Una agenda feminista para tiempos inciertos

Hay que encontrar la manera de trasmitir que los avances de las mujeres son avances para la humanidad y no retrocesos para nadie.

Recomendados

María José Capellín
María José Capellín
Exdirectora de la Escuela de Trabajo Social

Lo bueno de los días institucionalizados es que nos permiten, casi nos obligan, a replantear prioridades, discutir agendas, concordar acciones. En este momento tendríamos la tentación de plantear como objetivo la recuperación de la unidad de acción en una agenda de mínimos de un movimiento feminista que siempre ha sido diverso. La manifestación unitaria de este sábado en Gijón es una muestra positiva de que se puede conseguir.

Sin embargo no es en este tema en que queremos centrarnos, seguiríamos inmersas en esos debates autorreferenciales (en roman paladino mirándose el ombligo) que resultan ajenos a la mayor parte de las mujeres y que están alejados de su realidad.

En los años setenta, al inicio de lo que se ha llamado la tercera ola del feminismo, nos enfrentábamos continuamente en el seno de partidos, sindicatos o corrientes de izquierda, al plantear nuestras reivindicaciones, a la respuesta de que no era el momento, había otras prioridades, los temas serios.

Hemos de reconocer que en el caso español, cuando el objetivo era reunir el mayor número de fuerzas contra la dictadura, introducir elementos disruptivos podría ser discutible. Por otra parte la intervención en televisión de Santiago Carrillo en vísperas de las primeras elecciones democráticas reivindicando el derecho al aborto, a demanda de las feministas del PCE tuvo resultados negativos en términos electorales.

En cualquier caso la oposición de la dirección del encuentro de la Nueva Izquierda Norteamericana de 1969 a introducir la agenda propuesta por las mujeres, “porque estaban allí para hablar de cosas importantes”, tuvo como consecuencia la organización autónoma de las mismas.  En todo el mundo decidimos que bien con “doble militancia” o no, era imprescindible organizarse en grupos declaradamente feministas y desarrollar un movimiento autónomo.

En este momento la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es la piedra de toque por la que pasa la defensa de la democracia

Por eso no deja de resultar irónico la situación actual. En este momento la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres es la piedra de toque por la que pasa la defensa de la democracia. En efecto hoy el antifeminismo, junto con la oposición a los inmigrantes, son los banderines de enganche de una extrema derecha cada vez más crecida a escala mundial que ha llevado al poder a unas elites ultraliberales en lo económico, pero con una agencia reaccionaria en lo cultural que va a producir, está produciendo un enorme daño.

Lo que llaman lucha contra la ideología de género, léase contra el feminismo, está siendo especialmente significativa en el crecimiento de estos movimientos. No cabe encogerse de hombros o decir que es una respuesta lógica del patriarcado ante nuestros avances. Es un problema que nos interpela directamente porque crece de manera más acusada entre los jóvenes varones, (si fuera una esperable respuesta patriarcal, se daría por igual en todos los segmentos de edad).

Elección, tras elección, en todos los países está creciendo la brecha que separa las opciones electorales, los valores expresados,  entre mujeres y hombres jóvenes. Este es un problema hoy y será mayor para el futuro. Hay que reflexionar sobre ello, hay que encontrar la manera de trasmitir que los avances de las mujeres son avances para la humanidad y no retrocesos para nadie.

No podemos aceptar sin más que las frustraciones, el descontento de los jóvenes, un malestar que seguirá creciendo en una sociedad ultraliberal, sea dirigido o tenga como chivo expiatorio a sus compañeras, las mujeres o a la población de origen inmigrante. Tenemos que encontrar la forma de romper esa tendencia. Nos va la democracia en ello.

Lo mismo podríamos decir de la cuestión de la inmigración, nuestros nuevos ciudadanos, sobre todo en lo que nos afecta más directamente, las mujeres inmigrantes. Está bloqueada la propuesta de regularizar la situación de casi un millón de inmigrantes en nuestro país. Esto supone centenares de miles de mujeres, nuestras vecinas, las nuevas españolas, sin derechos civiles, laborales, políticos o sociales. El movimiento feminista no se ha hecho oír todavía lo suficiente exigiendo estos derechos para ellas.

