A las diez de la noche hora española, Donald Trump compareció en la rosaleda de la Casa Blanca, envuelto en esa pomposidad hortera que tanto le gusta, para anunciar el Día de la Liberación económica de EEUU.
El contenido del paquete arancelario fue presentado de manera cutre con un cartelón en el que a la izquierda figuraban los supuestos aranceles que los distintos países imponen a los productos estadounidenses y, a la derecha, los aranceles recíprocos que Trump impondría en respuesta. De esta forma, aparecían cifras como un 20 % de aranceles a la UE, basados en un supuesto 39 % que la UE aplicaría a EE.UU.; un 34 % a China; un 46 % a Vietnam; un 24 % a Japón; o un 10 %, el arancel mínimo, para países como Reino Unido, Chile o Brasil.
El problema radica en que el cálculo en el que se basa el desglose arancelario no resiste un análisis mínimamente riguroso, la metodología utilizada por la administración Trump no se fundamenta en los aranceles reales que esos países imponen a los productos estadounidenses, sino en una interpretación sesgada del déficit comercial de EE.UU con cada nación. Para explicarlo sin excesivos tecnicismos, Trump define el diseño de su arancel con la fórmula: “déficit comercial de EE.UU. con el país X / importaciones de EE.UU. desde el país X”.
Dicho de otro modo, equipara el déficit comercial de EE.UU con un país determinado a un supuesto arancel impuesto contra EE.UU por esa nación. Y en los casos en los que la balanza comercial favorece a EE.UU, la exención tampoco es una opción, ya que Trump establece un arancel mínimo del 10 % para todos los países., pero esto que sino fuera tan serio parecería un broma de mal gusto, incluye boutades tales como imponer aranceles a territorios deshabitados como Las islas Heard y McDonald territorio de ultramar Australiano o imponer aranceles de un 48% a Laos, 46% a Vietnam y 36% a Tailandia, países donde fabrican sus productos algunas de las mayores multinacionales americanas como Nike o Apple con lo que los estadounidenses pagarán más por comprar productos de marcas nacionales.
Toda esta pantomima revanchista tiene detrás una idea, un plan, no sabemos si para los americanos ese plan saldrá bien a largo plazo, lo que si sabemos es que a corto causará un impacto económico global negativo y avivará el temor a una recesión mundial
Un escenario plausible es un acercamiento estratégico entre la Unión Europea y China
La justificación a toda esta exhibición impúdica de descalificaciones y fake news en la que se ha instalado Trump desde su llegada no a la presidencia sino al propio mundo, parte de un análisis que en parte sí es correcto, y es que el déficit comercial de EEUU con el resto del mundo ha sido deficitario en un 2´8% del PIB de promedio anual en los últimos 30 años frente a un incremento del 2´2% en China y el 1´8% en Europa, pero claro, contar esto sin la contraparte es como leer un libro solo por las páginas pares. La realidad es que la fortaleza del dólar penaliza sus exportaciones e incentiva sus importaciones con lo que facilita el déficit comercial al hacerlo menos competitivo, y si solo nos quedamos con esa parte del relato los aranceles son entendibles, pero claro si pensamos que precisamente la fortaleza del dólar, hace que sea la divisa de referencia mundial en el comercio, la divisa refugio en situaciones de inestabilidad o la preferida para las inversiones precisamente porque hasta ahora EEUU era el garante de una cierta estabilidad política y económica en el mundo, veremos que ese déficit comercial significa dólares que luego retornan al país en forma de inversión desde el ahorro generado en el resto del mundo.
Pero claro aquí hablamos de magnitudes macroeconómicas y no de la micro, y aunque esto ha sido muy positivo para los ejecutivos de Wall Street no lo ha sido para los trabajadores de Detroit que han visto cómo sus fábricas se han deslocalizado en México para abaratar costes laborales y con ello la pérdida de sus puestos de trabajo, y ahí es donde Trump incide, en los trabajadores industriales que han perdido con la globalización, pero si bien el análisis puede ser entendible la estrategia elegida es una incógnita. En términos puramente domésticos. La intención de Trump es aprovechar la posición, aunque declinante, de EE.UU. como superpotencia comercial para generar ingresos estatales a través de los aranceles. Con estos fondos, planea financiar un paquete de rebajas fiscales masivas dirigido a ciudadanos y empresas, impulsando una reindustrialización que recupere los empleos perdidos durante la apertura neoliberal de los últimos 40 años. Su estrategia también busca reforzar su base electoral en el Rust Belt, la Zona cero del “Make America Great Again”, y evocar el esplendor industrial del país post segunda guerra mundial.
La globalización y el mundo basado en reglas y organismo supranacionales que regulan e intermedian en los conflictos ha finalizado desde el mismo día que Trump asumió el cargo de presidente, La “performance” de ayer deja interrogantes sobre el futuro del sistema internacional una vez que Trump deje el poder. Lo que sí se puede anticipar es su impacto inmediato en los ciudadanos estadounidenses,un aumento en los costos de vida, dado que los aranceles son impuestos que las empresas trasladarán a los precios de los productos, en el corto plazo, esto repercutirá negativamente en el empleo y el crecimiento económico tal y como los analistas económicos han anunciado en las últimas semanas. Pero más allá del impacto interno, la mayor consecuencia será geopolítica y en gran medida, impredecible.
Es ingenuo pensar que estas acciones no tendrán represalias. Además de los aranceles que otros países puedan imponer a EE.UU, la consecuencia más probable podría ser una reconfiguración de los bloques comerciales globales, un escenario plausible es un acercamiento estratégico entre la Unión Europea y China, lo que podría redefinir el equilibrio económico y enfadar a Trump, a esto se suma la posibilidad de un fortalecimiento de bloques regionales alternativos, como un eje comercial más sólido entre Canadá y Europa o un acercamiento de México a una alianza latinoamericana más compacta, amén de ampliar el acuerdo asiático que China, Japón y Corea del Sur ya están negociando.
Sería muy osado aventurar nada porque como decía antes, entramos en terreno pantanoso y tiene pinta que esto de los aranceles solo será uno más de los terremotos que provocará el desastre natural Trump, pero trazar estrategias pensando en que el contrario se mantendrá inmovil recuerda a la frase apócrifa de Tyson, aquello de que todo el mundo tiene un plan hasta que le dan la primera hostia, y en este contexto, los efectos de la doctrina Trump trascienden la economía y se adentran en la geopolítica global, un terreno donde la incertidumbre y la inestabilidad pueden derivar en consecuencias aún más impredecibles.



























