En el año 77, en los días previos a la fiesta libertaria de Güell, Ocaña paseaba con Nazario y Camilo por la Rambla de Barcelona llamando mucho la atención con la música tonadillera y sus gestos excesivos. Estábamos en el epicentro de la contracultura de los 70. Ocaña llevaba un sombrero ancho con una pluma enorme, un abanico con el que se acompasaba a la tonadilla, cara fina afilada, zapatos de tacón y un vestido vaporoso de vuelo fácil. Todo su porte era femenino y alocado. Sin cambiar el paso y exagerando un poco los movimientos de cadera, se sube el vestido dejando a la vista su pene a la vez que intensificaba el movimiento del abanico. En 1979 en la televisión austríaca, en uno de esos coloquios de varios intervinientes en un sofá, fumando sin parar, en un momento dado Nina Hagen dice que ella está hablando de la sexualidad femenina. Se sienta en respaldo del sofá, separa sus piernas, y señala con sus manos en el pantalón el punto en el que hay frotar para masturbarse con placer, y sin dejar de hablar cambia un par de veces de postura para ofrecer más posibilidades a la audiencia femenina. El moderador no reaccionó y pagó después el escándalo. Con menos nivel, estos días el diputado llariego Javier Jové se refirió a las actividades para la coeducación como chochocharlas, mientras Isabel Ayuso decía que las treinta y siete horas y media de dedicación laboral establecidas por el Gobierno le parecían una barbaridad, que por qué no diez o doce horas a la semana.
La provocación es un molde, no un contenido. La provocación es como la manifestación callejera: sirve para expresar cualquier tipo de mensaje. Es un paso más que el cinismo y uno menos que la amenaza de matón. El cinismo no es hipocresía. El hipócrita miente y hace lo contrario de lo que predica. Fue hipócrita el PSOE de los 80 con la corrupción y suele serlo la Iglesia. El cínico no miente, exhibe con desparpajo su desprecio a las normas de los demás. Con la corrupción el PP acostumbra a ser cínico. La expresión castiza de «tener mucho cuajo» suele ser aplicable al cínico. Miren a Mazón, el cacho cuajo que se gasta. El cinismo incomoda, pero la provocación desafía y escandaliza. Los ejemplos del primer párrafo buscan escandalizar. La provocación se emplea como táctica, porque el que escandaliza muchas veces tiene ventaja sobre el escandalizado. Etimológicamente, el escándalo es un obstáculo con el que se tropieza, algo que te hace perder el paso. Se provoca para sacar de quicio, para que los otros pierdan el paso y se dispersen en reacciones alteradas, paralizantes y medio incrédulas. El que llama chochocharlas a las actividades de coeducación busca estupor, incredulidad y parálisis. Porque el escandalizado está así: sorprendido, incrédulo y paralizado. La provocación consigue otro efecto ventajoso. Afianza la cohesión grupal. La provocación no funciona sin clac, sin el coro de los que se divierten y se reafirman con el desafío. Y ese grupo se hace más visible, aumenta la debilidad de los desafiados y parece mayor de lo que es. Muchas especies erizan los pelos en el estrés del combate para lo mismo, para parecer mayor de lo que se es.
