Estrella Ramil es licenciada en Filología Semítica, especialidad árabo-islámica. Comenzó su trayectoria profesional en el campo de la educación en países árabes, pasando después a la cooperación internacional donde trabaja desde hace 25 años como consultora independiente. Ante todo se define como una militante feminista. De las perspectivas interseccionales en el ámbito de la cooperación y los movimientos sociales, hablará los días 26 y 27 de noviembre en el curso “Feminismos en movimiento” organizado por CODOPA en Oviedo/Uviéu. Las inscripciones están todavía abiertas.
¿Cómo han cambiado el abordaje de la cuestión de género en estos casi 30 años?
En cada momento histórico se han producido respuestas feministas adaptadas a cada contexto y cada momento, pero solo algunas de estas propuestas han llegado a calar en los centros de poder, donde se toman las decisiones y otros se han quedado en la arena social. Las propuestas que han permeado con más fuerza las instituciones son aquellos feminismos que han puesto el foco en el principio de igualdad. Esto ha resultado en políticas donde se han tenido en cuenta las brechas de género y, por otro lado, se han incluido derechos que antes no se contemplaban, como los derechos sexuales y reproductivos o ahora el tema de los cuidados. Sin embargo, estos avances se nos han quedado cortos. En primer lugar, porque ni siquiera en los países con mayor desarrollo en las políticas públicas, como Islandia, se ha conseguido anular las brechas de género. Pero, sobre todo, porque ante el actual contexto de crisis civilizatoria al que nos enfrentamos, hablar solo de igualdad entre hombres y mujeres se nos queda muy corto. Y, por esto, nos interesa aquellas otras propuestas que nos traen los feminismos que se quedaron en la arena social
¿De qué feminismos hablamos?
Feminismos comunitarios, feminismos autónomos… Son feminismos que no solo tienen en cuenta la cuestión de género, sino también la clase, la raza y la colonialidad. Estamos en un momento muy complejo y los feminismos que nos proponen esa interseccionalidad – género, clase y raza – son muy inspiradores. Pero también nos interesan aquellos feminismos que traen otras alternativas al modelo de desarrollo como los ecofeminismos. Por otro lado, los sistemas de opresión o dominación siempre están articulados pero las resistencias están fragmentadas. El reto es hacer análisis interseccionales y construir luchas interseccionales en las que confluyan los movimientos feministas, obreros, antirracistas, anticoloniales, ecologistas…
Póngame un ejemplo
Lo que está pasando ahora en el movimiento de solidaridad con Palestina es un buen ejemplo de lo que podemos lograr cuando nos juntamos desde diferentes movimientos. El movimiento pro Palestina, las feministas, el movimiento obrero… No vamos a cambiar nada si no nos juntamos, si los opresores están articulados la resistencia no puede quedar fragmentada.
“Lo que está pasando ahora en el movimiento de solidaridad con Palestina es un buen ejemplo de lo que podemos lograr cuando nos juntamos desde diferentes movimientos”
Una parte de las derechas están tirando de los derechos de las mujeres para justificar el rechazo a la población musulmana
Es un relato que hay que desmontar, como el de los sionistas que defienden a Israel en nombre de los derechos LGTBI y los derechos de las mujeres. Las derechas siempre han utilizando a las mujeres para sus agendas al mismo tiempo que votan contra el aborto y los avances en igualdad.
¿Qué está pasando en el feminismo islámico?
Es una de las propuestas de lo que llamamos feminismos postcoloniales. El feminismo del siglo XX fue muy universalista. Lo que estamos viendo en el siglo XXI son muchos feminismos situados, adaptados a sus contextos y particularidades. En el mundo árabe-musulmán conviven un feminismo islámico que hace una propuesta de justicia social usando el marco de la religión musulmana, con otro feminismo laico, más conectado con el principio de igualdad que hemos manejado también desde otros lugares del mundo como occidente.
¿Cómo se relacionan?
Discrepan en la cuestión religiosa, pero tienen mucha agenda en común sobre los derechos de las mujeres, sobre aspectos de la agenda sexual y reproductiva, sobre la violencia machista… Muy a grandes rasgos, podemos decir que al igual que en Europa conviven un feminismo más preocupado por el Estado y otro más integrado en la arena social, en los países árabes y musulmanes hay esas dos grandes corrientes.
¿Cómo podemos medir si la igualdad está avanzando o retrocediendo en el mundo?
Si hablamos de igualdad, podemos trabajar con ciertos indicadores objetivos que nos dicen si persisten o no las brechas de género en educación, salarios; pero si medimos cómo avanzan los feminismos, medimos otros factores como la creación de organizaciones de mujeres, la influencia del feminismo en sindicatos y partidos… Sobre todo, desde 2018 el auge del movimiento feminista ha sido enorme, pero tenemos que seguir avanzando con propuestas que lleguen a más gente para cambiar el paradigma actual del poder, porque seguimos viviendo en un mundo que prioriza el gasto militar sobre la inversión en satisfacer necesidades sociales que siguen sin estar cubiertas, o en generar nuevos modelos de organización social.
¿Qué hacemos con los hombres?
Tenemos que aprender a manejarnos en un terreno tan complicado como el de las redes sociales. Necesitamos conectar con la gente joven, especialmente con los varones jóvenes que se sienten amenazados por los avances que estamos haciendo las mujeres. Toca hacer un trabajo con los hombres, pero las feministas no podemos responsabilizarnos en solitario. Los hombres comprometidos con la igualdad tienen que implicarse también y responsabilizarse de sus cambios.



























