“Hay una imagen muy romantizada de la revolución portuguesa”

El historiador asturiano Miguel Ángel Pérez publica una historia del movimiento obrero en el proceso revolucionario portugués.

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El historiador Miguel Ángel Pérez, avilesino de origen, es doctor por la Faculdade de Ciências Sociais e Humanas da Universidade Nova de Lisboa. Afincado desde hace años en Portugal, esta semana presentó en el Local Cambalache de Oviedo/Uviéu y en el CSA La Xusticia de Llangréu su libro “Abaixo a Exploração Capitalista! Comissões de trabalhadores e luta operária na Revolução Portuguesa (1974-1975)”, un estudio sobre el papel del movimiento obrero en el proceso revolucionario portugués.

¿Qué dirías que es lo que distingue a la Revolución Portuguesa como experiencia libertaria de otros movimientos u otras revueltas sucedidas en el siglo XX?

Es una experiencia que entronca con un siglo repleto de revoluciones obreras de tipo socialista, desde la Revolución de Octubre, sin repetir exactamente el detonante soviético se guioniza de tal forma y en unos términos semejantes, por así decirlo, aunque la portuguesa tiene sus matices específicos que explican su estallido. En este caso, la potencia colonial que era Portugal y la experiencia de la guerra colonial determinan el ocaso de la dictadura y el inicio revolucionario.

¿Hay aprendizajes o tesis fundacionales que dicho testimonio de organización obrera todavía continúan vigentes a día de hoy?

La lección que sería más útil en los días de hoy recae en la importancia de las formas de participación democráticas, los movimientos de carácter asambleario, digamos, la relevancia de una relación directa y de cercanía entre la base y la cumbre dirigente cuando se desarrolla una movilización o un conflicto de proporciones equiparables. Yo creo que esto sería lo más significativo.

Por el contrario a la premisa anterior, ¿Cuál dirías que es el elemento clave que hace del paradigma portugués de los claveles una flor de un día sin probabilidad de repeticiones futuras tal que así?

Se trata de un proceso que nace en un momento histórico muy concreto y en un ecosistema de relaciones laborales determinado. Estamos hablando de una clase trabajadora que no tenía las características normativas que podemos encontrar en la actualidad. Por lo tanto, hay una parte de esa memoria histórica que se produce en torno a unas circunstancias bastante exclusivas, si bien no me parece que ello suponga necesariamente una experiencia perdida que no pueda sucederse nuevamente con mayor o menor similitud, teniendo en cuenta que nos encontramos en un momento de ecosistemas laborales distinto, complejo.

César Presno y Miguel Pérez en La Xusticia. Foto: David Aguilar Sánchez

¿Crees que el episodio histórico, centralizado en torno a los claves en lugar de balas, se ha romantizado en exceso por la cultura popular?

Desde luego que, en España, sí. Aquí hay una imagen muy romantizada de todo el proceso, sobre todo en lo que respecta a la perspectiva del factor militar desde una praxis progresista, quizás algo ilusoria, haciendo una lectura con cierta distorsión o simplificación de los hechos transcurridos por aquel entonces.

¿Qué similitudes formales encuentras como historiador entre la Revolución de Portugal y el 15-M español en cuanto a movilización ciudadana se refiere?

Las similitudes pueden residir en las dinámicas asamblearias, que se dieron en distintas y variadas capitales de provincia. No obstante, lo que sucedió en Portugal tenía una connotación obrera, expresa, en medio de un caldo de cultivo que está lejos del 2011 español.

En términos de revueltas ciudadanas con espíritu o voluntad autogestionaria, ¿Consideras que, al menos en ese sentido, Fukuyama tenía razón cuando hablaba del fin de la historia?

Yo considero que el germen portugués se produjo bajo las propias necesidades específicas del momento. Si nos referimos a la autogestión en el mundo del trabajo, en las empresas, en general fueron circunstancias con notoria particularidad geográfica, nacional, la particularidad de la no existencia de protección reglada frente a riesgos laborales, de prestaciones por desempleo para quien se quedaba en la calle, es decir, del peligro inminente. Como en el relativamente reciente caso argentino, la necesidad de subsistencia cuando no se divisan mínimas garantías que la procuren es lo que permite la llegada de fenómenos parecidos en distintos tiempos o lugares. No creo que en posibilidades abstractas para estos casos, solo en condiciones materiales concretas con la idiosincrasia correspondiente del territorio en cuestión.

Yendo fuera de las fronteras europeas… ¿Crees que hay condiciones materiales o emocionales lo suficientemente vertebradoras como para que en Estados Unidos se produzca algún intento de insurrección popular durante el nuevo mandato de Trump en base a su política exterior?

El movimiento obrero norteamericano a lo largo de su historia ha dado muchas sorpresas, muchas veces, aunque no lo conozco lo suficientemente bien como para poder expresar una opinión debidamente asentada. Luego, la cultura política estadounidense es una cultura diferente a la nuestra, con todo un componente claramente conservador y reaccionario, pero también existe una tradición radical que es importante y que no siempre ha tenido expresiones o traducciones en el ámbito político. Pero todo es posible, los acontecimientos en la última hora política se suceden de forma cada vez más repentina.

¿Y si en las próximas generales se impusiera la derecha y la ultraderecha en las urnas españolas?

Si nos tomamos en serio la radicalización de las juventudes por y para las derechas, por ejemplo, dudo que pudiera generase una transformación social que pudiera proceder como procedió el mayo español de indignación. También es verdad que sigue habiendo hueco para otra España que se resiste a esa amenaza, y no me atrevo a prometer ningún vaticino con contundencia, pero todo indica que vienen tiempos que auguran cambios bien contrarios.

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