Cientos de miles de personas se han movilizado este fin de semana en todo el mundo para exigir justicia climática durante la celebración de la COP30 en Belém do Pará (Brasil). Las protestas, desarrolladas en los cinco continentes, han contado también con una amplia participación en más de 15 ciudades del Estado español, donde miles de personas se han sumado a la jornada global de acción convocada por la Alianza por el Clima, plataforma en la que participa Ecologistas en Acción.
En Belém, sede de la cumbre climática, casi 100.000 personas han salido a las calles para reclamar a los líderes reunidos compromisos vinculantes frente a la emergencia climática. Según datos preliminares de las organizaciones, la jornada ha reunido a cientos de miles de manifestantes en distintos países.
En el Estado español, la mayor parte de las movilizaciones tuvo lugar el sábado 15 de noviembre, con protestas en Madrid, València, Barcelona, Málaga, Córdoba, Pamplona-Iruña, Sant Cugat del Vallès, Burgos, así como en Xixón, que acogió la principal manifestación asturiana. A estas concentraciones se sumaron actos previos celebrados el viernes 14 en Bilbao y Logroño.
En Madrid, alrededor de 300 personas se reunieron en la Plazuela de Lina Morgan, donde realizaron un mosaico humano. En Barcelona, la protesta congregó a varios cientos de asistentes en el Moll d’Espanya. Las convocatorias incluyeron manifestaciones, concentraciones, performances participativas y actos simbólicos.
El lema común, “El clima exige acción, el futuro esperanza”, denunció la dependencia del modelo económico de los combustibles fósiles, señalando que esta estructura agrava las desigualdades sociales, encarece bienes básicos y favorece la proliferación de fenómenos extremos como olas de calor, inundaciones e incendios.
Más de 50 organizaciones sociales, ambientales y sindicales han respaldado el manifiesto difundido por la Alianza por el Clima, que reclama un pacto sociopolítico capaz de proporcionar los recursos necesarios para reducir de forma urgente las emisiones y afrontar los riesgos climáticos crecientes. El texto insiste en que “el poder, los recursos y las decisiones estén en manos de las comunidades que arden y se inundan, no en las de quienes se lucran de nuestra vulnerabilidad”.



























