“Es un escándalo que aquellos con seguro privado reciban mejor atención, mientras los demás se quedan atrás”

Juanjo Castro presentó en MUSOC "7291", un documental sobre las muertes de ancianos en las residencias madrileñas durante la pandemia.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

El CMI El Llano de Gijón acogió este miércoles el estreno en Asturias de “7291”, el documental dirigido por Juanjo Castro que ha sacudido la conciencia pública con su desgarradora mirada a uno de los momentos más trágicos de la pandemia: la muerte de más de 7.000 ancianos en las residencias de la Comunidad de Madrid durante la primera ola del Covid.

El documental, que forma parte de la Muestra de Cine Social y Derechos Humanos (MUSOC), revela cómo las decisiones políticas y la precariedad del sistema de cuidados impidieron que muchos ancianos recibieran la atención hospitalaria necesaria, dejando al descubierto las deficiencias de un sistema al borde del colapso, incluso antes de la pandemia, y de unas decisiones políticas de las que nadie se ha hecho responsable hasta hoy. A través de entrevistas con familiares, políticos, médicos y periodistas, “7291” no solo narra los hechos, sino que también busca entender y explicar las causas de estas muertes.

A pesar de no contar con el respaldo de grandes distribuidoras y trabajar con un presupuesto ajustado, el documental está cosechando un gran éxito entre el público, agotando las entradas en ciudades como Madrid y Barcelona.

Después de su presentación en Gijón, 7291 volverá a Asturias el próximo 13 de febrero, esta vez en la Casa de la Cultura de Avilés, ofreciendo otra oportunidad para que los espectadores se enfrenten a esta poderosa obra cuyo extenso contenido “no cabe en un artículo o una entrevista”.

Para empezar, hablemos sobre el origen del documental. ¿Cómo comenzó todo?

El origen de todo fue un libro que llegó a mis manos por casualidad, sin buscarlo. No estaba pensado como una fuente de inspiración para un documental, lo leí simplemente por leer. Pero el impacto fue tan profundo, me dejó tan afectado, que supe que tenía que hacer algo al respecto. El libro es “Morirán de forma indigna”, que describía lo ocurrido en Madrid durante la pandemia. Un libro escrito por Alberto Reyero, el ex consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid en 2020 y que era de Ciudadanos. Me di cuenta de que si yo, que estoy tan involucrado en estos temas, desconocía esta historia, la mayoría de la gente tampoco la conocería.

¿Cómo se desarrolló la investigación que llevó al documental?

A medida que realizaba el documental, mi comprensión del asunto crecía y con ella mi opinión personal, aunque he procurado mantenerla fuera del documental. Creo que nuestra sociedad, en general, está descuidando a nuestros mayores. Al documentar lo ocurrido en las residencias durante los meses más críticos, descubrí que el modelo actual de cuidados es insostenible. No sólo murieron uno de cada cinco residentes en Madrid, sino que la situación era alarmante en muchas otras comunidades. Las residencias, según descubrí, están en condiciones lamentables, y lo peor es que están clasificadas como centros sociales cuando en realidad necesitan ser centros sociosanitarios debido a las condiciones de salud de sus residentes.

En su documental, ha optado por presentar más datos y cifras que emociones, ¿fue esta una decisión consciente?

Sí, fue totalmente intencionado. Decidí centrarme en los datos porque creo firmemente en la importancia de informar con precisión. Aunque el documental contiene momentos emocionantes, quería que los espectadores comprendieran la magnitud de los hechos a través de la evidencia sólida y no solo a través de la emoción. Si me hubiera dejado llevar por el sentimentalismo, podríamos haber terminado con un documental donde las emociones opacaran los hechos críticos. Apelar a la emoción puede ser poderoso, pero también puede desviar la atención de los datos y los hechos cruciales. Por supuesto, hay momentos en el documental que son verdaderamente desgarradores, y he visto a la audiencia emocionarse profundamente. Sin embargo, mi objetivo es que los espectadores no solo sientan, sino que también entiendan y reflexionen. Quiero que se den cuenta de lo que realmente sucedió, que comprendan la gravedad de la situación a través de un análisis riguroso y no solo a través del impacto emocional.

