FADE ha adelantado sus elecciones y este movimiento no es casual. La presidenta, María Calvo, ha decidido que la patronal debe renovar su liderazgo en abril y no en verano, como estaba previsto. Su explicación es sencilla: los retos económicos de Asturias exigen estabilidad y un equipo con cuatro años por delante. Pero el murmullo no se alimenta de explicaciones oficiales. En los rincones del empresariado asturiano, lo que se dice en voz baja, y también sin reservas, es otra cosa: el adelanto electoral ha sido una jugada táctica para frenar la candidatura de José Manuel Ferreira, que ya llevaba meses trabajándose los apoyos.
Antes de que lo hiciera público, su candidatura ya se daba por hecha. Si alguien tenía dudas, el murmullo las había disipado en cuanto su entorno utilizó La Nueva España para lanzar su candidatura de forma oficiosa al poco de conocerse la inminente convocatoria de elecciones.
Por primera vez en la historia de FADE, un presidente, en este caso una presidenta, convoca elecciones sabiendo que habrá una candidatura alternativa. Hasta ahora, las transiciones de poder en la patronal se habían gestionado con mayor previsión y discreción, con candidaturas únicas. Pero los tiempos han cambiado y también las tensiones. Sobre si esto es el signo de una nueva época o una anomalía, el murmullo no se pronuncia. De momento.
El juego de los tiempos
El adelanto electoral ha encendido una chispa de tensión en la patronal asturiana, aunque el grado de inquietud varía según a quién se escuche. Están quienes creen que adelantar las elecciones ha sido una decisión “personalísma” de la presidenta, quien no quería alargar innecesariamente el proceso electoral. Además, según esta versión, se evita tener que votar en verano, lo cual habría complicado la participación y generado demoras adicionales.
El adelanto electoral ha encendido una chispa de tensión en la patronal asturiana
Sin embargo, Ferreira habla de “tacticismo” y en los mentideros empresariales no faltan quienes le dan la razón. “Si puedes manejar el reloj, lo usas a tu favor”, murmura una voz con pragmatismo. La lectura es clara: adelantar las elecciones deja menos margen de maniobra a la oposición.
Aunque haya quienes se han hecho los sorprendidos, en ningún bando la sorpresa es tal. Unos conocían la intención de que esta vez habría batalla por la presidencia y otros que de una forma u otra habría movimientos tácticos. Como en cualquier batalla. “Todo el mundo sabía que esto iba a ocurrir”, se dice con media sonrisa.
Pero la cuestión de los tiempos no es lo que más destaca de esta contienda. Del resultado de la misma puede acabar reconfigurándose el tablero del empresariado asturiano.
Desde hace tiempo, en ciertos sectores de la patronal se percibe que FADE ha sido demasiado cómoda para el Gobierno, perdiendo peso en la defensa de los intereses empresariales. La organización, según este punto de vista, ha perdido capacidad de iniciativa y liderazgo, algo que los partidarios de Ferreira quieren corregir. Ferreira, de hecho, lo dijo claro en la TPA: “Creo que hay un corriente generalizada entre las empresas que tienen ganas de pasar del vals al rock and roll.”

Así que Ferreira llega marcando un enérgico 4/4, mientras Calvo, según él, sigue girando en su elegante 3/4. El titular que ha metido en los medios puede que haya sido su primer acierto en esta campaña. Un eslogan pegadizo siempre ayuda. La cuestión es si logrará que la mayoría lo baile. Hay quienes recuerdan que la estabilidad también evita crisis inesperadas. Además, “el rock puede terminar en ruido si no se ejecuta bien”, susurra alguien con sorna, “porque no todo es cambiar el ritmo, a veces, lo que importa es mantener el compás.”
Joel García Fernández, presidente de la Confederación Asturiana de la Construcción, es el principal soporte de la candidatura de Calvo y eso genera desconfianza en ciertos círculos. Su peso en la candidatura no pasa desapercibido, antes bien, se esgrime como causa para no apoyar a Calvo. Para algunos, representa la garantía de que la patronal siga moviéndose en compases predecibles, sin salirse del guion. Para otros, es justo lo contrario a lo que necesita FADE: menos partitura y más improvisación.
Ciertamente, para algunos, su respaldo es garantía de continuidad. Para otros, representa una forma de liderazgo que no encaja con la idea de lo que debería ser FADE. La inquietud está ahí. El murmullo la amplifica. Y Ferrereira lo confirma en la televisión pública asturiana: “No me siento identificado con ese tipo de valores”. Ya tendrá tiempo, hasta abril, de explicar a qué se refiere exactamente.

Pero Joel no es el único nombre que flota en estas conversaciones. Otro de los que aparecen con insistencia es Alberto González, rostro visible y director general de FADE, que muchos empresarios valoran como figura clave para mantener el equilibrio. “Es un gran activo, no un problema”, bisbisean no pocos en la casa de la patronal asturiana. Sin embargo, su continuidad no está garantizada. Si Calvo sigue al frente, la salida de González es una posibilidad que preocupa a ciertos sectores empresariales.
