¿En qué países es gratuita la universidad pública?

Alemania, Suecia o Grecia ya aplican una medida que Asturies y Galicia valoran en estos momentos.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Alemania es uno de los ejemplos más citados cuando se habla de gratuidad universitaria. Desde 2014, las universidades públicas alemanas dejaron de cobrar matrículas, tanto a estudiantes nacionales como internacionales. La decisión fue tomada tras años de debate público y presión estudiantil, y hoy el país ofrece educación superior sin costes académicos directos, más allá de tasas administrativas semestrales que rara vez superan los 300 euros. El argumento central fue claro: si la educación básica es gratuita, ¿por qué no debería serlo también la educación superior?

Noruega, país europeo, pero no miembro de la UE, va incluso un paso más allá. No solo ofrece gratuidad para su ciudadanía, sino que extiende este beneficio a estudiantes extranjeros, sin distinción de origen. La lógica nórdica, basada en un Estado de bienestar sólido, considera que invertir en capital humano es una forma directa de fortalecer la sociedad. Otros dos estados escandinavos, Suecia y Finlandia siguen una línea similar, aunque en estos países, ambos miembros de la UE, la gratuidad está limitada a los ciudadanos europeos, mientras que los estudiantes de fuera de la Unión deben pagar tasas, salvo que accedan a becas estatales.

Malta, Chipre, Eslovenia, Eslovaquia y Polonia son otros países de la UE en los que la universidad es gratuita. En Francia si bien no se llega a la gratuidad total, las tasas son muy bajas, con precios que van de los 170 a los 600 euros al año.

Universidad de Tolouse.

A diferencia del resto de los territorios británicos, los estudiantes de grado de las universidades públicas de Escocia están exentos de pagar cualquier tipo de matrícula. Además, las universidades escocesas también tienen un amplio programa de becas, sobre todo para estudios de postgrado.

En América Latina, Argentina lidera desde hace décadas el modelo de universidad pública gratuita. Desde la reforma impulsada en 1949 durante el gobierno de Juan Domingo Perón, la gratuidad universitaria ha sido una bandera de identidad nacional. Cualquier estudiante, nacional o extranjero, puede acceder a una universidad pública sin pagar matrícula, y esa política ha sobrevivido a gobiernos de distinto signo político, convirtiéndose en un consenso transversal. El consenso es tal que incluso un neoliberal como Milei no se ha atrevido a tocar una gratuidad, que de momento solo se plantea eliminar para extranjeros.

Huelga en la UAM en el curso 1999-2000.

Brasil y Uruguay siguen caminos similares, con universidades federales o nacionales que ofrecen educación gratuita. En México la Universidad Autónoma de México estuvo a punto de perder la gratuidad en 2.000, cuando el gobierno de Ernesto Zedillo trató de introducir la matrícula de pago. La respuesta fue una huelga de 10 meses de duración que terminó con la victoria de los estudiantes.

¿Qué pasa en España?

España ocupa una posición intermedia, aunque cada vez más tensionada. Si bien la universidad pública no es gratuita, el Estado subvenciona una parte importante del coste real de las matrículas, que varían dependiendo del grado, la comunidad autónoma y la situación económica del estudiante.

A nivel autonómico Catalunya, una de las comunidades con tasas históricamente más altas, ha aprobado este año una reducción significativa de los precios universitarios tras años de movilizaciones estudiantiles. Andalucía, Galicia y Asturies se ha planteado directamente el objetivo de eliminar las tasas universitarias, al menos en los primeros años de carrera o para los estudiantes con buen rendimiento académico. El debate está servido.

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