Victoria viene a cenar
Dramaturgia: Olga Mínguez Pastor
Dirección: Carmen Nieves
Intérpretes: Teresa Soria Ruano y Celia Medrano
Sábado 17, Off Niemeyer, Avilés
La conquista del voto femenino fue motivo de controversia en casi todos los países. Era un derecho inexcusable, pero en muy pocos sitios se implantó sin trifulcas, coartadas torticeras y oportunistas. Dinamarca lo consiguió ya en 1908, pero sólo para mujeres de más de 25 años que pagasen impuestos. Rusia y Reino Unido en 1918, aunque en este último sólo para mujeres con más de 30 años. En la mayoría de países no se lograría hasta bien entrada la década de los 50. En España fue una conquista de la República, incluso antes que en Francia. Casi todos los partidos lo defendían de facto, y la mayoría hasta lo llevaban en el programa. Sin embargo la perversión política de una parte de la izquierda, subordinando la razón ideológica a una cuestión táctica, se manifestó en contra. Fueron muchos quienes pensaron que el voto de la mujer, influenciada por la iglesia, iría a parar a la derecha. Felizmente el sentido común se impuso en las Cortes Constituyentes –por poca diferencia y gracias a que la mayoría de “negacionistas” se abstuvieron en las votaciones– y la Constitución de 1931 reconoció el derecho al voto de las mujeres. Los argumentos enfrentados de Clara Campoamor y Victoria Kent son parte radiante de la historia de España, del feminismo, y un ejemplo de lucidez en aquella controvertida disputa.
La compañía Pisando Escenario lleva a las tablas el “posicionamiento” de estas mujeres con deliberada vocación didáctica. En una velada que nunca existió y sin anclaje temporal determinado –son biografías espectrales que se cruzan diacrónicamente–, Clara Campoamor invita a cenar a Victoria Kent con la intención de limar asperezas, pero también con el propósito de que le pida perdón por no haberla apoyado en el legítimo derecho sufragista. Hay un asado en el horno que nunca veremos y un vino embriagador navarro que jugará un papel desinhibidor para que Victoria, cuya vida y obra ha quedado relegada, injustamente, a una mera anécdota coyuntural, pueda justificar su estrategia política. Clara (Teresa Soria Ruano) es impetuosa, tozuda, dulce y reivindicativa, y quien lleva la voz cantante. Viste una llamativa blusa de colores chillones y un pantalón de tiro alto propio de los 50. Por el contrario Victoria (Celia Medrano) se presenta afligida y circunspecta, un tanto anticuada, ataviada con un sobrio vestido atemporal. Actitudes y estéticas disímiles para dos caracteres bien diferenciados (no deja de ser paradójico que Victoria Kent fuera diez años más joven que Clara Campoamor). A medida que avanza la acción los personajes afianzan y perfilan su presencia. La cena, que juega a ser una encerrona y un poco El ángel exterminador, incluye un entreacto con un emotivo fragmento de los discursos de ambas, desde la tribuna de la Cámara.
Este planteamiento de encuentros ficticios entre personajes históricos para el esclarecimiento de ideas, no es nuevo en el teatro. Su importancia y valor pedagógico queda fuera de dudas. El éxito e interés que despierta entre los espectadores evidencia que estamos ante un formato con buenas expectativas. Espectáculos como Victoria viene a cenar, sencillos y eficaces, lo demuestran.



























