Los movimientos sociales de los años 60 pondrían de moda la desobediencia civil, un método de lucha no violento ensayado en diferentes momentos de la historia para rebelarse contra gobiernos despóticos y leyes injustas. En 1971 un grupo de pacifistas norteamericanos y canadienses tuvieron la genial idea de trasladar esa estrategia a los mares organizando una expedición a Alaska y así protestar contra los ensayos nucleares del gobierno norteamericano en este territorio cercano al círculo polar ártico. Un concierto solidario de Joan Baez, Joni Mitchel y otros artistas en Vancouver les permitió reunir el dinero suficiente para alquilar un barco de pesca, el Phyllis Cormack, rebautizado como Greenpeace, con el que partirían a la isla de Amchitka, lugar escogido por el Ejército de los EEUU para el ensayo nuclear.
Aunque el barco fue interceptado y los activistas detenidos, la iniciativa de Greenpeace sirvió para avivar las protestas pacifistas en EEUU y Canadá, y poner fin a los ensayos nucleares en Alaska.

Esta esfuerzo marcó el comienzo de lo que sería un enfoque único para la protesta: utilizar barcos para estar presentes en el centro de los problemas medioambientales practicando la desobediencia civil y la resistencia no violenta. En 1975 la organización lograba interrumpir la caza de ballenas por pesqueros soviéticos en una acción que tendría una enorme repercusión internacional.

La nueva internacional ecologista
Ecologistas, pacifistas e internacionalistas, llegados a finales de los años 70 ya existía una veintena de grupos nacionales de Greenpeace repartidos por el mundo. En 1981 la organización desarrollaría en España una de sus acciones más arriesgadas y exitosas. Apoyado por un pesquero gallego, el Xurelo, militantes de Greenpeace boicotearían con sus zodiacs el lanzamiento de residuos nucleares a la Fosa Atlántica, una práctica entonces muy común por parte de diferentes países europeos.
Con su arrojo personal y llegando incluso a poner en riesgo sus vidas, los militantes de Greenpeace lograrían denunciar una práctica generalizada, pero hasta entonces invisible ante la opinión pública. En 1982 se ponía fin a los vertidos radioactivos en las costas gallegas. En 1984 nacía formalmente Greenpeace España.

Miterrand contra Greenpeace
La no violencia de Greenpeace no siempre ha sido respondida del mismo modo por los estados. El 10 de julio 1985 el Rainbow Warrior era hundido en el puerto de Auckland, Nueva Zelanda, por agentes de los servicios secretos franceses. El atentado, realizado con minas submarinas, fue autorizado personalmente por el presidente francés, el socialista François Mitterrand.
Con el ataque el gobierno francés pretendía frenar la oposición a sus pruebas nucleares en el Pacífico, contra las que el barco de Greenpeace había ido a protestar.

En el atentado perdería la vida el fotógrafo portugués Fernando Pereira. Su asesinato y la posterior detención de los espías franceses desencadenaría un fuerte enfrentamiento diplomático entre Nueva Zelanda y Francia, en el que la República francesa no dudaría en recurrir a las sanciones comerciales para evitar una condena de cárcel a los asesinos de Pereira.
Con posterioridad al hundimiento del Rainbow Wariror la organización ecologista ha seguido bautizando con este nombre a sus barcos enseña, involucrados en todo tipo de campañas de denuncia.
Este fin de semana estará atracado en el puerto de Avilés el Arctic Sunrise, un antiguo pesquero de focas contra el que Greenpeace se había manifestado en el pasado, y que ahora se ha reconvertido a la lucha por la conservación de las costas y los océanos. La organización tiene previsto realizar varias actividades, entre ellas visitas al barco, para dar a conocer su historia y las campañas en las que está comprometida. Toda la información puede consultarse aquí.



























