“Asturias es un ejemplo perfecto de diversidad cultural”

Amanda Masha Caminals es la directora artística de la Bienal de Arte, Arquitectura y Clima, que se celebrará en Avilés el próximo año.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

Este lunes se presentó la Bienal de Arte, Arquitectura y Clima, un evento que arrancará en mayo de 2026 en Avilés, y que será el primer evento de este tipo con un modelo completamente nómada y sostenible en Europa. Amanda Masha Caminals, su directora artística, combina en su discurso la pasión por la transformación cultural con una visión pragmática y urgente frente a la crisis climática. Durante la entrevista, la combinación de su sonrisa constante y un tono reflexivo proyectan el entusiasmo y el compromiso con el que aborda este proyecto. “La cultura y la política deben tomar el relevo de la ciencia”, afirma con convicción, dejando claro que la Bienal busca ser más que una reflexión: pretende movilizar hacia la acción.

En el Ayuntamiento de Avilés, se firmó el protocolo de actuación que da inicio oficial a esta primera edición que se celebrará en poco más de un año. Esta ciudad, símbolo de transformación tras su pasado industrial, fue elegida como sede inaugural para destacar su apuesta por la sostenibilidad. “No solo queríamos un espacio que representara los retos climáticos, sino también el espíritu de reinvención que necesitamos promover”, explica Amanda Masha.

La Bienal busca transformar no solo el contenido de las prácticas artísticas, sino sus propios métodos, uniendo el cuestionamiento conceptual con la acción concreta. Para Masha, esta iniciativa “es un espacio para innovar y crear cambios reales”, mostrando cómo el arte y la cultura pueden liderar la transición hacia un futuro más sostenible. Con esta Bienal, se quiere demostrar que el arte no es un lujo frente a la crisis climática: “Es una herramienta esencial para imaginar y construir futuros posibles.”

¿Qué inspiró la creación de la Bienal Climática y de qué forma pretende diferenciarse del modelo tradicional de bienales de arte?

La Bienal Climática surgió de la necesidad de conectar el arte con las transformaciones que estamos viviendo en nuestras ciudades y territorios. En la Fundación Atelier ITD, donde trabajo, llevamos tiempo generando proyectos que vinculan el arte con las políticas públicas, como la transformación urbana y la participación comunitaria. Nos dimos cuenta de que, aunque estos proyectos eran relevantes a nivel local, necesitábamos crear un espacio de mayor alcance para conectar todas esas iniciativas y que tuvieran más impacto. Por eso, la bienal se plantea como un gran contexto de colaboración. En cuanto a la diferencia con las bienales tradicionales, no solo buscamos abordar el cambio climático como contenido, sino también replantear las prácticas culturales y artísticas desde una perspectiva de sostenibilidad.

“Como en la bienal buscamos vincular el arte con proyectos de ciudad, Avilés nos pareció el lugar perfecto para iniciar este proyecto.”

¿Por qué eligieron Avilés y Asturias como sede inaugural de la Bienal?

Avilés es una ciudad con un pasado industrial, y fue una de las más contaminadas de Europa en los años 70. Sin embargo, en las últimas décadas ha empezado a repensar su modelo de desarrollo, no solo a través de la agenda urbana, sino también mediante la cultura. Como en la bienal buscamos vincular el arte con proyectos de ciudad, Avilés nos pareció el lugar perfecto para iniciar este proyecto. Además, queríamos evitar comenzar en ciudades como Madrid o Barcelona para apostar por un modelo descentralizado y dar protagonismo a otras regiones de España.

¿Cómo combinará esta bienal la reflexión conceptual sobre el cambio climático con la acción concreta?

Desde el principio, nuestra intención fue hacer más que una bienal que simplemente reflexione sobre el cambio climático. Lo que estamos haciendo es repensar todas nuestras prácticas de producción artística y comisariado, buscando que sean sostenibles. No solo hablamos de sostenibilidad como contenido, sino que también aplicamos ese concepto a la organización misma del evento. Hemos creado un plan de sostenibilidad para monitorear el impacto de la bienal, y también estamos trabajando con los artistas y las instituciones colaboradoras para que replanteen sus propias prácticas. La acción concreta también se dará a través de otras líneas de trabajo, no solo en el formato expositivo tradicional, sino también a través de la mediación artística y el trabajo con comunidades específicas.

Foto: David Sánchez Aguilar.

¿Qué ventajas tiene hacerlo de esta manera?

El principal beneficio es que, al tomarnos el tiempo para repensar el modelo, nos damos espacio para la innovación, la experimentación y también el error. Crear algo verdaderamente innovador no siempre es fácil, y necesitamos espacio para pensar de manera diferente. Si hubiéramos seguido un modelo tradicional, no tendríamos la misma flexibilidad para experimentar y cambiar de rumbo si es necesario. Este espacio para la reflexión y el error es vital para el proceso creativo y transformador que queremos lograr con la bienal.