“Apelar a la emoción puede ser poderoso, pero también puede desviar la atención de los datos”

El documental tiene mucha potencia documental y además huye de la polarización política. Sin embargo no ha tenido el apoyo de grandes distribuidoras, a pesar de que ha tenido mucho éxito allá donde se ha proyectado, especialmente en Madrid. ¿A qué cree que es debido?

Distribuir un documental sobre un tema tan sensible y profundo siempre iba a ser complicado. Al principio, traté de involucrar a grandes distribuidores, pero rápidamente me di cuenta de que no habría mucho interés de su parte debido a la naturaleza del tema y a las posibles controversias que podría suscitar. Por lo tanto, decidí moverlo por mi cuenta, utilizando mi experiencia previa en la distribución de trabajos documentales independientes. Ha tenido un éxito sorprendente, especialmente considerando su naturaleza independiente. Este éxito no hubiera sido posible sin el apoyo inicial de las asociaciones de familiares afectados por las cuestiones que se tratan en el documental. Su apoyo fue crucial no solo para dar credibilidad al proyecto sino también para difundirlo. Tras enseñárselo a personas clave como Alberto Reyero y al periodista Manuel Rico y recibir su aprobación, el documental ganó tracción rápidamente, especialmente en las redes sociales. En Madrid y Barcelona, las proyecciones han sido muy concurridas, lo que demuestra el interés y la relevancia del tema. De hecho, el documental ha generado suficiente interés como para asegurar múltiples pases en diversos cines, lo cual es un logro notable para un proyecto tan independiente.

Juanjo Castro en MUSOC. Foto. Equipo de foto de MUSOC.

¿Cuál considera que es el elemento más destacado de su documental?

Lo más notable del documental es cómo ilumina las decisiones políticas que, lamentablemente, resultaron en la pérdida de vidas humanas. Estas decisiones son evidenciadas a través de datos objetivos y testimonios directos obtenidos durante las comisiones de investigación. He intentado presentar estos testimonios de la manera más imparcial posible, asegurando que la narrativa se mantenga centrada en los hechos y no en la polarización política. Este enfoque busca proporcionar una base sólida para que los espectadores comprendan la gravedad de lo sucedido y consideren la importancia de la responsabilidad política.

¿El sistema demostró ser frágil ya antes de la pandemia?

El documental pone de manifiesto desde el principio que el sistema de residencias era increíblemente frágil, mucho antes de la pandemia. Esto se ve claramente en cómo se maneja la atención primaria, que es esencial y no debería ser negada a nadie, mucho menos a quienes dependen completamente de este tipo de cuidados. Descubrir que las residencias son en realidad los hogares de estas personas y que, al estar allí, pierden derechos básicos fue revelador y perturbador. Es fundamental entender que no podemos tratar estos centros como si fueran simplemente lugares sociales cuando en realidad son, y deberían ser, centros de atención sanitaria continua.

¿Y los intereses privados en todo esto?

La estructura de las residencias me impactó enormemente al darse cuenta de que el 85% de estas eran privadas. No tengo nada en contra del sector privado, pero en un área tan sensible como la atención a los mayores, esperarías que la mayoría de las instalaciones fueran públicas para garantizar el acceso y la calidad del cuidado. Esto no solo sucede en Madrid, sino también en Cataluña y en otras comunidades autónomas de España, lo cual es indicativo de un problema más amplio y sistemático. El negocio de las residencias es vasto y está muy controlado, algo que Manuel Rico desgrana en su libro “¡Vergüenza!: El escándalo de las residencias”, que ha sido crucial para entender cómo están gestionadas estas instituciones y cómo el interés privado puede a veces sobreponerse al bienestar de los residentes. Esto me llevó a cuestionar y a poner en contexto cómo nuestras residencias están fallando a las personas que más necesitan de protección y cuidado digno. La situación actual es alarmante y revela cómo la salud y el bienestar de nuestros mayores se ha convertido en un campo de batalla entre lo público y lo privado, donde es evidente que el modelo actual no es el adecuado ni sostenible.

¿Cómo manejó la complejidad del tema de los protocolos llevados a cabo durante aquellos días sobre los criterios de asistencia médica y las diferentes versiones de los hechos que encontró en su investigación?

