorporarse a la lucha por la igualdad de género. De ahí surgió una línea de trabajo que le ha llevado a participar en diferentes foros. Algunas de sus reflexiones pueden leerse en el libro colectivo “Alianzas rebeldes”, coordinado por Clara Serra, Laura Macaya y Cristina Garaizabal.

Este jueves estuvo en Xixón participando en MUSOC, la Muestra de Cine Social y Derechos Humanos de Asturies, promovida por Acción en Red.

Todo el mundo ha escuchado hablar de feminismo, pero el concepto de masculinidades es bastante menos conocido. ¿En qué consiste?

Bueno, es desde el feminismo donde se define la masculinidad o las masculinidades dentro de la construcción del género. Por un lado, podemos entenderla como la forma en que los hombres, quienes nos identificamos así en nuestra sociedad, definimos lo que significa ser hombre y qué normas debemos cumplir según los diferentes contextos históricos para representarlo. Esa idea de masculinidad, que definía modelos de hombres tradicionales, ahora, en mi opinión, es más diversa y con características que se han adaptado a nuestros tiempos. Por otro lado, debemos entender la masculinidad como una categoría que organiza las estructuras políticas, económicas y sociales, que marcan una posición de ventaja para lo masculino, para lo que se considera propio de los hombres, y que, desde esa posición, ha justificado la subordinación de las mujeres en nuestra sociedad y ha apartado de ese espacio de poder a otras masculinidades o identidades que no encajan en ese modelo. A pesar de los cambios que se han dado, sigue siendo fundamental para mantener los mecanismos de desigualdad de género en nuestra sociedad. Y creo que, para avanzar hacia una sociedad sin desigualdades y más justa, debe ser puesta en cuestión.

¿Cuál debería ser el papel de los hombres en la lucha feminista?

Si consideramos la lucha feminista no solo como la consecución de la igualdad de derechos, sino como un proyecto político y social más amplio que busca transformar las estructuras de poder patriarcales y construir una sociedad más justa y equitativa para todas las personas, es fundamental que los hombres tomemos parte en ella. Es difícil conseguir una transformación social profunda y radical sin la participación activa de la mitad de la población, que somos los hombres. Por ello, pienso que hay que abrir y multiplicar espacios de participación para los hombres en el feminismo que sirvan para impulsarlo y que involucren en esta labor a un número mayor de hombres.

“Es difícil conseguir una transformación social profunda y radical sin la participación activa de la mitad de la población, que somos los hombres”

¿El feminismo no es sólo una cuestión de mujeres?

Si planteamos que la lucha feminista, en última instancia, habla de los derechos humanos, deberíamos configurar organizaciones y estrategias que reúnan al mayor número de personas que quieran empujar en esa dirección emancipadora, más allá de sus identidades o cuerpos. Si queremos subrayar, cuando trabajamos con los hombres, que la igualdad y la lucha contra la discriminación y la violencia machista no son “cosas que solo les pasan a las mujeres”, para que ellos se involucren, tendremos que crear espacios donde puedan hacerlo de forma activa y colectiva. Esta lucha va más allá del cambio individual, que es necesario pero insuficiente sin cambios colectivos y estructurales, por eso, son tan necesarios espacios mestizos e integradores como La Asamblea Moza d’Asturies o el MUSOC.

¿Cómo podemos frenar esa radicalización derechista que parece estar creciendo entre los hombres heterosexuales?

