Si el capitalismo tuviera una sede oficial, estaría en Nueva York. Ninguna otra ciudad ha sabido vender tan bien su propio mito. No es casual que allí se ambienten películas que glorifican su esencia más descarnada, Wall Street o El lobo de Wall Street, y al mismo tiempo, las historias más románticas del imaginario colectivo, desde Olvídate de mí hasta Desayuno con diamantes. Porque Nueva York es eso, un gran escenario donde el amor y el dinero compiten por su atención, lo extraño es cuando las historias cinematográficas traspasan la pantalla y hoy estamos viendo en directo lo que perfectamente podría ser una de esas películas.
En estos momentos, Zohran Mamdani, hijo de inmigrantes, musulmán, nacido en Uganda y criado en los barrios más humildes de Queens, se perfila como serio aspirante a la alcaldía de Nueva York, con sondeos que le otorgan hasta quince puntos de ventaja sobre sus competidores. Un margen impensable en la América Trumpista para un candidato que, además de los obstáculos identitarios evidentes, milita en los Socialistas Democráticos de América, el mismo espacio político que comparte con las otras figuras emblemáticas del ala izquierda demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders.
En un país donde el drama político es incesante, con Donald Trump empeñado en transformar Estados Unidos en una distopía a medio camino entre El cuento de la criada y La conjura contra América de Philip Roth, la palabra socialismo sigue siendo una herejía. Pero Mamdani no solo no rehuye el debate, lo enfrenta con la certeza de quien sabe que su mera existencia ya es una provocación al establishment político estadounidense, sino que además representa la posibilidad real de que la izquierda en el sentido progresista que entendemos desde España, conquiste la alcaldía de la ciudad más influyente del mundo. Y lo hace con un discurso tan simple como revolucionario, abaratar la vida de los neoyorquinos y reducir las brechas de la desigualdad.
Forjado en el activismo social y los movimientos vecinales, Mamdani es un candidato que no procede de la maquinaria demócrata ni de un linaje institucional o empresarial. Su historia engancha porque representa la de millones de neoyorquinos atrapados en la paradoja de vivir en una de las urbes más ricas del planeta mientras gran parte de sus ciudadanos no puede permitirse una vivienda digna, una problemática universal que permite empatizar a un vecino de La Calzada con uno del Bronx.
Mamdani es un candidato que no procede de la maquinaria demócrata ni de un linaje institucional o empresarial
Pero lo que hace de Mandani un personaje tan atrayente no son sus orígenes más o menos humildes sino la radicalidad de su discurso. Habla de redistribuir la riqueza, subir impuestos, construir 200.000 viviendas asequibles en una década, congelar alquileres, la gratuidad de los autobuses urbanos, crear una red de supermercados municipales y elevar el salario mínimo a 30 dólares la hora antes de 2030.
Todo ello en Nueva York, en el símbolo global del poder financiero, y lo asombroso aquí no es tanto el contenido de sus propuestas (que responden tanto a la necesidad como al sentido común) , sino que estas calen hondo en la meca de los Vanderbilt, Rockefeller o Bloomberg, y aún más sorprendente es que parece que esas ideas han permeado y podrían aupar a la alcaldía a la antítesis misma del movimiento MAGA.

Una eventual victoria de Zohran Mamdani tendría un alcance que iría mucho más allá de Nueva York, sería una inyección de adrenalina directamente en el corazón de una izquierda global necesitada de buenas noticias en medio de una ola reaccionaria que parece incontenible. Su llegada a la alcaldía supondría un golpe simbólico al autoritarismo, al miedo y a la retórica de la mano dura del Trumpismo, pero su efecto trascendería las fronteras estadounidenses, demostraría que en el corazón del capitalismo puede gobernar alguien que defiende sin titubeos la sanidad y la educación públicas, el fortalecimiento de los sindicatos y la democratización de la economía. Salvando las distancias de escala, una victoria así sería un soplo de aire fresco para la izquierda y para el municipalismo en particular.
El fenómeno Mamdani sin haber conseguido la alcaldía, contiene lecciones valiosas para una izquierda que en ocasiones vive atrapada entre la gestión técnica y el discurso moral, su propuesta de bajar el debate al terreno de lo material, el precio del alquiler, el coste del transporte, la cesta de la compra o a la escuela infantil, no desde la riña, sino desde la acción pública y la pedagogía
Su idea de competencia municipal, (empresas públicas que presionen los márgenes de los mercados básicos), no es revolucionaria, lo que realmente impacta es la convicción con la que defiende que el bien común es la mejor arma para una vida digna, la defensa de un transporte gratuito o de un parque público de vivienda encaja perfectamente con debates que en España son tema constante pero de ejecución complaciente. Y, sobre todo, su manera de comunicar, directa, empática, sin tecnicismos, es un recordatorio de lo que no hace mucho era la norma, hablarle a la gente como adultos responsables, la pedagogía de lo cotidiano.



























