Comediants. Retrospectiva.

Joan Font repasa su vida artística en un espectáculo de pequeño formato, tierno, sincero y conmovedor.

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

El vendedor de humo

Autoría: Joan Font y Piti Español

Interpretación y dirección: Joan Font

Off Niemeyer, 31 de octubre, Avilés

Comediants. Qué de recuerdos. Qué teatro tan caleidoscópico y de encantamiento, de máscaras de cartón piedra y color pastel; dimonis libérrimos de azufre y fuego, carnavalada de troche y moche, popular festivo, de estampida y trueno y hasta con dragones por la calle para echar a correr. Comediants. Quien lo probó y los vio, lo sabe. Grandes fueron sus obras y revolucionario el arte que mezclaba la tradicional mascletá callejera con la movida ochentera, fundía y repintaba caricaturas del folklore catalán con estereotipos del día y reivindicaba y exhibía por todo el mundo las maravillas y juguetes de una infancia que nunca tuvimos. Teatro de impacto y gran belleza para todos los públicos, y también de sala (creo que fue en el Jovellanos donde vi su Alé), original en su manera de refundir y representar valores y estéticas mediterráneas. Ahora este “vendedor de humo” que fue Joan Font, uno de los fundadores y director de la compañía, nos trae este monólogo recordatorio para mayor gloria y disfrute de quienes lo vimos hace cuarenta y pico años, y como didáctica para jóvenes interesados en descubrir lo mejor de la escena y el espíritu de la España de la Transición.

Joan Font.

Desde el vientre de su madre y hasta el instante mismo de su muerte (figurada, claro), Joan Font repasa su vida artística en un espectáculo de pequeño formato, tierno, sincero y conmovedor. A través de proyecciones y fotografías de su infancia y juventud lo vemos participar en fiestas y pasacalles comunales como Els Pastorets, La Passió y los pasacalles de su Olesa de Montserrat natal, hasta que la curiosidad lo llevaría a Barcelona para volcarse de pleno en el teatro. Baño nostálgico, con barretina incluida, que también recuerda a todos los que le precedieron y cuyo eje central es el juego y el rito, la esencia misma de ese arte que Joan Font personifica como nadie. Con sencillez, humildad y el humor amable que lo caracteriza, se va metiendo al espectador en el bolsillo al transfigurarse en un sinfín de personajes con sólo ponerse la máscara –reliquias que son la historia de la compañía– y un dominio corporal del que todavía hace gala. Su gesto vivaracho va muy bien con ese deje irónico, tan catalán, con el que reflexiona acerca de la figura del actor, el titiritero, el cómico, el “vendedor de humo” capaz de fabricar ilusiones; ese humo que sale del fuego que Comediants ha robado a los dioses para convertirlo en arte con mayúsculas, mediante una pirotecnia subversiva.        

El hilo cronológico de El vendedor de humo cita el embrión fundacional Non Plus Plis y nombra indiscutibles hitos internacionales como Sol Solet (versionado en libro interactivo de hojalata, primorosamente editado), los endiablados Dimonis, pasa por el funesto incendio de la nave de ensayos en Canet de Mar y el mucho éxito conseguido en eventos multitudinarios de gran formato y envergadura, como la Expo de Sevilla, las Olimpiadas de Barcelona y otros espectáculos de masas altamente definidos y organizados por los que yo, dicho sea de paso, no siento especial interés (es mi problema, me ocurrió con La Fura dels Baus y ahora con Rosalía y su Berghain). Éxitos indiscutibles que llevarían a Comediants por los rincones del planeta y que ahora Joan Font, con su cuerpo menudo y versátil, nos recuerda en este espectáculo artesanal, donde se transforma en cada momento hasta llegar a desnudarse literalmente y emprender la partida final tras la llamada de Perséfone, en un cierre teatral tan conmovedor y elegante.  

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