Los temas de la igualdad el feminismo y la violencia machista son solo algunos de los de los elementos que hoy están presentes en la radicalización derechista de un sector de hombres y creo que las principales causas tendremos que buscarlas, en elementos económicos, estructurales y sociales más amplios La desaparición de las certezas de vida en cuanto a un fututo profesional autosuficiente, el acceso a la vivienda, la desconfianza en la política y la sensación de que si no triunfas es culpa tuya sin que importen las causas sociales, entre ellos. Ha cambiado también la posición social de las mujeres y de la igualdad como un valor social, de hecho son quienes más han cambiado en los últimos años abriendo grietas en los roles  de género tradicionales y ocupando lugares que estaban muy masculinizados. También tenemos que tener en cuenta de qué manera intervienen de manera interseccional otros ejes de desigualdad en esos hombres, tales como la clase social, la edad….. entre los propios hombres no todos ocupamos los mismo lugares ni posiciones sociales de ventaja y privilegio.

¿Qué podemos hacer frente a esta reacción a la crisis de la masculinidad tradicional?

Está claro que esa reacción contraria a la igualdad y a las propuestas feministas y que debemos prestarle atención. No podemos simplemente descalificarla tildándola de machista, patriarcal o fascista. Si bien hay un grupo que claramente defiende ideológicamente el patriarcado y el sexismo moderno, creo que muchos de los hombres que hoy expresan resistencias, incluso de forma radical, están transmitiendo frustraciones individuales y colectivas que van más allá de su opiniones frente a las propuestas de igualdad. En parte, están intentando construir una identidad masculina que les brinde la seguridad y fortaleza que no encuentran en sus expectativas sociales y encuentran en el feminismo y los cambios que ha impulsado, igual que en las personas migrantes, un chivo expiatorio de sus frustraciones. Escuchar lo que dicen y analizarlo para conseguir un cambio en esas posiciones nos obliga también a realizar un análisis crítico de algunas propuestas y debates que, desde algunos sectores del feminismo, se impulsan y que, en mi opinión, son contraproducentes y alimentan esas resistencias masculinas.

Josetxu Riviere. Foto: Alejandro Nafría

¿Algún ejemplo concreto?

Sin ir más lejos, el debate de este otoño sobre la idea de que ‘los hombres somos violadores en potencia’ no ha movilizado la conciencia crítica masculinas contra la violencia machista, sino que ha aumentado las dudas y resistencias. Más allá de que es una afirmación que no comparto, es tremendamente contraproducente.

¿Qué papel pueden jugar los hombres en la erradicación de la violencia machista?

Es urgente que los hombres nos comprometamos activamente en la lucha contra la violencia machista. Creo que cada vez hay más conciencia sobre la importancia y el alcance de la violencia machista y más hombres se están sumando a manifestaciones y acciones públicas, sin embargo es sobre todo en los hombres donde nos encontramos con mayores resistencias a la hora de poner en marcha medidas activas contra la violencia machista, de alguna manera creo que a muchos hombres les cuesta ponerse en el lugar de las mujeres que sufren la violencia o las discriminaciones  y lo ven con una especie de distancia neutra por eso es fundamental desde el feminismo impulsar líneas de trabajo que se dirijan a trabajar con los hombres las consecuencias y el alcance de la violencia machista. Considero que es, además, una obligación ética participar de forma activa, tanto en nuestra vida cotidiana como en la creación de valores comunitarios compartidos que impulsen cambios profundos favorables a los buenos tratos y contra la violencia machista. Existen muchas formas de hacerlo: desde criticar las actitudes de otros hombres, revisar nuestros propios comportamientos, hasta apoyar iniciativas públicas o en nuestros entornos laborales en contra de la violencia machista. La implicación contra la violencia hace necesario cuestionarnos los modelos de masculinidad en nuestros entornos y promover el respeto, la igualdad y la empatía. También es necesarios poner en cuestión los estereotipos de género que perpetúan la violencia y promover espacios de diálogo y reflexión entre hombres para cuestionar los roles de género tradicionales y construir masculinidades cuidadoras e igualitarias. Es importante subrayar que la defensa del derecho a una vida libre de violencia machista no quita ni reduce ningún derecho a los hombres, sino que contribuye a una sociedad mejor, más justa y equitativa. Y, en ese sentido, también nos hace mejores a nosotros mismos.

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