Manifestación del 8M en Xixón. Foto. David Aguilar Sánchez

Ocupadas por cuestiones identitarias, el velo, la racialización, etc, no nos hemos  centrado en lo que consideramos la prioridad, garantizar los derechos de ciudadanía a todas las mujeres (y los hombres) que residen en España.

Preocupadas por el tema de la violencia debemos abordar el hecho de que el mayor número de víctimas de los asesinatos machistas son mujeres inmigrantes (en torno al 50%, cuando son solo el 20% de la población). Y que no quepa error, los agresores no son mayoritariamente inmigrantes, no es un tema de las culturas de origen, es un asunto de que la violencia siempre se ceba en las mujeres más vulnerables y en las que están más lejos o tienen más dificultades de acceder a los recursos, que hoy son las inmigrantes.

Los avances en derechos laborales nos implica directamente como movimiento porque la subida del salario mínimo es una condición sine qua non para reducir la brecha salarial, ya que son mujeres la mayoría de las que lo perciben. Igualmente afecta más a las mujeres la temporalidad y es esencial para ellas, mucho más sujetas a cargas familiares, la reducción de la jornada laboral. Por todo ello, todos estos asuntos no son simplemente cuestiones sindicales, son, deben ser, prioridades para el movimiento feminista.

El movimiento feminista, no es el único, tiene un problema con los medios de comunicación, y aquí no hablamos solamente de la toxicidad de las redes sino de los medios tradicionales. Ciertamente en los últimos años hemos ganado visibilidad, marzo y noviembre son especialmente generosos en cuanto a la presencia de las cuestiones que afectan a las mujeres en todos los medios.

A cambio parece que en muchas ocasiones son dichos medios los que imponen la agenda o las prioridades o la imagen que de ellas recibe la población en general, por sus propios criterios. Es evidente que los temas de violencia sexual parecen ser más mediáticos que las desigualdades laborales, los cuidados, etc… pero incluso en ellos los medios determinan su jerarquización.

A modo de ejemplo podríamos comparar la atención en imágenes, noticias, artículos de opinión, tertulias de radios o televisión de asuntos como los casos Errejón y Rubiales frente al gravísimo escándalo de las niñas menores de 16 años prostituidas en Murcia al servicio de una docena de “prohombres de lugar” que tras una larguíiiiisima instrucción fueron dejados en libertad precisamente por el hecho de que tras 9 años los delitos habían prescrito.  

A pesar del esfuerzo de las feministas murcianas el caso no consiguió ocupar las primeras planas y ni hubo interés en saber porque determinados juzgados alargan tanto los procedimientos que los acusados salen libres (no es el único caso pero no parece que lleve a intervención alguna) ni desde luego reflexión o señalamiento  de los ¿delincuentes? o ¿como han quedado en libertad serán simplemente canallas anónimos?.

La presencia mediática de unos casos sobre otros y la demanda de opiniones de reconocidas feministas sobre ellos, ofrece una imagen muy distorsionada acerca de la jerarquización de los problemas por parte del movimiento feminista.

Estos temas no nos hacen olvidar aquellos en los que venimos trabajando desde hace tiempo como la coeducación, que a pesar de las críticas de la extrema derecha es una herramienta fundamental, hoy más necesaria que nunca, para seguir construyendo sociedades igualitarias.

La cuestión de los cuidados es un eje fundamental de las políticas feministas y debe serlo del reforzamiento del estado de bienestar. Construir un sistema de atención a la dependencia tan potente como el de salud o de educación que no descanse en el trabajo de las mujeres de la familia transferidos hoy en su gran mayoría de forma privada a otras mujeres, inmigrantes en situación de grave precariedad, es una tarea urgente de una sociedad democrática.

Todos estos asuntos permiten la construcción de una agenda feminista de amplio acuerdo sin merma de que cada corriente pueda seguir defendiendo en un debate abierto y respetuoso las propias.

Actualidad

spot_img