La filóloga que se reencontró con el asturiano en Manhattan

La escritora Paquita Suárez Coalla, profesora en los EEUU, se estrena como nueva académica de la llingua asturiana.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

A finales de los años 70 Asturies se lleno de pancartas y murales con el lema Bable en les escueles. Aquella campaña de Conceyu Bable sacudió la conciencia lingüística de los asturianos e impactó en una niña de Grullos, Candamo, Paquita Suarez Coalla, desde este viernes académica de la llingua asturiana. Las esforzadas pintadas de los asturianistas de la Transición ayudaron a Paquita a darse cuenta que en su casa y en su pueblo ella, su familia y sus vecinos hablaban otra cosa que no era el castellano del colegio y la televisión.

Las ultimas vacaciones familiares en Grajal de Campos, León, Paquita, su hermana y sus primos ya percibían el contraste con los niños del pueblo, y sentían un orgullo infantil porque además de castellano ellos hablaban otra lengua más. “Quen sabe galego sabe máis” fue precisamente el eslogan de una exitosa campaña para la normalización del idioma.

Pintada de Conceyu Bable na Transición

Nacida en un hogar de economía mixta, padre trabajador de ENSIDESA, madre dedicada al campo y a la casa, Coalla define lo que se hablaba en su casa como un “ir y venir del asturiano al castellano”, pero sin ninguna conciencia lingüística de que lo que tenían en la boca era otro idioma. Coalla estudió filología hispánica en la Universidad de Oviedo/Uviéu en los años 80, pero aunque entre sus compañeros de promoción destacaba gente muy involucrada en el movimiento de reivindicación lingüística como Berta Piñán o Xuan Bello, Coalla reconoce que sus intereses en aquel momento eran otros. Unos intereses que le llevarían a doctorarse con una tesis sobre el escritor argentino Adolfo Bioy Casares.

Como tanta otra gente de su generación llegados a los años 90 Paquita se encontró en la treintena con un doctorado y ninguna posibilidad de acceder a la Universidad cuyas puertas se habían cerrado. La única oportunidad laboral llegó al otro lado del Atlántico, primero en una universidad en México y después en otra al norte del Rio Grande.

Paquita Suárez Coalla y Adolfo Bioy Casares en Buenos Aires, en 1990.

Afincada en Nueva York desde finales de los años 90, Paquita llegó a una ciudad con Torres Gemelas y barrios peligrosos hoy reconvertidos por el turismo y la gentrificación en alquilar una casa está al alcance de muy pocos. De la ciudad de los rascacielos le fascinó no tanto “los edificios de postal” como “la diversidá de la xente”. Una diversidad, palabra hoy tabú en la América de Trump, de la que su propia familia es ejemplo: una asturiana de Candamo, un marido de El Paso, Texas, con raíces en Ciudad Juárez, México, y una hija norteamericana con herencia española y mexicana.

Tratando de escribir sobre su centenaria güela y el mundo rural en extinción que la rodeaba se dio cuenta de que no podía hacerlo sin tirar del asturiano

Fue en ese Nueva York donde hay “munches llingues y formes de sentir la vida” donde volvió a redescubrir el asturiano y su conciencia lingüística. Tratando de escribir sobre su centenaria güela y el mundo rural en extinción que la rodeaba se dio cuenta de que no podía hacerlo sin tirar del asturiano. De ahí salieron un libro de cuentos, “Pa nun escaeceme”, y otro de entrevistas con muyeres rurales nacidas a principios del siglo XX, “La mio vida ye una novela”, obra pionera de la historia oral en Asturies, y una suerte de pequeño best seller y long seller en llingua asturiana.

Paquita Suárez Coalla en una imagen de archivo. Foto: Alisa Guerrero

Piensa que es probable que de haberse quedado a vivir en España también habría terminado convirtiéndose “por otro camín” en una escritora en asturiano, pero cree asimismo que la distancia de vivir en Manhattan aceleró el proceso. El próximo curso ofertará un curso de asturiano en Nueva York a través del Instituto Cervantes, contempla con preocupación la evolución de su país de acogida, donde las universidades están en el punto de mira y los símbolos de apoyo al pueblo palestino se tratan de equiparar con el terrorismo.

Sigue vinculada sentimentalmente a Asturies y a Candamo, lugares recurrentes en sus colaboraciones para NORTES, “Quizá si viviera aquí escribiría sobre Nueva York”, y lamenta que las lenguas solo se vean desde el punto de vista económico: “Es parte de nuestro patrimonio y de nuestra cultura. Si cuidamos el románico o la sidra, ¿por qué no el asturiano?”.

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