¿Cuáles han sido los principales desafíos y aprendizajes al proponer un modelo descentralizado y sostenible para la bienal?

El principal desafío es salir de lo convencional. Al proponer un modelo descentralizado, tuvimos que repensar cómo organizar el evento de una manera equitativa entre territorios. Esto no solo implica coordinar diversos actores, sino también garantizar que las prácticas sean sostenibles en todos los aspectos: ambiental, social y económico. Este enfoque ha añadido complejidad, pero también ha sido una oportunidad para innovar y colaborar con otras instituciones

“Una de las líneas más importantes de la bienal es la mediación artística, que no se enfoca solo en la creación de obras de arte, sino en trabajar directamente con comunidades locales.”

¿Se prevén mecanismos para evitar riesgos de prácticas de greenwashing en este evento, como ocurre en tantos otros?

Greenwashing es un término que hace referencia a las prácticas de marketing en las que empresas o instituciones pretenden ser más ecológicas o sostenibles de lo que realmente son. Creemos firmemente que la transición ecológica debe ser justa, inclusiva y honesta. Es fundamental que los sectores involucrados no se queden solo en el discurso, sino que actúen de manera coherente con sus principios. El riesgo del greenwashing siempre está presente, por eso nos estamos asegurando de que todos los actores involucrados en la bienal realmente estén comprometidos con la sostenibilidad. Esto incluye no solo la parte ambiental, sino también la social. Queremos que los procesos sean transparentes y que cualquier entidad que participe esté dispuesta a rendir cuentas sobre sus prácticas, porque nuestra misión es contribuir de forma genuina al cambio, no solo a través de la reflexión, sino con acciones reales que reflejen ese compromiso.

¿Qué estrategias se están utilizando para incluir a comunidades marginadas o menos involucradas en eventos culturales?

Una de las líneas más importantes de la bienal es la mediación artística, que no se enfoca solo en la creación de obras de arte, sino en trabajar directamente con comunidades locales. A través de esta colaboración, buscamos que las propias comunidades identifiquen sus necesidades y trabajen junto a los artistas en la creación de proyectos. La idea es involucrar a las personas desde el inicio, asegurando que no impongamos proyectos desde fuera, sino que respondamos a lo que ya está ocurriendo en los territorios.

Foto: David Sánchez Aguilar.

¿Puede adelantarnos algo sobre la programación?

Aún estamos trabajando en la programación, pero sí puedo contar que una de las líneas principales será la vinculación entre arte, ciencia y políticas públicas. En colaboración con la Agencia Estatal de Meteorología (EMET), por ejemplo, hemos lanzado una línea de residencias artísticas donde los artistas trabajarán con expertos en ciencia y comunicación, contribuyendo a la creación de proyectos interdisciplinarios que aborden el cambio climático desde múltiples perspectivas.

¿Cómo se está creando el consorcio europeo para la Bienal?

Estamos promoviendo la creación de un consorcio europeo para trabajar en la transición ecológica desde el arte y la cultura. Este consorcio incluirá a varias instituciones y organizaciones con las que ya hemos comenzado a colaborar. La idea es que, más que posicionarnos como un referente internacional, el objetivo es cambiar el paradigma de la cultura y el arte en relación con la sostenibilidad, trabajando juntos, colaborando y aprendiendo de otras iniciativas como la Clima Biennale o la Triennal de Arquitectura de Lisboa.

¿Por qué es fundamental destacar la riqueza lingüística y cultural de Asturias en un proyecto de estas características?

Asturias es un ejemplo perfecto de diversidad cultural, y no solo desde el punto de vista lingüístico. Su lengua asturiana y las tradiciones locales son fundamentales para entender la identidad de la región. Como bien me dijo un colaborador local, “el futuro de la sostenibilidad está en las raíces”. Por eso, queremos que la bienal refleje esa riqueza cultural, involucrando a las comunidades y utilizando el arte como una herramienta de transformación, porque entendemos que no solo se trata de hablar del cambio climático, sino de construir una cultura que impulse el cambio.

Foto: David Aguilar Sánchez

¿Cómo imaginan la evolución de este proyecto en el futuro?

La Bienal Climática tiene vocación de ser un modelo nómada. La idea es que, después de esta primera edición en Avilés, el evento se traslade a otros territorios, tanto en España como en Europa. La Bienal Climática no es solo un evento, es una invitación abierta a todas las personas que creen que el cambio es posible. Juntos podemos crear un futuro donde la sostenibilidad sea nuestra cultura, y la creatividad, nuestra herramienta más poderosa para construirlo.

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