Identidades interpuestas, el teatro y la vida

A medida que transcurren los días conocemos el carácter del recluso y participamos de las reflexiones que se le plantean al autor al redactar el texto.

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

Tebas Land

de Sergio Blanco

Intérpretes: Lautaro Perotti y Gerardo Otero

Dirección: Corina Fiorillo

Off Niemeyer, 10 de octubre, Avilés

Timbre 4 repone Tebas Land, la conocida pieza de Sergio Blanco, casi tal y como intuyo que se representó en Argentina hace años. No hay añadidos o refuerzos escenográficos innecesarios porque lo importante son los actores y sus testimonios. Así que una pizarra para las proyecciones, una cámara, un banco, una mesa y dos sillas son elementos más que suficientes para que los hechos que se narran nos lleguen directamente con sencillez y entereza, despojados de cualquier tipo de teatralidad redundante. La proximidad del espacio Off ampara y favorece también esa “naturalidad” que es el componente principal de la propuesta escénica. La obra de Sergio Blanco toca muchas cosas, juega con el parricidio como mito y complejo edípico, hace sociología carcelaria, denuncia el maltrato al menor y la educación…, aunque quizá su mayor logro sea la exploración introspectiva y el esfuerzo por descubrir hasta dónde el teatro, la mímesis, es capaz de reproducir e identificarse con la vida y hasta dónde tiene capacidad para incidir en la realidad. Una metateatralidad fronteriza que pelea por descubrir sus límites y encontrar un sentido.

Tebas 4.

Lautaro Perotti aquí es un dramaturgo que quiere escribir una pieza sobre un parricidio acontecido. Su compromiso por contar los hechos con veracidad lo llevan a la cárcel, a entrevistarse y conocer al joven Martín, el asesino que apuñaló repetidas veces a su padre con un tenedor. A medida que transcurren los días conocemos el carácter del recluso y participamos de las reflexiones que se le plantean al autor al redactar el texto. También descubriremos a Gerard, el actor que encarnará al criminal y que irá construyendo el personaje a razón de lo que Lautaro le cuente sobre Martín. Momento en que la función que estamos viendo adquiere un redoble de metateatralidad, porque Gerardo Otero es quien interpreta al homicida, y a su vez al personaje que lo representará en las escenas que se están componiendo. El pase de un cuadro y de un espacio a otro se realiza con naturalidad y sin interrupción alguna. Apenas una luz fría para los ensayos y otra cálida para los momentos del presidio. Más el cambio de registro con mucho arte que realiza Otero para diferenciar los dos personajes, evidentemente. El Martín presidiario es un infeliz que sufre atormentado por el crimen acometido y por su condición marginal. No ha tenido suerte. Su abatimiento lo manifiesta ensimismado. Se sabe inferior al resto de mortales en muchos aspectos. Lautaro, por su parte, se descubre seducido sexualmente y cautivo de los encantos de Martín. La atracción es mutua, aunque la relación se interrumpe cuando finaliza el trabajo y la pieza se estrena. Hay elementos dramáticos convencionales (un rosario, nombres de escritores, la confesión del crimen) y alguna que otra proyección de primeros planos retransmitidos en directo, que actúan sobre la estructura a modo de aporte documental al proceso. La dirección de Corina Fiorillo, con claridad meridiana, transmite muy bien la historia de Tebas Land y la extraordinaria envergadura de su sencillez.

Cuando se habla de Sergio Blanco es inevitable referirse a la “autoficción”. Yo he querido eludir el término porque su uso me lleva a especulaciones espurias. Hay autoficciones positivas y complacientes y otras más trágicas y heavies, de acusada raigambre psicológica. Pienso en la dramatización de La infamia, de Lydia Cacho, ya vista en este Niemeyer o, por seguir en el contexto homicida y carcelario en la experiencia de Truman Capote al novelar A sangre fría. O, más recientemente y dentro del periodismo de investigación, en el prólogo que tendrá que escribir Luisgé Martín el día que se publique El odio, sobre el bestial asesinato cometido por Bretón y la polémica entablada.

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