El tema de los protocolos fue especialmente complicado debido a la cantidad de información contradictoria y la forma en que se manejó en los medios y por las autoridades. En el documental, intenté presentar esta información con claridad, filtrando las numerosas versiones para concentrarme en lo que realmente impactó los eventos. Aunque mi primer corte del documental duró mucho más, tuve que condensarlo a dos horas para mantener la atención del espectador y asegurarme de que el mensaje crucial no se perdiera en un exceso de contenido.

Entonces, a la vista de las diferentes versiones, ¿cuáles son sus conclusiones finales sobre los protocolos y las decisiones tomadas durante la pandemia?

Creo que los protocolos, en sí mismos, no fueron definitivos en cuanto a las consecuencias finales de la crisis en las residencias. Fueron otras decisiones, tomadas en niveles más altos, las que tuvieron un impacto más directo y mortal. Por ejemplo, la decisión inicial era usar la atención primaria directamente en las residencias, lo cual tenía sentido dado que estas instituciones albergaban a los más vulnerables. Sin embargo, se cambió esta decisión, y los recursos se desviaron hacia el IFEMA, un hospital de campaña, dejando a las residencias sin el soporte médico necesario. En el transcurso de las cinco semanas que el IFEMA estuvo operativo, solo 16 personas fallecieron allí, mientras que en las residencias, donde se necesitaba desesperadamente ese apoyo médico, murieron 5,000 personas. La pregunta crítica aquí es por qué se tomaron estas decisiones, por qué se desviaron recursos de donde más se necesitaban. Estas decisiones son, para mí, donde realmente se encuentra el núcleo del problema. La falta de atención adecuada y la redistribución de recursos esenciales probablemente costaron miles de vidas, y esta es una verdad incómoda que el documental intenta sacar a la luz.

¿Cree que la decisión de crear el hospital de campaña de IFEMA fue una operación de propaganda realizado por el gobierno de Isabel Díaz Ayuso?

Mucha gente piensa eso. Personalmente, me resulta difícil asumir que fue solo propaganda, aunque entiendo por qué podría parecerlo. Mi objetivo con el documental siempre ha sido mantenerme neutral y evitar caer en la polarización, dándole voz a los hechos desde varias perspectivas. Es triste pensar que decisiones que afectaron a tantas vidas pudieran haberse tomado solo por razones políticas o de imagen. Me parece una perspectiva muy dura y lamentable para cualquier sociedad que se precie de ser democrática.

Con tantas muertes y aparentemente tan pocas consecuencias, ¿qué opinas sobre la respuesta judicial y gubernamental?

Es frustrante ver la falta de acción legal y de investigación. Más de 70,000 personas fallecieron en residencias por toda España, y aún así, no hay una investigación nacional exhaustiva ni un fiscal especial asignado para estos casos. Esto sugiere una falta de voluntad política para abordar las deficiencias del sistema y posiblemente una intención de ocultar la magnitud real del problema. En Madrid, gracias a esfuerzos como los de Manuel Rico y la transparencia forzada, hemos obtenido algunos datos, pero en otras comunidades, sigue habiendo una gran opacidad. En Madrid sabemos algo porque llegó a haber una comisión con apoyo de la izquierda y Ciudadanos, pero que luego se paró cuando hubo elecciones y el PP ganó por mayoría absoluta. Además, ha habido una comisión ciudadana, y de la que se nutre mucho el documental, donde también se obtuvieron muchas respuestas. Pero, insisto, en otras comunidades también ha habido falta de transparencia en todo lo que pasó, que fue mucho y muy grave.

¿Qué revela esta situación sobre el sistema de residencias y la atención a los mayores?

El documental pone de manifiesto desde el principio que el sistema de residencias era increíblemente frágil, mucho antes de la pandemia. Esto se ve claramente en cómo se maneja la atención primaria, que es esencial y no debería ser negada a nadie, mucho menos a quienes dependen completamente de este tipo de cuidados. Descubrir que las residencias son en realidad los hogares de estas personas y que, al estar allí, pierden derechos básicos fue revelador y perturbador. Es fundamental entender que no podemos tratar estos centros como si fueran simplemente lugares sociales cuando en realidad son, y deberían ser, centros de atención sanitaria continua. Los trabajadores están sobrecargados, y la atención que pueden proporcionar es insuficiente dada la relación de personal a residentes.

Los ratios de trabajadores estipulados por ley son engañosos, ¿no es cierto?

