La vivienda pública en España es una anomalía dentro del contexto europeo. Mientras países como Países Bajos o Austria destinan más del 20% de su parque total a vivienda social, en España apenas se alcanza un 3,4%, según el Ministerio de Vivienda, y eso sumando tanto las de titularidad pública como las gestionadas por entidades sociales. Si nos centramos solo en las viviendas públicas, el porcentaje cae al 1,72%.
Asturias mantiene un ratio algo superior, en torno al 2,15%, con unas 9.600 viviendas públicas —8.900 de ellas en manos de la empresa pública VIPASA, según datos del Gobierno del Principado—. Pero el declive ha sido notable: en los años 80, la región contaba con más de 30.000 viviendas públicas.
La emergencia habitacional, alimentada por el alza de precios, el turismo, la falta de suelo asequible y una escasa planificación estructural, requiere soluciones rápidas y eficientes. Pero construir vivienda pública por el cauce tradicional puede llevar más de seis años, como recogen varios informes sectoriales. Según la consultora Colliers, el tiempo medio para transformar y gestionar un suelo y levantar nuevas viviendas en España se sitúa entre los 10 y 15 años, incluyendo trámites urbanísticos, licitaciones y obras. En este contexto, la vivienda industrializada empieza a perfilarse como una posible vía rápida.
Industrialización no es prefabricación
A menudo confundida con la prefabricación tradicional de los años 60 y 70 —cuando se levantaban bloques enteros con piezas repetidas y calidad cuestionable—, la industrialización moderna es otra cosa. Se trata de diseñar todo el proceso constructivo como una cadena de valor integrada: desde los arquitectos y fabricantes hasta los instaladores y usuarios finales. Todo se planifica desde el origen. El resultado: viviendas más rápidas de ejecutar, más sostenibles y de calidad controlada.

En abril de 2024, el Gobierno de España presentó un ambicioso PERTE (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica) enfocado en la construcción industrializada, con una dotación de 1.300 millones de euros. El objetivo: facilitar la promoción de hasta 20.000 viviendas al año mediante sistemas industrializados. La meta es clara: responder a la demanda insatisfecha sin repetir errores del pasado.
Baragaño: “No hay otra vía”
Sergio Baragaño, arquitecto asturiano y responsable del estudio Room2030, lo tiene claro: “No hay otra vía. Tenemos un déficit de vivienda abismal. Por la forma tradicional, es complicado: no hay mano de obra y el proceso es lento. El sistema industrializado va en la dirección correcta”.
Baragaño detalla cómo un hotel completo, fabricado en 12 semanas, se instaló en un solo día en la provincia de Madrid. “En calidades, en tiempo y en costes, no hay comparación posible”, asegura.
“En calidades, en tiempo y en costes, no hay comparación posible”
Pero no es solo cuestión de eficiencia. Baragaño destaca que este modelo puede atraer a nuevos perfiles profesionales al sector, mejorar las condiciones laborales y reducir la huella ecológica: “Construir en fábrica es más sostenible. Y además, puedes hasta desmontar el edificio en el futuro si hace falta”. Insiste en que “se hace en menos tiempo, con menos costes y con estándares de calidad mucho más exigentes que la construcción tradicional.”
Retos estructurales
Entonces, ¿por qué no ha despegado aún? Aparte de la escasez de mano de obra cualificada y de una formación técnica anclada en metodologías tradicionales, Baragaño apunta a un freno cultural: “No es un problema normativo. La ley lo permite. El problema es de mentalidad, de desconocimiento, incluso dentro de la administración”.

