Después del espectáculo en que Donald Trump convirtió su carrera hacia un segundo mandato, coronado ayer con una investidura grotesca plagada de momentos tanto vergonzantes como aterradores, es imposible no evocar la serie británica “Years and Years”. A través de la mirada de la familia Lyons en un Reino Unido post-Brexit, la serie explora cómo el ascenso de una política populista, interpretada magistralmente por Emma Thompson, teje un futuro distópico tan plausible como inquietante.
Para entender las similitudes con nuestra “realidad alternativa”, situemos la acción. En “Years and Years”, el ascenso de Vivienne Rook (Thompson) comienza con un debate televisivo en el que le preguntan por la reducción por parte de Israel de la electricidad en Gaza a tan solo dos horas diarias. Su respuesta, podría perfectamente haber salido de la boca de Trump o Elon Musk: “La verdad es que tanto Israel como Palestina me comen el coño; lo único que quiero es que me recojan la basura una vez a la semana”.
Con esta declaración, la serie introduce a una política millonaria aparentando ser “una más de nosotros”, alguien que, sin filtros y con una espontaneidad cuidadosamente ensayada, dice lo que piensa sin temor a incomodar al “mundo woke”. A través de sus declaraciones incendiarias, Vivienne Rook identifica y magnifica los temores de una ciudadanía que, hasta ese momento, no sabía que tenía miedo.

La llegada de Viv al 10 de Downing Street desencadena una cadena de acontecimientos que trastocan el mundo de los Lyons: represión a minorías, encarcelamiento de periodistas, prebendas para empresarios amigos, un estado policial cada vez más opresivo y, finalmente, la creación de campos de concentración para inmigrantes. Estos horrores terminan provocando su caída, pero la enseñanza más perturbadora de la serie es clara, una vez que se abre la brecha del populismo autoritario, los monstruos no dejan de aparecer.
Hemos tolerado, incluso normalizado, el auge de las conspiranoias, el negacionismo y el racismo, creyendo ingenuamente que nadie los tomaría en serio
Si no se hubiera especificado que hablamos de una serie, la sinopsis de Years and Years podría pasar perfectamente como un retrato de lo que promete ser un mandato doloroso e inmisericorde para los más desfavorecidos. Sin embargo, otra referencia igualmente pertinente sería “El hombre en el castillo”, la adaptación de la novela de Philip K. Dick. Esta ucronía imagina un Estados Unidos dividido en tres zonas tras una hipotética victoria de Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial: un área bajo control japonés, una de estados autónomos y otra gobernada por el nazismo. La conexión es imposible de ignorar tras ver a Elon Musk realizar en dos ocasiones el saludo nazi y que además viene de animar al electorado alemán a votar por los herederos del nazismo. La normalización de lo impensable augura momentos tenebrosos para el mundo progresista.

Las primeras decisiones del nuevo mandato de Trump apuntan a un futuro plagado de retrocesos y tensiones: militarización de la frontera con México, salida de los Acuerdos de París y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), promoción de movimientos antivacunas y negacionistas, el empoderamiento de las facciones más ultras de las iglesias evangélicas, censura de libros al más puro estilo nazi, ataques a los derechos reproductivos y al colectivo trans, y la imposición de aranceles que penalizan al resto del mundo. Pero estos no son más que los primeros pasos de algo mucho peor.
En este contexto, será interesante ver cómo Santiago Abascal, invitado personalmente por Donald Trump, justifica al sector agroalimentario español —al que previamente apoyó incondicionalmente en sus protestas— que ahora se alinee con quien impondrá aranceles a sus exportaciones. También quedará por ver cómo se responde a las exigencias de Trump de aumentar el gasto militar en la OTAN a un imposible 5% del PIB que previsiblemente quedará en torno al 3% y que solo podrían cumplirse con recortes, especialmente sociales.
Las distopías que habitaban en la ficción han irrumpido en nuestro presente. La pregunta ya no es si estamos avanzando hacia un retroceso democrático, sino cuán profundo será ese retroceso, cuánto costará revertirlo y, sobre todo, qué podemos hacer para minimizar el daño. Porque otra de las lecciones que nos dejaba Years and Years, quizá la más importante, era que el ascenso de los monstruos no sucedía sin más. Hemos tolerado, incluso normalizado, el auge de las conspiranoias, el negacionismo y el racismo, creyendo ingenuamente que nadie los tomaría en serio.
Sin embargo, el mundo post-COVID no es el mismo que conocíamos. Los totalitarismos acechan cada vez más cerca. Trump, Putin, Milei, Le Pen, Orbán, la AfD… el horror, disfrazado de cercanía ya está entre nosotros. Mientras tanto, seguimos debatiendo sobre trivialidades, distrayéndonos con el sentido de la vida o a qué huelen las flores, ignorando que la amenaza es real y urgente.
Es momento de activarse, la ola autoritaria no se detendrá, y si no nos organizamos, si no resistimos, nos arrasará sin contemplaciones. Ahora es cuando debemos juntarnos con los comunes, con los cercanos, con los amigos. Abrazarnos y fortalecernos juntos, porque si algo es seguro, es que solo quienes estén preparados podrán enfrentar lo que viene. Que al menos, cuando el horror pique a nuestra puerta, nos encuentre dispuestos a luchar.



























