Noventa compañías y ningún centro: la deuda pendiente con el teatro asturiano

Reflexión sobre la urgencia de un centro público de producción escénica en Asturies para fortalecer el patrimonio teatral y la escena profesional.

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Antón Caamaño
Antón Caamaño
Actor y direutor d’escena. Doctor n’Artes Escéniques.

 Hace unos días tuve el gusto de ser entrevistado por un grupo de alumnos de la ESAD de Asturies, que tenían la intención de hacer un trabajo sobre nuestra compañía para alguna asignatura. En un punto de la conversación, llegué a manifestarles mi opinión sobre el hecho de que los actores y actrices que salgan titulados solamente tengan la posibilidad de emigrar al finalizar sus estudios.

Es una cuestión en la que insisten además algunos de los docentes, transmitiendo así la idea, consciente o inconscientemente, de que la ESAD es una especie de escuela de un barrio madrileño. Me preguntaron entonces: “¿Y qué es lo que debiéramos hacer?”. No supe qué contestar. 

Los Centros Dramáticos son instrumentos que o bien el estado o bien las comunidades autónomas ponen en funcionamiento con el fin de cuidar del patrimonio teatral del ámbito territorial que les corresponde (con variables), tanto en lo que se refiere a su pasado (clásicos); el presente, (autores contemporáneos), y también al futuro, mediante investigación en nuevas tendencias. 

La demanda no es nueva en absoluto: Asturies necesita un centro de producción escénica con carácter semipúblico o público, que pueda albergar y ofrecer propuestas de gran formato que una compañía no puede asumir, y para visibilizar y poner al servicio de la sociedad el patrimonio teatral o escénico que atesora (formas parateatrales, autores, obras, lengua…).

Hay bastantes modelos donde inspirarse para poner en marcha uno que se ajuste a las necesidades de nuestra escena. Y no sería especialmente complicado ni costoso que la sociedad asturiana disfrutara de una institución de ese tipo, quizás dependiente de una agencia de industrias culturales. 

Existe patrimonio y actividad escénica en Asturies más que suficiente para justificar la existencia de un centro de producción público. Pero no es esa la única motivación. La escena asturiana viene arrastrando hace tiempo problemas estructurales graves y de difícil solución. Es muy llamativa, por ejemplo, la enorme cantidad de compañías profesionales que desarrollan su actividad con más o menos solvencia en el territorio del Principado, unas noventa censadas sin contar los grupos aficionados. En pocos casos esas compañías están formadas por más de dos personas.

Ello unido a la proverbial escasez presupuestaria; al déficit de espacios adecuados para la representación (que conduce a la puesta en escena de espectáculos de pequeño formato con no más de dos actores la mayoría); y a cierto cliché “amateur”, me atrevería a decir, con que la administración y programadores, en términos generales, contemplan el devenir de la actividad, aunque tenga carácter profesional, provocan la saturación del sistema, por un lado, al no ser capaz de asimilar tanta oferta, y por otro, al no ser capaz de albergar formatos o repartos, salvo contadas excepciones, que no sean los mínimos. 

No es que un centro de producción público vaya a solucionar todos estos problemas. Pero unido a otras necesarias acciones podría contribuir a articular y reconfigurar el tejido de la escena asturiana, a desatascarla, a conferirle un mayor grado de calidad y presencia, a redimensionarla, y a dotarla de una personalidad propia. 

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