En España, la ley 9/2017 obliga a separar los roles de arquitecto y constructor en la contratación pública, lo que dificulta la integración que exige la industrialización. Pero no hay prohibición. El freno es la inercia, no la ley.
Reticencias del sector tradicional
A pesar de las ventajas aparentes, la adopción de la construcción industrializada no está exenta de resistencias. Parte del sector promotor y constructor tradicional muestra recelos ante un modelo que exige una transformación profunda en sus procesos productivos. Según Idealista News, promotores consultados advierten de los altos costes iniciales que implica adaptar la cadena de producción, la falta de suelo finalista con tramitación ágil y la incertidumbre sobre la demanda a largo plazo de este tipo de vivienda.
Además, el informe conjunto de Colliers y APCEspaña señala que muchos operadores consideran la industrialización una solución prometedora pero aún marginal, especialmente en zonas con márgenes ajustados o baja demanda. A esto se suma el hecho de que la financiación de este tipo de proyectos aún no está completamente estandarizada por parte del sistema bancario. Incluso promotoras pioneras como AEDAS Homes reconocen que el mercado sigue en fase de transición y que la falta de capacidad industrial instalada, tanto técnica como humana, dificulta una adopción masiva del modelo. Al menos de momento.

Sin embargo, algunos expertos del sector promotor consideran que la industrialización es una vía inevitable para abordar el déficit habitacional en España. Según Juan Antonio Gómez-Pintado, presidente de la Asociación de Promotores Constructores de España (APCE), afirmó recientemente en le portal de Idealista.com que la industrialización es una de las soluciones al problema de accesibilidad a la vivienda en nuestro país. Además, la Confederación Nacional de la Construcción estima que España necesita construir 150.000 viviendas nuevas al año. En este sentido, la construcción industrializada se presenta como una alternativa prometedora para alcanzar este objetivo.
Asturias: oportunidad y urgencia
Asturias, con sus 446.569 hogares y una proporción de vivienda pública ligeramente por encima de la media estatal, está lejos de los estándares europeos. La región ha lanzado iniciativas recientes: la construcción de 600 viviendas públicas distribuidas por varios concejos; un plan en Gijón para levantar 500 viviendas hasta 2027, la mitad para alquiler social; y una inversión de 130 millones de euros en vivienda dentro de un gran acuerdo de concertación social.
Sin embargo, el ritmo es lento. Sergio Baragaño lo resume así: “Con obra tradicional, en una legislatura no puedes hacer casi nada. Con industrializada, sí”. Asturias no solo tiene el déficit, tiene la oportunidad. Infraestructura industrial, tejido metalúrgico, necesidad urgente de soluciones. Y, con la llegada del AVE y el repunte turístico, también una presión creciente sobre el mercado residencial.

El bloque que se levanta en la antigua escuela de peritos de Gijón es uno de los primeros en los que la Consejería de Vivienda ensaya la construcción con vivienda industrializada.
Más que social: flexible, ampliable, replicable
La industrialización también ofrece modelos flexibles: viviendas que crecen con el usuario. “Estamos trabajando en proyectos que permiten empezar con 40 metros cuadrados y ampliar según evolucione la vida de quien la habita”, explica Baragaño. Es una vivienda adaptable, ideal para jóvenes, zonas rurales, segundas residencias, e incluso para trabajadores temporales.
En Madrid, el Plan Vive ha logrado entregar más de 3.000 viviendas públicas utilizando sistemas industrializados, con reducciones sustanciales en tiempos de obra y costes operativos. En Barcelona, se han construido cerca de 400 viviendas de protección oficial mediante módulos tridimensionales y paneles prefabricados, lo que ha permitido acortar el plazo de ejecución en un 40% y reducir las emisiones de CO₂ en un 30%. En el sector privado, promotoras como AEDAS Homes han apostado por este modelo con la edificación de más de 4.000 viviendas industrializadas, impulsando un cambio estructural hacia la eficiencia y la sostenibilidad.
España ya vivió su ola de vivienda industrializada, pero esta vez el reto es hacerlo bien: con calidad, integración y visión de futuro. No se trata solo de construir más, sino de construir mejor, más rápido, con menos recursos y con mayor justicia social. En palabras de Baragaño: “Es que va en esa dirección. Y es que ya se está empezando a ver que tiene que ir por ahí. Es el presente. Es el futuro”.



























