Contra la exclusión de las mujeres en la historia de la filosofía

Filósofas en la Historia defienden releer la historia de la filosofía en clave femenina y feminista.

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David Sánchez Piñeiro
David Sánchez Piñeiro
Doctor en Investigaciones Humanísticas por la Universidad de Oviedo/Uviéu. Ha colaborado con medios como La Trivial, Atlántica XXII y El Salto.

Ortega, Kant, Nietzsche, Freud, Heidegger… Durante muchos años las paredes de los pasillos y las aulas del departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo estuvieron decoradas con retratos en blanco y negro de insignes pensadores de la historia occidental. Ningún miembro del profesorado ni del alumnado parecía reparar en el sesgo de género que se escondía tras la selección de los cuadros. No había ninguna filósofa, ni una sola. A principios de este siglo, tres alumnas de la Licenciatura en Filosofía decidieron acudir al Decano de la Facultad para proponerle colgar un cuadro de Simone de Beauvoir, costeándolo ellas mismas. Su respuesta las dejó descolocadas: Simone de Beauvoir no es una filósofa. Tuvieron que pasar casi dos décadas para que en 2020, con motivo de la celebración del 8M y por iniciativa de un profesor y una profesora del departamento se colgasen, ahora sí, una serie de cuadros de pensadoras con el objetivo de que el canon filosófico que se mostraba en las paredes se acercase a la paridad en términos de género. Lejos de recibir con aprobación la iniciativa, miembros del departamento se ausentaron del acto y hubo incluso alguno que se atrevió a opinar que las mujeres elegidas como protagonistas de los nuevos cuadros podían ser como mucho secretarias, amantes o ayudantes, pero ni eran filósofas ni tenían pensamiento propio. 

En aquella época, justo cuando la pandemia estaba a punto de hacer acto de aparición, ya funcionaba en Oviedo un grupo de trabajo que varios años después iba a convertirse en la asociación Filósofas en la Historia: Escuela de Filósofas. Algunas de sus integrantes fueron quienes más esfuerzo pusieron en que los cuadros de las filósofas compartiesen protagonismo con los de sus colegas masculinos. Hemos reunido a cuatro de ellas, pertenecientes a diferentes generaciones, para que nos expliquen las actividades que lleva a cabo la asociación. Son Aleida González Carril, graduada en Filosofía; Noelia Bueno Gómez, profesora del Departamento de Filosofía en la Universidad de Oviedo; Mer Mediavilla Martínez, profesora de Filosofía en la enseñanza secundaria y Paz Pérez Encinas, profesora de Filosofía jubilada y actual presidenta de la asociación. La realización de una conversación coral en lugar de la tradicional entrevista individual no es gratuita, sino que refleja su voluntad de alejarse de una concepción de la filosofía entendida como una historia de grandes nombres y de cultivar otra que privilegie el carácter colectivo del pensamiento. Las filiaciones institucionales de las cuatro ya dan a entender que la asociación busca crear un puente entre la enseñanza secundaria y la Universidad. Aunque Filósofas en la Historia tenga su sede en Asturias, también cuenta con socias distribuidas por Madrid, Valencia, Sevilla y otros territorios del país.  

Aleida González Carril con Simone Weill. Foto: David Aguilar Sánchez

Paz Pérez nos explica que el origen de la asociación fue “por demanda” y “desde abajo”, cuando el alumnado del IES Aramo en Oviedo empezó a preguntarles si no había habido filósofas en la historia. A partir de ahí empezaron a informarse y a tejer una “telaraña”,  a la que se fueron sumando profesoras universitarias de Filosofía y de Derecho, así como otras docentes de secundaria, antiguas alumnas o estudiantes de doctorado. Filósofas en la Historia no nació inspirándose en otras  asociaciones similares preexistentes, sino “empíricamente, inductivamente”. La primera intención era “poder dar clases en los institutos y en las facultades”, pero al tratar de recopilar los primeros materiales “el mundo que se descubrió fue tan amplio” que empezaron a plantearse cuáles eran las mejores maneras de difundirlo. En esa primera etapa tenían como objetivo dar a conocer a las filósofas y “demostrar que las mujeres también piensan”, pues cuando los temarios “tienen un sesgo del cincuenta por ciento, estás dando una historia de la filosofía falsa”. Al fin y al cabo, una gran parte del profesorado no había estudiado a las filósofas y seguía entendiendo la filosofía bajo lo que Noelia Bueno denomina como el paradigma del “universal antropológico varón”. Lo que sucedía al introducir el pensamiento de las mujeres era que “cambiaba el canon y cambiaba la historia de la filosofía”. Noelia Bueno también menciona los estudios que relacionan la ausencia de filósofas en los programas docentes con “la menor cantidad de mujeres en los Grados de Filosofía como estudiantes, profesoras y catedráticas. Es decir, en las universidades hay una menor presencia de mujeres porque hay también una menor presencia de figuras femeninas en los temarios”. “Todos conocemos la muerte de Sócrates”, apunta Paz Pérez, pero “¿quién recuerda la de Rosa Luxemburgo o la de Olympe de Gouges?”.  

