Retrato del sector musical en Asturias. Parte II: Asturias ¿centro o periferia musical?

Análisis del cierre de salas, la precariedad y la necesidad de fortalecer el sector para desarrollar carreras musicales en la comunidad.

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Alicia Álvarez
Alicia Álvarez
Es música y periodista.

La tiranía de las nuevas formas de promoción musical, que es un mal universal, coincide en el tiempo con el cierre de varias salas de conciertos en Asturias, que es un mal local. Mientras se grababa y emitía la segunda temporada de SONADÍA, programa musical producido por Zebrastur que acaba de culminar su segunda temporada en TPA y en la que han participado 132 músicos y músicas, se cerraban tres importantes salas de conciertos de la comunidad, ampliando así la lista inaugurada por el mítico club Savoy, que cerraba sus puertas el pasado 2024 tras trece años de actividad en Xixón.

Ahora el turno era para La Salvaje, epicentro de la música indie en Oviedo desde hace diez años junto a otros espacios como Lata de Zinc o, más recientemente, los Kuivi Almacenes, logrando revitalizar la escena underground asturiana. Todo se retroalimenta y La Salvaje apostó por un proyecto en el que, las condiciones técnicas que ofrecían y su compromiso con una programación de calidad, propiciaba un espacio profesionalizado para que los grupos de aquí, y los grupos que hacían parada aquí, pudieran tocar sin la precariedad técnica y económica a la que, irrevocablemente, parece condenada siempre la música en directo. La idea germinó, avivando la escena independiente asturiana, creando nuevos públicos y contagiando “una forma de hacer”. Sin embargo, la sala no cerró este año por falta de público. La Salvaje cerró porque su edificio se destinará a apartamentos turísticos, una terrible muestra de la actual reconversión asturiana.

También, mientras rodábamos, anunciaba el cierre de su programación musical la Tizón; sala de conciertos en Gijón cuyo aforo pequeño y condiciones económicas permitía que los grupos que empiezan o los artistas underground tuvieran un espacio donde poder tocar sin estar a “menos mil euros” con solo poner un pie fuera de casa. La mayoría de salas se alquilan ya a precios inasumibles para bandas que están empezando.

Y no muy lejos de la Tizón y por las mismas fechas, el café librería Toma 3, anunciaba también que ya no volvería a programar música en directo dentro de sus actividades culturales. Tono Permuy, su propietario, tiraba la toalla tras la última visita de la policía al local paralizando un concierto. Sin el programa municipal Siente Xixón, que servía de escudo a la Ley Autonómica de Espectáculos que impide la música en directo en este tipo de locales, un solo músico con su guitarra, como fue el caso, puede ser motivo de multa.

“el imaginario de muchos artistas y grupos con los que hemos hablado, aun es necesario “irse a Madrid” para tener repercusión y vivir de ello.”

El cantautor en cuestión era Flaco Rodríguez, un chaval de veintipocos años, apadrinado por el guitarrista y productor Héctor Tuya que, lejos de su Luanco natal, trata de hacer su carrera desde Madrid. “Si estuviera aquí en Asturias creo que tendría más visibilidad, quizás me harían más caso”, reflexionaba Flaco en SONADÍA, pero el joven músico, al igual que otros grupos como Puño Dragón, lo está intentando en la capital donde ven más posibilidades de dedicarse a la música. Y es que, el imaginario de muchos artistas y grupos con los que hemos hablado, aun es necesario “irse a Madrid” para tener repercusión y vivir de ello.

La idea del éxito como requisito necesario para poder tener una carrera musical y la idea de Asturias como periferia —justo con esa palabra que nos sitúa lejos o fuera del centro —, ha calado con fuerza en varias generaciones y dentro de la gran variedad y el elevado número de proyectos musicales que hay en la comunidad, la mayoría de ellos siguen buscando la difusión y la validación de su propuesta en los medios de comunicación, sellos o agencias ubicados en la capital. Solo unos pocos se desarrollan con un enfoque consciente al margen de la centralidad madrileña; proyectos ligados, mayoritariamente, a la identidad o a la música de expresión asturiana, que conciben Asturias como el centro, como la base desde la que desarrollar su carrera musical.

Y es que cambiar de lugar ese centro, pensar en Asturias como centro en sí mismo desde el que estar y trabajar es, en mi opinión, lo que podría cambiarlo todo. Lo que haría que el sector musical asturiano, que aún combate la falta de recursos y precariedad, se dignificara y se desarrollara con plenitud, aportando más valor económico para Asturias, y —por supuesto— valor cultural, como hacen otras actividades económicas. Siendo un plus para los que vivimos aquí y un reclamo para los que nos visitan de otros lugares interesados por la identidad cultural asturiana.

Y de otro lado, es necesario desligar esa idea del éxito como paso necesario para poder vivir de los trabajos creativos. Recuperar y prestigiar la idea del oficio. Que tener una carrera musical no sea solo algo que pase por tener que triunfar en redes o tener que triunfar en Madrid para poder dedicarte a ello, sino que pase, fundamentalmente, por lograr desarrollar la profesión en buenas condiciones y con dignidad en Asturias.

¿Y qué se necesita para eso? Pues, como siempre, una visión y un compromiso. Una visión de las instituciones que aproveche el potencial del sector musical asturiano, y un compromiso de Gobierno que ayude a su desarrollo y que apueste por el cómo motor económico y cultural de la comunidad. Visto lo visto tras dos temporadas de programa, no cabe duda de que en Asturias materia prima hay.

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