Ana García Sempere es una de las promotoras del Kit Ecosocial, una plataforma para la difusión de la economía social y solidaria, que incluye opciones como la compra online de productos de cooperativas, y que ya se ha presentado en Asturias. El proyecto está financiado con los fondos de recuperación Next Generation, y supone un intento de crecer en la escala del cooperativismo, a menudo lastrado por lo reducido de de su radio de alcance.
¿Qué es kit social?
Kit Eco Social es una plataforma digital que reúne diferentes herramientas en un único espacio para que las cooperativas y entidades de la economía social puedan ser más visibles, más transparentes y más sostenibles. Es un impulso a la digitalización y sostenibilidad de la economía social con especial atención a los municipios pequeños y/o rurales. El objetivo central es fortalecer, mediante herramientas digitales, la economía social porque eso nos ayudará a avanzar hacia una sociedad más justa y sostenible.
¿Podríamos definirlo con un Amazon de la economía social?
Sí y no. Por un lado, es una plataforma digital que permite dar visibilidad a empresas de la economía social para que puedan dar a conocer, poner en valor y comercializar sus servicios y productos. Pero, por otro lado, a diferencia de Amazon u otras grandes plataformas del comercio digital, es un instrumento que fomenta la descentralización y cuyo interés es el crecimiento e impulso de la economía social y el cooperativismo, sin ningún ‘peaje’ o ‘comisión’. Necesitamos plataformas “tipo Amazon” pero justas, descentralizadas y que ayuden a distribuir riqueza, no a acumularla en pocas manos.
¿Qué barreras encuentra ahora mismo la economía social a su desarrollo?
Hay barreras que responden a una dinámica general marcada por una “globalización salvaje” y los procesos de concentración empresarial en torno a grandes “holdings” o “grupos de empresas” que dejan poco oxígeno para la economía social y cooperativista. Sirvan como ejemplo el rol de las grandes cadenas de distribución en el sector agroalimentario y su cadena de valor (y su impacto sobre los pequeños y medianos productores de las economías locales) o el auge de las grandes plataformas del comercio digital (y su impacto sobre cada vez más sectores productivos incapaces de competir en precios y logística). Junto a esto existen barreras específicas que encuentra la economía social y cooperativas como la escasez de financiación y créditos, la fragmentación y el débil peso político institucional, los marcos normativos complejos y poco favorables, la falta de visibilidad y los problemas ligados a la innovación y la digitalización.

¿Cómo pueden lograr las entidades de la economía social ganar músculo?
Hay varias palancas y líneas de actuación estratégicas que impulsar. En primer lugar, aumentar la visibilidad y el reconocimiento social, creando ‘marcas’ y ‘etiquetas’ sociales que diferencien y den valor a esta economía, reforzando su presencia en ámbitos formativos y con campañas que ayuden a que sea más reconocida y valorada por la sociedad. En segundo lugar, hay que reforzar el acceso a la financiación, creando instrumentos de crédito e inversión favorables y políticas fiscales que incentiven su crecimiento y saltos de escala. En tercer lugar, aumentar la contratación pública con la economía social y realizar ajustes en el marco legal para simplificar y unificar criterios entre las distintas administraciones. En cuarto lugar, avanzar en una mayor cooperación y articulación entre los distintos actores de la economía social, promoviendo federaciones, estructuras de segundo grado o plataformas digitales conjuntas de comercialización, logística o visibilidad online (que es la línea de nuestro proyecto). Finalmente, el sector tiene que ganar peso político y capacidad de presión sobre la orientación de las políticas públicas y la gestión de los fondos, mediante estructuras fuertes y democráticas que hagan oír su voz.
¿Dependen en exceso del sector público la mayoría de empresas de la economía social?
Es un tema complejo y que requiere un debate de fondo. Hay que dejar claro una cosa, hay importantísimos sectores económicos que dependen del sector público, más que la economía social de hecho. Desde las grandes constructoras y su dependencia de la obra pública y el sector agrario y su dependencia de la PAC hasta la ‘fagocitación’ de subvenciones y fondos europeos que realizan grandes empresas energéticas o de la automoción. Hay un mito, malintencionado, que tiende a presentar a la economía social como una economía ‘subvencionada’ y no es verdad. Y por otro lado hay que asumir que las administraciones públicas son actores económicos de primer orden, no solo actores políticos, y que de sus decisiones depende también el tipo de economía que queremos impulsar como sociedad, y en las contrataciones, compras y externalizaciones que se realiza desde lo público encontramos empresas con prácticas muy poco éticas y hasta ilegales. Por lo que hay que fomentar un mayor compromiso de lo público con la economía social, cooperativas y pequeñas y medianas empresas ligadas a las economías locales, con clausulas más estrictas en compras y contratación.
¿En qué países podría fijarse España para impulsar su sector cooperativista?
En España hay muchas buenas prácticas, en el País Vasco, Cataluña y otros sitios donde ha habido una buena articulación entre políticas públicas y el tejido productivo local y cooperativista. A nivel internacional podemos mencionar la avanzada legislación sobre cooperativas sociales de Italia, las políticas de financiación públicas que tiene Francia, la buena tradición de cooperativas de vivienda y energéticas que hay en Alemania, la densidad y riqueza del tejido de la economía social que hay en Quebec, o la cultura de participación y gobernanza que tienen los países nórdicos y su impacto sobre las políticas económicas. En todos estos casos vemos un claro compromiso de las administraciones y las políticas públicas para el impulso de una economía social y cooperativista, entendiendo que se trata de una dinámica que tiene potencia económica al tiempo que nos permite avanzar hacia sociedades más justas.



























