Se cumplen 100 años del nacimiento en Madrid del filósofo Manuel Sacristán y la asociación cultural La Ciudadana lo celebrará este jueves en El Manglar de Oviedo/Uviéu con la presentación del libro “La trayectoria intelectual de Manuel Sacristán. Teoría y práctica”, obra del filósofo Miguel Manzanera, que participará en el acto acompañado del historiador Francisco Erice.
Nacido en 1925 en una familia de clase media y afín al régimen, la primera socialización política del joven Sacristán fue en las organizaciones juveniles del régimen, en concreto en la rama cultural del Sindicato Español Universitario, espacio donde muchos jóvenes de la posguerra intentaban encontrar un sentido de compromiso y pertenencia en una España dictatorial donde Falange y la Iglesia católica eran los únicos espacios permitidos para la participación social. En su caso, como el de otros muchos jóvenes procedentes de familias franquistas, aquella militancia inicial no sería el punto final de su biografía política, sino el comienzo de una larga evolución hacia posiciones democráticas y socialistas gasta convertirse, ya a finales de los 60, en una referencia intelectual de la oposición antifranquista.
Afincado desde 1940 junto a su familia en Barcelona, Sacristán inició sus estudios de Derecho y Filosofía en la Universidad de Barcelona. Tras sus primeros desencuentros con el régimen y la ruptura con el falangismo, tiene la oportunidad de salir por primera vez de España. No la desaprovecha. Una beca le permite viajar a la Universidad de Münster, en Alemania, donde se formó entre 1954 y 1956 en lógica formal y filosofía de la ciencia. La experiencia alemana fue decisiva. Allí entró en contacto con un pensamiento crítico, con una tradición universitaria más libre y con una ética científica que contrastaba con el opresivo dogmatismo del franquismo. También con los comunistas españoles.

A su regreso a Barcelona comienza a ejercer como profesor de la Universidad de Barcelona y se une al Partit Socialista Unificat de Catalunya, la organización hermana del Partido Comunista de España. El compromiso político provoca su expulsión de la universidad en 1965, cuando ya es un joven filósofo de cierto prestigio, gracias a la publicación en 1959 de “Las ideas gnoseológicas de Heidegger” y de “Introducción a la lógica y al análisis formal”, un manual que reintrodujo la lógica moderna en la universidad española. No obstante, será en el campo del marxismo donde Sacristán destaque como traductor, comentarista e intérprete no solo de Marx y Engels, sino también de autores posteriores como Gramsci, Lukács, Marcuse, Adorno o E.P Thompson.
El compromiso político provoca su expulsión de la universidad en 1965, cuando ya es un joven filósofo de cierto prestigio
Expulsado de la universidad, Sacristán sobrevive como traductor y se entrega por completo al activismo cultural ligada a su militancia comunista. Impulsa revistas legales e ilegales, imparte cursos y conferencias, y se convierte en uno de los responsables del grupo de intelectuales del PSUC, un espacio clave en un momento en el que los comunistas otorgan una importancia estratégica a la llamada “Alianza de las Fuerzas del Trabajo y la Cultura”. Esta circunstancia va a hacer que la obra de Sacristán sea breve y fragmentaria, ya que el trabajo de traductor, no especialmente bien pagado, y la muy exigente militancia política van a dejar muy poco tiempo al filósofo para el desarrollo de una obra convencional.

Tras los sucesos de Mayo de 1968 y la invasión de Checoslovaquia por la Unión Soviética en el verano del mismo año, Sacristán, que había puesto una gran esperanza en el movimiento francés y la llamada “Primavera de Praga” y el “socialismo con rostro humano”, va a ir abandonado los cargos de dirección en el PSUC, si bien se mantiene en la órbita del partido hasta finales de los 70.
Con la Transición democrática Sacristán es readmitido en la Universidad, pero en ningún momento se limitará a ser un mero profesor universitario. Se convierte en uno de los organizadores de CCOO en la Enseñanza, participa en el incipiente movimiento contra las centrales nucleares y en las primeras campañas por la salida de España de la OTAN.

Crítico tanto con el comunismo prosoviético como con la línea eurocomunista de Santiago Carrillo, Sacristán y otros compañeros fundan primero la revista Materiales y más tarde, en 1979, Mientras Tanto. En ambos proyectos la pareja de Sacristán, Guiulia Adinolfi, va a jugar un papel muy importante. Nacida en Nápoles en 1930, esta filóloga y maestra de firmes convicciones comunistas sería clave en el descubrimiento del feminismo por parte del filósofo, al que conoce en 1956 durante una estancia en Barcelona. Un año más tarde se casaban y fijaban su residencia en España, priorizando ambos la militancia antifranquista a una vida mucho más cómoda en Italia.
Unir el rojo, el verde, el violeta y el blanco
Mientras Tanto, publicación que todavía existe, pretendió ser en los primeros 80 la publicación desde la que se apostase por una renovación del pensamiento marxista poniéndolo en relación con las aportaciones de los nuevos movimientos sociales. De hecho, los cuatro colores de las portadas de la revista serán el violeta, por el movimiento feminista, el rojo por el obrero, el verde por el ecologista y el blanco por el pacifista.

El planteamiento de Sacristán y su grupo es ir a una fusión de lo mejor de la vieja tradición obrera con lo mejor de los movimientos posteriores a Mayo del 68 evitando así que en España se reprodujera la ruptura de otras partes de Europa entre la izquierda comunista y la nueva izquierda “verde”. Su muerte prematura, en 1985, impedirá al filósofo conocer la eclosión del movimiento pacifista en torno al referéndum de la OTAN, así como la formación de Izquierda Unida, en la que algunos de sus discípulos llegarían a militar o incluso ocupar cargos de responsabilidad, como en el caso de Víctor Ríos, dirigente en la época de Julio Anguita.
Sacristán dejó pocos libros, pero sí escuela y muchos discípulos, algunos tan importantes como Francisco Fernández Buey, teórico del ecosociaslismo, un concepto anticipado por Sacristán en sus últimos años de vida, cuando las cuestiones medioambientales adquirieron un papel central en sus reflexiones. El escritor Manuel Vázquez Montalbán, con el que siempre tuvo una relación compleja, le definió como una “máquina de pensar” poseedora de “uno los lenguajes más precisos, más cargados de significación que yo he escuchado en este país”, la gran figura intelectual de la izquierda española en la segunda mitad del siglo XX: “le admirábamos todos. Luego algunos le adoraron y otros incluso le odiamos, aunque fuera transitoriamente. Pero nunca dejamos de admirarle”.



