Como primera tarea, Filósofas en la Historia preparó dos DVDs con material audiovisual sobre filósofas, uno cronológico y otro temático, así como dos guías adjuntas de unas sesenta páginas cada una. Todos estos materiales pueden encontrarse a día de hoy en su página web. En un segundo momento la asociación dio el salto a Youtube, abriéndose un canal que ya cuenta con más de un centenar de vídeos cortos de temática filosófica y feminista. Mer Mediavilla destaca que los formatos de los vídeos están inspirados en el ejemplo de las salonnièrs francesas de los siglos XVII y XVIII que se reunían en los salones de sus casas para hablar y debatir. Además de haber dado el salto a nuevas plataformas como Tik Tok, la asociación cuenta con un espacio para hablar sobre filósofas todos los martes en la RTPA. En la vertiente más académica, han puesto en marcha recientemente un proyecto de investigación con financiación estatal liderado por los profesores Noelia Bueno y José Antonio Méndez que lleva por nombre “PROYECTO FILHA: Las filósofas que (no) están en la historia: violencia, resistencia y acción creativa”. Aleida González también nos recuerda que desde la asociación organizan un club de lectura en el que conversan en torno a libros de mujeres –no necesariamente filósofas–, en lo que supone “otra forma presencial de relacionarnos entre nosotras”.  

Mer Mediavilla con Mary Wollstonecraft. Foto: David Aguilar Sánchez

Uno de los temas centrales que emerge en la conversación es el de la presencia de filósofas en los currícula de la enseñanza secundaria y en las pruebas de acceso a la Universidad. Mer Mediavilla, en calidad de profesora de instituto y buena conocedora del estado de la cuestión, nos desgrana sus pormenores. En primer lugar, reivindica a aquellas y aquellos “docentes feministas” que, procedentes sobre todo del ámbito de la co-educación, llevan tiempo defendiendo una perspectiva no androcéntrica y luchando contra la “ausencia de mujeres en los libros de texto”. También reconoce que la LOMLOE, aprobada en 2020, supone un punto de inflexión, pues introduce “la perspectiva feminista, la perspectiva de género, en todas las materias escolares”. Esto se traduce, por ejemplo, en que en la asignatura de Filosofía de Segundo de Bachillerato el temario incluye, por primera vez, a ocho autoras como parte de los contenidos obligatorios que el profesorado debe impartir: Aspasia, Hypatia, Hildegarda de Bingen, Mary Wollstonecraft, Olympe de Gouges, María Zambrano, Simone de Beauvoir y Hannah Arendt. Mer Mediavilla alerta de que no todo el mundo dentro de la comunidad educativa ve con buenos ojos estos cambios, “porque el sesgo androcéntrico, sin descartar posturas misóginas, está presente entre el profesorado de todos los ámbitos y en el de secundaria no es excepción”. En lo que respecta a las pruebas de acceso a la universidad (PAU), tras muchos años de infructuosa reivindicación por parte de los sectores más concienciados del profesorado, finalmente se ha conseguido la inclusión de una autora: Hannah Arendt. El año 2025 será, por tanto, el primero en la historia en el que se incluya a una filósofa en las pruebas de acceso a la Universidad de Oviedo. Como la ley estatal depende de su aplicación autonómica, hay otras comunidades en las que a Hannah Arendt también la acompaña Simone de Beauvoir. 

Noelia Bueno completa el diagnóstico de su colega Mer Mediavilla señalando un importante déficit en la formación del profesorado de secundaria. De entre los 71 temas que cualquier persona opositora debe prepararse para acceder a una plaza de Filosofía en un instituto público, no hay ni uno solo que esté dedicado exclusivamente a una pensadora. Tampoco están diseñados con perspectiva de género. Y algo muy similar ocurre en el máster de formación del profesorado. Ante las críticas que vinculan la inclusión de filósofas en los programas con supuestas operaciones ideológicas, Mer Mediavilla responde que “tenemos un contexto político de mucho ataque al feminismo” y continuar enseñando exclusivamente las teorías de los filósofos reproduce un sesgo androcéntrico y traslada “una visión distorsionada e ideológica al alumnado”. De acuerdo con su perspectiva, no se trata de quitar a los filósofos, ni de censurarlos, se trata de verlos en toda su dimensión”, incluyendo también las ideas misóginas. Como docente lamenta que los filósofos feministas e igualitarios –que los hay– “tampoco están en el canon ni en los contenidos educativos. Habría que conocerlos para que los chicos vean otras formas de ser hombre diferentes de la masculinidad tradicional”. En la conversación también sale a colación el hecho de que, a día de hoy, el grado en Filosofía todavía sigue contando con una asignatura optativa que lleva por nombre “Filosofías del Hombre y de la Cultura”. Noelia Bueno confía en que en la próxima modificación de plan de estudios dicha denominación sea sustituida por otra que no excluya a las mujeres.

