Aprendiendo de Duro

Alejandro Álvarez presenta en Candás "No era imposible. Crónica del conflicto laboral en Duro Felguera: 1989-1999".

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

El 8 de septiembre de 1993, Día d´Asturies, Gerardo Iglesias Campa y Manuel Sánchez Terán, trabajadores de Duro Felguera, se encadenaban a la verja de la capilla de la cueva de Covadonga impidiendo la celebración de la tradicional misa por el día de La Santina. Unos meses antes, la histórica empresa siderúrgica y de construcción de bienes de equipo había aprobado el despido de 232 trabajadores. Como respuesta, los trabajadores decidían radicalizar el conflicto. Lo de Covadonga pronto sería una travesura infantil en comparación con las acciones legales, e ilegales, que estaban por llegar.

Arrancaba así una de las historias obreras más importantes de la Asturies democrática. También de las más exitosas. Los de la Duro ya tenían una canción de Dixebra y una película de Lucinda Torre. Les faltaba un libro. Alejandro Álvarez (Trascastro, 1956) ha llenado este vacío con “No era imposible. Crónica del conflicto laboral en Duro Felguera: 1989-1999” (Hoja de Lata, 2024), una narración documentada y exhaustiva sobre la década de movilizaciones que permitió dar la vuelta a la tortilla de lo que parecía iba ser otra batalla perdida de la “reconversión” asturiana.

Portada del libro.

Álvarez no es un observador imparcial del conflicto. Profesor jubilado de instituto, entre 1994 y 2000 fue secretario general de CCCO de Enseñanza, y por tanto miembro de la dirección del sindicato al que pertenecían la mayoría de los trabajadores despedidos. El autor señala que las relaciones entre los despedidos y la dirección regional no siempre fueron fáciles: “No se desligan del sindicato, pero tienen un funcionamiento muy autónomo, muy asambleario, que a veces les lleva a conflictos con la dirección, e incluso a buscar alianzas fuera del sindicato con la CSI y la CGT”. Álvarez encuadra estas tensiones dentro de la división, que entonces se daba a nivel federal, entre el equipo de Antonio Gutiérrez, más partidario de un sindicato de “concertación”, y quienes apostaban por unas comisiones obreras más combativas y horizontales, el sector crítico liderado por Agustín Moreno, y al que Álvarez se adscribía entonces.

Catedral de Oviedo/Uviéu durante el encierro de despedidos de DF.

Para preparar el libro, Álvarez ha recurrido a toneladas de documentación, pero también de entrevistas: políticos, sindicalistas, ejecutivos y cuadros intermedios de la empresa. Una de las cosas que el autor ha tratado de desmontar es la supuesta infalibilidad de los técnicos a la hora tomar decisiones empresariales. Así, en opinión de Álvarez, el origen de los 232 despidos estuvo en un error de cálculo en la reconversión de Duro, de una empresa de “mono azul” a una ingeniería con mayor peso de trabajadores de alta cualificación. “Los despedidos eran muy contundentes en la movilización, pero también muy propositivos. Presentaron muchos estudios y alternativas demostrando que era compatible mantener la fabricación en Langreo con esa línea más centrada en la ingeniería que los directivos querían impulsar”. El tiempo les daría de hecho la razón. En 1996 la empresa volvía dar beneficios y los despedidos iban siendo readmitidos en los dos centros de trabajo de La Felguera y Barros. Contra todo pronóstico, hasta 2014 y el definitivo cierre del taller de Barros, la producción fabril se mantuvo en el Nalón. Es decir, tres décadas después de que llegaran aquellas cartas de despido que podrían haber supuesto la prematura muerte de una tradición fabril que hunde sus raíces en la segunda mitad del XIX.

Alejandro Álvarez.

Álvarez destaca de la lucha de Duro su imaginación, determinación, audacia e inteligencia: “Siempre supieron darle una dimensión comunitaria al conflicto, vincular la lucha contra los despidos al futuro de las comarcas mineras y en general de toda Asturias. Podían cortar todos los días una carretera, pero sabían gestionar el corte. Nunca se cerró el paso a un autobús o a una ambulancia”. Gracias a este apoyo popular pudieron resistir la presión de empresa, Gobierno, medios de comunicación y policía, y llevar a cabo acciones de sabotaje muy duras, que hoy serían calificadas de terrorismo callejero, pero también multitudinarias manifestaciones y marchas a pie, huelgas de hambre, e incluso varios paros generales de carácter comarcal. Duro Felguera llevaba al fin y al cabo en Llangréu desde 1858, y para muchos habitantes del Nalón su valle era impensable sin la factoría que había empleado a varias generaciones de vecinos.

El conflicto en La Nueva España.
Cartel de un concierto solidario.

Hábiles en el manejo de los medios de comunicación, y con un carismático portavoz dando voz al conflicto, entre sus acciones más espectaculares estuvo el encierro de 318 días en la Catedral de Oviedo/Uviéu.

La ocupación, que con los años se ha convertido en el gran símbolo de la lucha, llegó en 1996, después de los acuerdos de 1994, que parecían haber cerrado el conflicto. El espectacular encierro serviría para exigir al Gobierno asturiano la recolocación de los últimos despedidos que seguían en el paro. La operación, que contó con la complicidad del entonces arzobispo Gabino Díaz Merchán, fue un éxito y logró la paulatina recolocación de los despedidos. El lema de “No sobra ninguno” se había convertido en realidad.

El conflicto no obstante también dejó secuelas en los cuerpos y las almas de quienes más se la habían jugado por el conjunto. Sus dos grandes dirigentes, el tándem Tino-Terán, pagaría en el cuerpo y la mente años de lucha, estrés y responsabilidad por la vida de sus compañeros y sus familias. Posteriormente, en 2006, con el estreno de un documental dirigido por la hija de uno de los despedidos, Lucinda Torre, “Resistencia”, el colectivo de despedidos más implicado en el conflicto, se terminaría de desgarrar.

“No era imposible”, la historia de una victoria anómala, en un tiempo de muchas derrotas, llega esta semana a las librerías. Este viernes 14 se presenta en La Rexa de Candás. Será a las 19:30h, y contará con la presencia de su autor.

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