En el documental destaco cómo los ratios de atención son manipulados para parecer más favorables de lo que realmente son. Por ley, se establecen ciertos estándares, pero en la práctica, se juega con esos números. Por ejemplo, se cuentan trabajadores que no están directamente involucrados en la atención al residente, como cocineros y jardineros, dentro de estos ratios. Esto distorsiona la realidad del cuidado que reciben los ancianos, especialmente durante la noche cuando el personal es aún más escaso. Además, la situación se agrava cuando se considera que aquellos con seguro privado reciben mejor atención y derivaciones, mientras que los demás se quedan atrás, lo cual es simplemente escandaloso.

¿Cree que se ha reconocido suficientemente el trabajo de los empleados en las residencias durante la pandemia?

Definitivamente no. Hay una gran desconexión entre cómo se percibe el trabajo de estos empleados y la realidad de su sacrificio y dedicación. Durante la pandemia, muchos trabajadores de residencias fueron etiquetados injustamente, incluso siendo llamados asesinos, mientras que en realidad estaban en la primera línea, arriesgando sus vidas y, a menudo, sin el apoyo adecuado. La situación de los trabajadores es crítica, especialmente considerando que muchos son mujeres e inmigrantes, que ya enfrentan sus propios desafíos. La falta de personal adecuado es un problema grave que solo empeorará si no se toman medidas serias.

¿Qué futuro ve para las residencias en España dado los problemas actuales?

Es alarmante. La demanda de personal cualificado en las residencias es alta y no está siendo cubierta. Los trabajadores son escasos, mal pagados y, a menudo, insuficientemente reconocidos por su labor crítica. Esto plantea una pregunta preocupante sobre el futuro del cuidado de ancianos en nuestro país. Si no se abordan estos problemas de manera integral, temo que la situación solo empeorará. La fragilidad del sistema, expuesta por la pandemia, necesita una revisión profunda y urgente, no solo para abordar las deficiencias actuales sino para prepararse para futuros desafíos. Esto podría ser, en sí mismo, el tema de otro documental, dada la complejidad y la importancia del asunto.

¿Qué deberían hacer los políticos en respuesta a las revelaciones de su documental?

Los responsables políticos deberían tomar las revelaciones del documental como un punto de partida para una investigación exhaustiva, no solo en Madrid, sino en toda España. Es crucial que se llegue a un consenso sobre el modelo de residencias que queremos y cómo abordamos la dependencia en nuestra sociedad, especialmente considerando que España es uno de los países con mayor esperanza de vida. Necesitamos un enfoque más humano y sostenible para cuidar a nuestras personas mayores, asegurando que se respeten sus derechos y dignidad en todas las residencias del país.

Entendiendo que los familiares están buscando justicia, ¿has recibido mensajes de agradecimiento o reconocimiento por parte de ellos? ¿Cómo ha sido la respuesta?

La respuesta de las familias ha sido increíblemente conmovedora. Muchos me han enviado mensajes agradeciendo el documental porque sienten que sus experiencias y su dolor han sido validados y reconocidos públicamente. Un político en Madrid comentó que las heridas ya estaban cerradas, pero la realidad es que las familias aún sienten un dolor profundo, un dolor que no ha sido reconocido oficialmente, ya que ni siquiera han sido recibidos por la presidenta de la comunidad autónoma de Madrid. Esto demuestra que hay una desconexión significativa entre las autoridades y las realidades de estas personas. El documental sirve como un recordatorio de que sus experiencias no deben ser olvidadas y que hay una necesidad urgente de justicia y reconocimiento.

Finalmente, ¿cómo ha impactado emocionalmente en usted la realización de este documental?

El impacto emocional de trabajar en este documental ha sido profundo. Al igual que cuando leí el libro que inspiró el proyecto, hubo momentos durante la investigación y la edición en los que tuve que detenerme debido a la intensidad de lo que estaba descubriendo. Ver las declaraciones y entender las decisiones que se tomaron fue desgarrador. A veces, mientras montaba el documental, me encontraba abrumado por la magnitud de la tragedia y por la realidad de que estas eran personas reales, vulnerables, cuyas vidas fueron afectadas de manera irreversible. Ha sido un proceso emocionalmente exigente, pero también una experiencia que reafirma la necesidad de contar estas historias para fomentar el cambio y la comprensión.

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