El cinismo incomoda, pero la provocación desafía y escandaliza
La provocación para los mensajes propios es apetecible, porque da ventaja, gusta a los jóvenes y es divertida. El problema es que no escandaliza el que quiere sino el que puede y eso no depende de decisiones propias. La provocación es idéntica al ridículo, solo cambia la relación de fuerzas. Provocas cuando tu clac es más fuerte, cohesionada y ruidosa que los provocados, que así caen en ese estado de debilidad que es el escándalo. Si no tienes ese coro, es demasiado débil o tú no tienes el suficiente peso social, no consigues el escándalo y haces el ridículo. Es obvio que si intento yo hacer el numerito de Nina Hagen en la TPA haría un sonoro ridículo. También depende de cómo sea el grupo desafiado por la provocación. Hay grupos muy escandalizables que hacen fácil la provocación. La Iglesia, por la naturaleza compulsiva y fuertemente doctrinal de su credo, siempre fue propensa al escándalo y siempre fue habitual desafiarla con irreverencias provocadoras. También la izquierda. Uno de los éxitos tácticos de la ultraderecha es haber comprendido lo parecida que es la izquierda a una monja asustada y amoldar sus irreverencias a presa tan escandalizable. Suena horrible, claro, lo de las chochocharlas. Cualquier programa educativo que tenga que ver con la igualdad tiene, a ojos de estos tarados, forma de entrepierna. Pero el efecto no se hace esperar. A la izquierda se le agolpa la indignación en la garganta de tantas quiebras que se juntan en una sola palabra, cae en un discurso atropellado, indignado, errático y previsible y llega a la ternura de desmentir la zafiedad, de enfatizar que la coeducación no va de coños y ni siquiera son charlas obligatorias. El escándalo hace honor a su étimo y el progrerío pierde el paso. No digo que sea fácil. Supongo que, si fuera diputado, me apetecería decirle a Jové que leí algún documento de coeducación, como el elaborado programa Skolae, sin tener visiones de chochos y me pediría el cuerpo preguntarle si él se hace pajas leyendo ese tipo de materiales y si se lo hace a solas o en el Club de los Viernes lo hacen en grupo. Pero la provocación no es de quien quiere sino de quien puede. Los míos, los progres, tienen mucho de monjas y no estoy seguro de si la clac que necesita la provocación para afrentar a los acémilas estaría aún más asustada que antes. Me pediría el cuerpo decirle a Ayuso que eso de que las treinta y siete horas y media son demasiadas, que por qué no diez o doce, seguro que no es una ironía, que seguro que pasa mucho tiempo con su novio y, a partir de esa experiencia, efectivamente treinta y siete horas y media a la semana le parece trabajar una barbaridad. Pero los míos perderían el paso con su siguiente exabrupto de marquesa destemplada. No debería ser tan difícil entrenarse para no reaccionar y guardar cada zafiedad del rival como lo que podría ser: una bala; una bala para usar en el momento apropiado que convierta la provocación en lo que queda de ella fuera del momento del calentón pandillero: el ridículo.

Lo cierto es que la convivencia se compone de hilos invisibles que limitan y que prohíben. Los semáforos nos protegen a todos, pero qué latoso es un semáforo en cada cruce. La gente sufre, está desorientada, camina como por una de esas atracciones de feria en que el suelo se mueve y solo puedes aspirar a mantenerte en pie. En tal ambiente, ese conjunto de hilos invisibles que hacen amable y viable la convivencia, todos esos semáforos que nos permiten circular a todos se perciben como mojigaterías cargantes. El exabrupto y la irreverencia con derechos y respetos suena liberador o rebelde, como una audacia que nos afloja una faja oprimente. Mauro Entrialgo llamó «malismo» a esta tendencia de que la ostentación de lo reprobable y despreciable dé beneficios sociales, comerciales o electorales.
La provocación es de quien puede, decía. Echo de menos cuando era la izquierda la que hacía santiguarse escandalizada a la carcunda y el facherío. En tiempos de malismo, donde la izquierda es lo que queda de la democracia liberal, es más fácil que una bravata progre caiga en el ridículo a que consiga provocar, precisamente porque le toca hacer de guardián de la convivencia democrática. Que sea difícil no quiere decir que no se pueda hacer si se hace lo que siempre hay que hacer: sentarse a trabajar. El primer paso es asumir que son tiempos de combate, que las oligarquías golpean las libertades y la justicia social sin disimulos. Trump ya pasó de la provocación al matonismo y la amenaza. Un rencor de clase, civilizado pero rencor, un cierto hierro debe dar aire de combate al discurso izquierdista. La socialdemocracia, sin ese hierro, fue un azucarillo en la taza hirviendo del neoliberalismo, y más del autoritarismo ultra actual. En ese contexto de conflicto se puede recuperar la clac necesaria para la provocación, tan necesaria para la sonrisa. Echo de menos la provocación, me da envidia que los fachas se diviertan más.



























