Un lazo oxidado, escondido entre helechos, acaba con la vida de un oso que nunca fue el objetivo. A pocos kilómetros, un pescador levanta la caña tras horas de espera: ni rastro del salmón. En los montes y ríos asturianos, algo empieza a fallar. Asturias presume de naturaleza salvaje, pero el equilibrio de sus montes y ríos da signos de desajuste.
La última alarma saltó este fin de semana, con la aparición de dos osos muertos en Somiedo y Belmonte de Miranda. En el primer caso, podría tratarse de una muerte natural; en el segundo, la Consejería de Medio Rural investiga un posible caso de furtivismo. Las necropsias lo aclararán. Pero el contexto ya inquieta.
La Fundación Oso Pardo y entidades como FAPAS o Coordinadora Ecoloxista llevan semanas denunciando una situación insólita: un pico de muertes que se suma a años de goteo constante. Y los osos no son los únicos. El salmón atlántico apenas da señales de vida en los ríos asturianos; las anguilas están casi desaparecidas; y el lobo, en el centro del conflicto político, ve recortada su presencia con planes de control en marcha.
La sensación es clara: algo se está descontrolando. No son hechos aislados, ni simples anomalías veraniegas. Las cifras y testimonios apuntan a un desequilibrio creciente, fruto de una combinación de factores: actividades humanas mal reguladas, descoordinación institucional, y falta de vigilancia y medios. Todo ello contribuye a una sensación de abandono, difícil de medir pero cada vez más visible sobre el terreno.

El problema del oso: lazos, balas y dejación
Según alertó esta semana el FAPAS, Asturias ha “batido todos los récords” de osos muertos en las últimas legislaturas. Las causas no siempre son fáciles de determinar, pero en muchos casos apuntan a la acción humana. José Manuel Lago, guarda forestal con décadas de experiencia, lo resume con claridad: “La mayoría de las muertes son por los lazos que colocan los paisanos para el jabalí. También hubo alguno por disparos, pero lo más habitual son los lazos”. Estos dispositivos, usados para proteger cultivos o fincas, no son selectivos: “Ahí va todo. Va el jabalí, pero también el perro, el corzo o el oso”, explica.
El problema no se reduce solo a los lazos. También hay furtivismo activo, a veces difícil de detectar. En marzo de 2022, por ejemplo, un cazador fue sorprendido por cámaras de vigilancia dentro del Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa con un rifle con silenciador y pasamontañas. Su juicio está previsto para octubre. “Es un caso excepcional porque ha llegado a juicio, pero en la mayoría de las ocasiones no hay consecuencias”, denuncia Maritxu Ameigeiras, responsable de biodiversidad de Ecoloxistes n’Aición.
“Asturias ha dejado de prestar atención a sus políticas ambientales.”
Ameigeiras apunta también a otros factores: la fragmentación del hábitat de los osos, el aumento de visitantes en espacios protegidos, y la falta de una gestión coordinada entre consejerías. “No se están garantizando los corredores ecológicos, cada vez hay más actividad humana en zonas sensibles y la administración está desbordada y descoordinada. Eso favorece el deterioro y los conflictos”.
Ernesto Díaz, consultor ambiental y coordinador de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, va más allá: “Asturias ha dejado de prestar atención a sus políticas ambientales. No es solo que no haya medios: es que se ha desmantelado la estructura de gestión”. Se refiere a la desaparición de la Consejería de Medio Ambiente y de la Dirección General de Biodiversidad, ahora diluidas dentro de Medio Rural. “El resultado es una guardería medioambiental desmotivada, mal equipada, sin dirección clara, y una fauna sin seguimiento real”, denuncia.

Salmón y anguilas: la extinción que avanza
En paralelo, la situación del salmón atlántico es aún más dramática. A punto de cerrar la temporada, solo se han declarado 125 capturas, una cifra ridícula frente a los miles de ejemplares que se pescaban anualmente en los años 50.
Las causas son múltiples, pero el calentamiento global y la gestión fallida de la especie están en el centro del debate. “Las poblaciones asturianas son las más sureñas del Atlántico y, por tanto, las más vulnerables. El cambio climático las golpea con más fuerza”, explica Maritxu Ameigeiras, de Ecoloxistes n’Aición. Además, apunta directamente a la administración asturiana, a la que acusa de inacción: “No se está reconociendo la gravedad del problema, y se mantiene una política de gestión que ha fracasado”.
En la misma línea se expresa José Manuel Lago, que descarta el furtivismo como factor principal en este caso: “Lo del salmón no es como lo del oso. Aquí el problema fundamental es el calentamiento global. Las aguas están más calientes, y estas son poblaciones en el límite de su distribución, las más vulnerables”. Aun así, critica que se mantenga la pesca con muerte: “Se siguen matando los pocos que hay, y eso no ayuda nada. Lo lógico sería que toda la pesca fuera sin muerte”.
“Lo lógico sería declarar al salmón como especie en peligro de extinción y establecer una moratoria total”
Desde Coordinadora Ecoloxista y otras entidades se denuncia también la persistencia de esa pesca extractiva, las repoblaciones mal gestionadas y la aniquilación de especies como el cormorán, señaladas injustamente como culpables. “La administración sigue apostando por una política que no funciona. Lo lógico sería declarar al salmón como especie en peligro de extinción y establecer una moratoria total”, afirman.
La situación de la anguila europea es aún más extrema. Ernesto recuerda que en la rula de San Juan de la Arena, en 2024, solo se subastaron 80 gramos el primer día: unas 80 angulas. Y, aun así, se celebró el festival gastronómico con raciones a 90 euros. “Estamos vendiendo la extinción al ajillo y con guindilla”, ironiza.

Lobos: política y exterminio simbólico
En el caso del lobo, la situación también empeora. Asturias mantiene unos 300 ejemplares, frente a las 400.000 cabezas de ganado. Aun así, el gobierno regional ha aprobado abatir 53 lobos. “No hay ningún criterio técnico que lo justifique. Es una medida política, para alinearse con comunidades del PP y Vox que presionan contra su protección”, denuncia Díaz.
Asturias se sumó a otras 12 comunidades para exigir a la Comisión Europea que rebaje la protección del lobo. Una decisión que, según el consultor, “rompe con todo lo que significó Asturias como paraíso natural”.

¿Un síntoma de algo más amplio?
Aunque los casos del oso, el lobo, la anguila y el salmón responden a causas distintas, todos ellos reflejan una creciente presión sobre la fauna asturiana. Actividades humanas, efectos del cambio climático, falta de control y problemas en la gestión se entrecruzan en un escenario cada vez más complejo. Como resume Ernesto Díaz: “No es que tengamos malas políticas ambientales. Es que directamente no hay políticas ambientales”
“Esto no es como antes”, señala José Manuel Lago. “Es una suma de cosas: los lazos, los disparos, el calentamiento… y todo va afectando”.
Con distintos matices, tanto guardas como ecologistas coinciden en que los desequilibrios se acumulan. Mientras tanto, las especies más emblemáticas de Asturias empiezan a convertirse en indicadores de una situación ambiental que evoluciona rápidamente y no siempre en la buena dirección.
Mientras la Subasta del Campanu se mantiene como una celebración popular, el salmón atlántico continúa su declive. Y mientras los osos se promueven como símbolo turístico, los lazos los siguen esperando en los montes.



























