León se manifiesta contra los «cuentos»: claves de la convocatoria del 16-F

Sindicatos, partidos y asociaciones se movilizan este domingo para exigir un futuro que una mayoría social identifica con una autonomía propia.

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Pablo Batalla
Pablo Batalla
Es licenciado en historia. Colabora con medios como La Marea, Público o Jot Down y es coordinador de El Cuaderno. Es autor de 'Yo podría haber sido Fidel Castro' (2024).

«Más soluciones y menos cuentos». Esto pide para León la manifestación convocada por CCOO, UGT, USO y CGT para el domingo 16 de febrero, y que aspira a reeditar el carácter multitudinario que tuvo la que recorrió las calles de la capital provincial en la misma fecha de 2020, con unos ochenta mil participantes. Una convocatoria de carácter inusitadamente masivo. La secundan más de sesenta asociaciones de todo tipo y, entre ellas, lo mismo el Partido Popular que el Movimiento Socialista. Una unanimidad asombrosa en tiempos de polarización, que el periodista Antonio Vega, director del diario digital iLeón, atribuye a la evidencia y el consenso acerca de la calamitosa situación de la provincia. «En la sociedad leonesa», asevera, «hay una sensación de que las cosas no van bien, ni han ido bien en las últimas décadas. Hay una despoblación galopante y la situación económica no mejora como la economía de España. Cuando las cosas van bien en España, aquí no van tan bien; y cuando van mal, aquí van peor. León, ahora mismo, crece un punto menos que el resto de Castilla y León».

La convocatoria sucede también al fracaso de algunas cosas que se pusieron en marcha después de la de hace un lustro, y singularmente, de la Mesa por el Futuro de León, anunciada a bombo y platillo y a la que habían de sentarse la Diputación Provincial, la Junta de Castilla y León, y el Gobierno de España. Creada «para callar a la calle» al decir del escritor Abel Aparicio, buen conocedor de la provincia y sus entresijos, «nació muerta», una opinión que comparte Antonio Vega, que resume la breve vida del organismo como «un chiringuito creado de la nada, que pagó un informe a Tragsa que acabó en el cubo de la basura y que en teoría iba a ser un revulsivo económico, con una agenda de inversiones, pero acabó en nada, en una tomadura de pelo». El informe en cuestión era el Plan Estratégico de León, que costó 161.722,94 euros y que —como se relata en un artículo en iLeón— «debía entregarse antes del 31 de diciembre de 2022. El documento final, de pobre contenido por sus obviedades y pocas alternativas concretas o novedosas, se terminó mucho más tarde y la Diputación lo guardó más de un año en un cajón hasta que lo publicó de extranjis ante la insistencia de iLeón vía Transparencia para conocerlo, saltándose todos los pasos obligatorios y oficiales».

Pancarta leonesista.

Estos son los cuentos que la nueva manifestación exige que se terminen. Entre las soluciones soñadas, ha adquirido mucha fuerza en los últimos años la reivindicación de una autonomía leonesa, nada marginal ni confinada a sectores de izquierda. Vega recuerda que el sueño autonómico «permea a toda la sociedad. Las encuestas indican que es el sentimiento mayoritario; que más de la mitad de la población es favorable en los últimos años», y que «hay incluso muchos votantes de Vox que quieren una comunidad autónoma»: un hecho sorprendente, pero que se atestigua en las efusiones leonesistas que Santiago Abascal llegó a hacer en la última campaña para las elecciones generales, durante la cual se presentó en León ondeando la bandera purpurada con el león rampante, prometiendo a los leoneses devolverles la identidad que se les robó en la Transición y cargando contra el «centralismo» de una comunidad artificial, la de Castilla y León.

El embudo vallisoletano

La transversal sensación, más justa o menos, es de que esta autonomía con más superficie que Portugal es un embudo dirigido hacia Pucela, una capital que no lo es legalmente, pero sí a todos los niveles fácticos. Abel Aparicio lo ilustra con un caso que asegura conocer en la localidad en la que reside, Astorga. «Una empresa local que no puedo mencionar me dijo que le habían propuesto trasladarse al parque de Boecillo, en Valladolid; que le ponían la alfombra roja, todo tipo de facilidades, publicidad de la Junta, todo lo que quisieron y más. Esa empresa se negó y quiso seguir en Astorga, y, desde ese momento, se acabaron las facilidades de la Junta». Valladolid, recuerda Aparicio, concentra los centros sindicales y políticos, las ambulancias, la sede de la Confederación Hidrográfica del Duero, los bomberos… y hasta la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León, algo que motiva chistes mordaces sobre el pico más alto de la provincia pucelana: el cerro Cuchillejo, de 934 metros y consistente en una mera planicie ligeramente elevada. En una comunidad autónoma que incluye una parte de los Picos de Europa, la sierra de Gredos o la Montaña Palentina, una posible descentralización institucional bien podría empezar por ahí.

Manifestación leonesista en la Transición.

Aparicio enumera otros agravios. «Cualquier empresa gorda que viene es para Valladolid; cuando haces el nudo ferroviario del noroeste, lo pones en Valladolid; en El Bierzo, el nudo de Manzanal está muerto, la autovía con Ourense sin empezar, la que quiere comunicar Ponferrada con Oviedo a través de La Espina, sin empezar; el parque agroalimentario de la Junta, que va a venir para El Bierzo, sin empezar… El interés por León es cero». Lo cual resulta especialmente lacerante para una provincia que resultó muy castigada por una reconversión industrial que —como apunta el geógrafo Manuel Maurín Álvarez, nacido en Villablino de padres asturianos, y profesor en la Universidad de Oviedo— fue más dura que la asturiana, debido a una dependencia mucho mayor de las comarcas mineras leonesas de los pozos, y al mayor aislamiento de sus localidades.

Los dos partidos mayoritarios acuden a la convocatoria mientras se echan mutuamente las culpas. Como apunta Antonio Vega, «el PP lleva casi cuarenta años gobernando la comunidad autónoma y el PSOE considera que cuando mejor le ha ido a León ha sido cuando ellos estaban en el Gobierno central. Y es verdad que Zapatero aprobó inversiones históricas para León, que luego cortó el PP de Rajoy, bien es cierto que en un contexto de recortes globalizados». Sea como sea, son los partidos que han tenido históricamente las riendas de las posibles soluciones. Al igual que en 2020, en este 2025 la manifestación se produce bajo un reparto del poder en el que el PP detenta la Junta de Castilla y León, y el PSOE el Gobierno central y la Diputación Provincial. Pero, como dice Abel Aparicio, «nadie quiere quedarse atrás, y cuando hay una movilización por el futuro de León, dicen “¡yo también quiero futuro para León”, y voy, me manifiesto y ya está». El riesgo es que «cuando algo es de todos, al final no es de nadie». Unirse a los enemigos puede ser una manera de derrotarlos.

¿Será esta convocatoria tan masiva como la de 2020? Tanto Aparicio como Vega tienen sus dudas, pero dicen que es posible, toda vez que la multitud que acudió a la de hace cinco años superó todas las previsiones. Vega tiene la sensación de que la pandemia cortó después un momentum que quedó enterrado bajo otras prioridades, y que nunca volvió a recuperarse del todo. El domingo dirá si esa recuperación se produce al fin o todavía no.

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