Y el Evo le regaló el gobierno a la derecha boliviana.

Análisis crítico de los resultados electorales en Bolivia y del papel de Evo Morales en la fragmentación del MAS y el ascenso de la derecha.

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Javier Arjona
Javier Arjona
Minero jubilado y militante internacionalista.

Nos están solicitando opinión sobre los resultados electorales en el Estado Plurinacional de Bolivia. Y razones hay para ello. Hemos sido los más “evistas” de estas geografías, hemos seguido, desde cerca, las peripecias sindicalistas, políticas, gobiernistas, de Evo Morales y los suyos, desde los años 90 en visitas al Chapare, o en las invitaciones a los tres viajes de Evo a Asturias. Hemos reportado las agresiones, los encarcelamientos, la destitución fraudulenta de Evo cuando fue diputado, las guerras del agua de Cochabamba y del gas en el Alto, hemos editado el libro de Luís Gómez sobre el Alto de Pie-Insurrección aymara, hemos valorado el triunfo electoral impecable de 2005, la elaboración de la nueva Constitución, los ataques racistas de 2008 con intento de golpe, los avances en la siguiente elección presidencial.

Hemos participado en las dos convocatorias en Cochabamba sobre los Derechos de la Madre Tierra, y observado con satisfacción los avances propuestos en el escenario internacional por el pequeño EP de Bolivia sobre Derechos de los Pueblos.

Denunciamos el golpe de 2019, y convocamos las dos acciones de rechazo a los golpistas en Oviedo y en Xixón, a la quema de wiphalas y a la represión, y nos asombramos de cómo “se recuperó” la democracia cuando las movilizaciones ciudadanas obligaron a convocatoria electoral y Arce-Choquehuanca ganaron por goleada la Presidencia y el MAS tuvo mayorías absolutas en el Congreso.

Pero los resultados electorales recientes pillan de sorpresa a quienes han seguido de más lejos lo que en los territorios bolivianos venía aconteciendo. Sin embargo era un resultado anunciado, y desde nuestro modesto entender con una única responsabilidad en manos de Evo.

Fue Evo Morales, en el exilio, quien desde su liderazgo indiscutible designó a dedo a Arce para la contienda electoral penúltima, y fue Evo quien desde el primer minuto estaba zancadilleando su gobierno. Por 5 años ininterrumpidos, en vez de “retirarse” bajo el prestigio adquirido (y valorado MASivamente en su regreso triunfal por tierra desde Argentina), en vez de asesorar discretamente desde sus conocimientos prácticos, desde las alianzas variadas logradas en sus gobiernos (que incluyeron grandes prebendas a la derecha y empresariado y terratenientes de Santa Cruz), en vez de favorecer el gobierno del MAS, Evo se ha dedicado ferozmente a atacar al gobierno que él mismo había designado, logrando únicamente deshacer y fragmentar al MAS, entorpecer todas y cada una de las acciones de gobierno, y desbaratar su propia obra.

“Evo tiene la responsabilidad máxima. Dijo que él o el caos y prefirió inducir el caos.”

Hay gentes amigas que ahora ponen al mismo nivel de i-rresponsabilidad a Arce y al Evo, y hay quien ha estado siempre diciendo que “el Evo” está rodeado de gente tóxica. Pero creemos que no hay comparativa.

Evo tiene la responsabilidad máxima. Dijo que él o el caos y prefirió inducir el caos, solo que el pueblo boliviano, llevado a tal tesitura por el caudillismo absurdo, ha preferido otorgar sus apoyos al menos malo (en apariencia) de los candidatos de las tres derechas que han superado a las candidaturas progresistas.

¿Y ahora, qué hacer?.

Lo sabrán, lo irán dilucidando, lo acordarán en vivo los pueblos del Estado Plurinacional (si es que no se desmonta la parte oficial del Estado Plurinacional).

Pero hay una acción imprescindible que le corresponde a Evo Morales: una autocrítica profunda, una valoración a la que deben obligar todos los pueblos, y en especial las federaciones del trópico de Cochabamba, bases en las que ha fundamentado su actuar cómplice con la derecha, para propiciar el desmantelamiento de su propia obra.

Evo le debe una disculpa profunda a Bolivia, esencial para que las masas populares, trabajadoras e indígenas, sigan teniendo protagonismo decisivo en el corazón de Latinoamérica.

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