FADE y la Cámara: dos estilos, un mismo tablero
La relación entre FADE y la Cámara de Comercio de Oviedo ha sido siempre compleja con algunas fricciones. Nada dramático. Como en cualquier comunidad autónoma. No es un enfrentamiento abierto ni tampoco se puede hablar de animadversión, nada más lejos de la realidad, pero sí de un juego de equilibrios. Ambas representan a los mismos sectores empresariales, pero con atribuciones y talantes distintos aunque las empresas pueden estar afiliadas a ambas.
Mientras FADE ha mantenido un perfil más vinculado a la defensa de los empresarios ya establecidos, la Cámara se ha movido con mayor margen de maniobra, buscando atraer inversiones y alianzas más amplias. Sin embargo, el murmullo deja claro que esto no es un pulso entre dos instituciones. Desde fuera de la patronal, FADE es vista como más conservadora y la Cámara de Comercio de Oviedo, “más moderna, más flexible”, ironizan alguien desde el murmullo.
La intención de Ferreira de presidir FADE no busca una absorción de la patronal por parte de la Cámara, sino un cambio en el modelo de liderazgo. Eso dicen. Que el vicepresidente de la Cámara de Comercio intente liderar no se entiende como una OPA desde los sectores afines al postulante. Desde otros ángulos, concuerdan en que esa posibilidad no está sobre la mesa y que la relación entre ambas instituciones es de cordialidad y armonía, más allá de desacuerdos y tensiones puntuales.
La pugna Oviedo-Gijón es otra de las claves de las elecciones. Hay quienes recuerdan en el pasillo que la Cámara de Comercio de Oviedo ha promovido la idea de una Cámara de Comercio para Asturias, lo que ha generado “ciertos roces” con Gijón y con FADE, ya que sugiere una centralización del poder en Oviedo.
La apertura de nuevas grandes superficies es otro tema de división. Mientras FADE es más sensible a las demandas del pequeño comercio, la Cámara se ha posicionado activamente a favor de levantar las restricciones a la instalación de Costco u otras grandes superficies.
Los críticos con la actual presidenta de FADE creen que la gestión de Calvo ha sido insuficiente en la defensa de los intereses empresariales. “Ha sido más complaciente que activa”, desliza alguien, antes de añadir: “Si la patronal sigue marcando el paso al mismo ritmo, ¿cómo esperan que cambie la música?”
Para otros, la estabilidad es un valor en sí mismo y afirman que el mandato de Calvo ha evitado conflictos innecesarios. Especialmente en un momento en el que Asturias afronta una encrucijada compleja: la reconversión industrial, la falta de mano de obra cualificada, el futuro incierto de sectores estratégicos. Un diagnóstico que también comparten los afines a Ferreira, entre los que parece estar el pujante sector del turismo y la hostelería, con OTEA al frente.
Quienes apoyan a Calvo destacan su capacidad para mantener relaciones fluidas con la administración. No se trata solo de una cuestión de liderazgo, sino de estrategia. FADE, bajo su mandato, ha buscado cierto equilibrio entre la autonomía empresarial y la colaboración institucional. Y para algunos, eso no es debilidad, sino pragmatismo en tiempos difíciles. Ella ha prometido “una hoja de ruta clara” para el futuro del empresariado asturiano.
Los más prudentes recuerdan que cambiar de liderazgo no siempre es garantía de renovación y también hay quien se pregunta si Ferreira no está prometiendo un cambio cuyo alcance nadie tiene claro. La incertidumbre sobre qué rumbo tomaría FADE bajo Ferreira sigue siendo una pregunta abierta entre quienes valoran más la estabilidad que la combatividad.
El martes, con la reunión de la Junta Directiva, se conocerán los números y los apoyos reales de cada candidatura. Cada candidato tendrá unas semanas para explicar mejor su proyecto y quienes voten tendrán que elegir entre un vals que nunca se sale del compás o un rock que, si hace falta, lo rompe. Lo que parece claro es que, por primera vez en mucho tiempo, FADE no vive una elección tranquila.
Mientras tanto, el murmullo sigue su trabajo. No firma comunicados, ni toma decisiones, pero siempre está donde se toman. No tiene voto, pero a veces pesa más que las urnas. No habla en público, pero su eco resuena en cada conversación. No aparece en las fotos, pero nadie duda de su presencia.
Porque al final, Calvo y Ferreira pueden tener estilos distintos, pueden hablar de estabilidad o renovación, de la suavidad del vals o del empuje del rock and roll, pero en los mentideros de la patronal alguien dice con algo de análisis travieso que todo esto no es más que un juego de la burguesía asturiana moviendo las fichas del tablero… la música sigue y el murmullo no deja de sonar.



























