El legendario Chucho Valdés (Quivicán, Cuba, 1941) llenó este viernes las 1.200 localidades del Teatro Campoamor en la inauguración del ciclo Vetusta Jazz. El pianista llegó a la capital asturiana con un Grammy Latino debajo del brazo y confirmó en un largo y colorido recital por qué sigue siendo una de las figuras esenciales del jazz latinoamericano.
Desde los primeros compases, el cofundador en los 70 de los pioneros Irakere, mostró una energía intacta y una expresividad que alternó la sutileza con estallidos rítmicos característicos de su lenguaje. A lo largo de la velada dejó varios guiños musicales que revelaron la amplitud de sus referencias. Hubo un reconocimiento explícito a Chick Corea, a la música tradicional cubana, e incluso a Mozart. También un homenaje tanguero a su esposa, Lorena Salcedo, de origen argentino.


Valdés actuó flanqueado por su Royal Quartet: José A. Gola al bajo, y Roberto Jr. Vizcaíno a las congas y Horacio “el Negro” Hernández a la batería, que protagobizaron un contudente duelo de percusionistas.
A la cita no faltó ni el cazafamosos Ander Azcárate, que a las puertas del Campoamor aguardaba la salida de la leyenda viva del jazz cubano.
Vetusta Jazz sigue el próximo domingo 30 de noviembre con el concierto de Sabine Kühlich & Jorge Viejo octeto.



