Paz Pérez. Tras ella, Simone de Beauvoir. Foto: David Aguilar Sánchez

Algunas de las integrantes de Filósofas en la Historia colaboran también con Women’s Legacy, un proyecto valenciano que, según podemos leer en su página web, desarrolla “recursos digitales gratuitos y abiertos para facilitar la inclusión de las mujeres en los contenidos educativos”. Noelia Bueno denuncia que a un proyecto como este, que había conseguido fondos europeos y que trabajaba “en la recuperación de la obra de científicas, mujeres y artistas en general”, el gobierno valenciano del PP y Vox le retiró la financiación hace menos de un año. Mer Mediavilla, que es una de las colaboradoras de Women’s Legacy, subraya que el proyecto tenía conexiones con Italia, Lituania, Gales y ministerios de educación de otros países y que el gobierno valenciano “cesó a su coordinadora, Ana López Navajas, que es una mujer que había hecho una investigación sobre la presencia de mujeres en los libros de texto en España”. Por lo menos han conseguido mantener la página web en funcionamiento y tienen los materiales descargados. El Instituto de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad, se hizo cargo en un primer momento de la financiación que la Generalitat valenciana les había retirado, para que pudiese sobrevivir el proyecto.    

Antes de terminar la conversación les solicitamos a cada una de las participantes que nos destaque a una pensadora de referencia y que nos explique los motivos de su elección. En primer lugar, Aleida González se queda con la filósofa contemporánea Donna Haraway, “porque en los tiempos que corren ahora mismo, me parece que es necesaria una filosofía que no caiga en el apocalipsis ni en el pesimismo”. Haraway nos habla acerca de “relatos posibles que ya existen y que tenemos que traer a nuestra forma de pensar para vivir en este mundo”. En segundo lugar, Mer Mediavilla elige a la pensadora española de finales del siglo XIX y principios del siglo XX Carmen de Burgos,  “una mujer que fue maestra, la primera corresponsal de guerra, periodista, una activista que organizó la primera manifestación feminista en España y que tiene un libro, La mujer moderna y sus derechos, que es una impugnación a todo el discurso misógino de la época”.  A pesar de haber tenido “muchísima proyección en su época por toda su labor intelectual, pues fue invitada a Portugal, Italia y muchos países, sin embargo, no pasó al canon”. Además, Carmen de Burgos detenta el “honor” de haber aparecido en el séptimo puesto de la primera lista de libros prohibidos publicada por el régimen franquista. 

Noelia Bueno con Edith Stein y Lou Andreas Salomé. Foto: David Aguilar Sánchez

En tercer lugar, Paz Pérez no desaprovecha la oportunidad de recordar que “las filósofas han existido, no nos las estamos inventando”. Ella elige destacar a mujeres que han hecho estudios con perspectiva de género. Entre ellas destaca a Silvia Federici, por su estudio sobre la persecución de las brujas y sobre el “no trabajo de las mujeres y las ganancias que le genera al capitalismo”. También a Carole Pateman, que alertó de que “tras el contrato social estaba el contrato sexual”. Pero, sobre todo, a Paz Pérez le gustaría poner el foco sobre “las autoras que han cuestionado el origen de la filosofía”, como Riane Eisler, cuyo estudio nos ilustra acerca de un periodo “patriarcal y violento” en el que “las mujeres desaparecen públicamente hablando”. Luce Irigaray también es otra autora que, de acuerdo con Paz Pérez, nos enseña que “el olvido de las mujeres está en el propio origen de la filosofía”. En cuarto lugar, Noelia Bueno rescata la figura de Hiparquia la cínica, una filósofa antigua de la que no conservamos textos pero sí anécdotas y datos biográficos. Los gestos de Hiparquia, recogidos por Diógenes Laercio, como aquel en el que se niega a callar y a retirarse del espacio público cuando los hombres le conminan a hacerlo, “dan un nuevo cariz a las desvergüenza cínica”, que es “un concepto clave de la filosofía occidental”. Siendo fiel al espíritu contestatario de Hiparquia, Noelia Bueno constata que la exclusión de las mujeres parece connatural a la filosofía misma y llega a la conclusión de que todas las mujeres que se dedican a la filosofía parecen verse empujadas hacia la misma disyuntiva: “o dejamos de ser filósofas o dejamos de ser feministas”. Frente al conservadurismo imperante en el mundo filosófico, su respuesta consiste, sencillamente, en rechazar la dicotomía: “como no queremos ni lo uno ni lo otro, pues tenemos que repensar la filosofía con una mirada alternativa”. En ese proyecto siguen tratando de avanzar las personas que conforman Filósofas en la Historia. 

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