No, esto no es política

El pasado viernes acudí, de buena fe, a un acto que organizaba la corporación para homenajear a las víctimas de ETA personalizadas en Miguel Ángel Blanco.

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Carlos Fernández Llaneza
Carlos Fernández Llaneza
Portavoz del PSOE de Oviedo y autor de varios libros sobre la capital asturiana.

He dejado, deliberadamente, pasar unos días para compartir una reflexión personal porque no quería que la indignación o la rabia nublase la objetividad con la que, al menos, pretendo escribir estas líneas.

El pasado viernes 11 acudí, de buena fe, a un acto que organizaba la corporación para homenajear a las víctimas de ETA personalizadas en Miguel Ángel Blanco. Es el tercer año que acudíamos. Ya el primer año tuvimos que escuchar palabras absolutamente inadecuadas en un acto de estas características. El segundo año también se desvirtuó el mensaje. Este año no pude esperar a que acabara el acto porque me sentí insultado. Me fui. Al final de su intervención, el primer teniente de alcalde, Mario Arias, dijo refiriéndose a ETA: “Su brazo político, EH Bildu, ha continuado con la ideología de exclusión y odio a España por la que la banda mató. Los testaferros de ETA tienen más poder político que nunca porque el gobierno de España ha pactado con ellos para mantenerse en el poder”. Posteriormente, en unas declaraciones a los medios, el alcalde manifestó: “ETA ha dejado de matar, pero siguen estando ahí. Y siguen gobernando este país. Dejaron de matar, pero siguen gobernando este país (..) Un gobierno que depende de estos etarras. Una pena que un gobierno se sustente en estas personas”. Después de escuchar esto siento pena. Y rabia. Habría que recordar al Sr. Alcalde y al Sr. Arias que, gracias al esfuerzo de los demócratas, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, por cierto, a un gobierno socialista, desde mayo de 2018, ETA ya no existe. Utilizar a las víctimas para hacer una crítica política al gobierno es ruin y mezquino además de alinearse con las tesis de la extrema derecha. La hipocresía del PP no conoce límites. Olvidan que Javier Maroto aprobó los presupuestos de Vitoria con el voto de Bildu cuando aún la banda no se había disuelto. Olvidan que fue Aznar, el mismo que calificó a la banda terrorista como “Movimiento Vasco de Liberación Nacional”, el presidente que más presos etarras acercó al País Vasco. Todos los demócratas tenemos víctimas en esa lista nefanda de horror y crueldad sin límites. Y todas las víctimas son iguales y merecen el mismo respeto. El máximo respeto. Por eso que un alcalde y un primer teniente de alcalde utilicen un acto, merecedor de la máxima consideración, para hacer una crítica al gobierno es miserable. De ahí mi pena y mi rabia. En política, creo de corazón, no vale todo. Y si pretendían con esto hacer política, aun de baja estofa, se confunden; esto no es política. Hay líneas que no deben cruzarse. Por respeto. Por dignidad.

El alcalde es mi alcalde. Me representa a mí igual que al resto de la ciudadanía ovetense. Y su cargo, lo que simboliza, me merece el máximo respeto. Pero escuchando determinadas declaraciones suyas, especialmente estas a las que me refiero hoy, siento vergüenza. Y una convicción: no es digno de ser alcalde de todas y todos los ovetenses.

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